lunes, marzo 19, 2018

La ambigüedad y el punto 7 del 'Tractatus' en el metal

La sensación que queda con el más reciente lanzamiento de Dimmu Borgir es que definitivamente poco o nada cambiará en la propuesta sonora que nos presenta en 2018. No cambia en la medida que es una especie de aliteración de las últimas 4 o 5 producciones. Digo poco o nada de manera intencional, pues lo poco que cambia es la mixtura que intenta proponer pero que termina por caer en un lugar que nos resulta familiar aunque de algún modo nos remita al punto 7 del ‘Tractatus’ de Wittgenstein: “7. Sobre lo que no podemos hablar debemos guardar silencio.” Es que la condición ambigua de la canción me lleva a pensar de manera inmediata en un adjetivo: inefable, que no es más que aquello que no puede ser dicho con palabras debido a su carácter difuso. Difuso es el sonido, difuso es el video. Pero esto no ha impedido que alcance cifras en cierta medida astronómicas para un video de una banda que en algún momento de su vida hizo black metal: la nada despreciable suma de un millón de reproducciones en Youtube. Difusa es la condición que precisamente permite moverse ahora en tiempos posindustriales.



Igualmente inefable y ambiguo, aunque por razones distintas, es la obra Old Man´s Child. Me remito al ‘Born of the Flickering’, liberado, cómo no, en 1996, aunque apenas lo conocí en 2018. El primero en la serie de producciones de este grupo, el álbum aporta lo que en esencia el grupo irá dejando conocer de manera paulatina en sus otros discos hasta el año 2009, fecha de la hasta ahora su más reciente producción. Quiero decir que este disco funciona a la inversa del ‘Eonian’ de Dimmu Borgir, de allí que sea un disco determinante por su condición estable desde lo sonoro, por la capacidad de establecer unos criterios estéticos que se irán desperdigando en tonos y sombras que se repetirán con el paso de los años en los discos, ciertamente ambiguos cuando se conoce rigurosamente este primero, de OMC.



Si sigo a Wittgenstein: si hay algo “sobre lo que no podemos hablar” y que es necesario “guardar silencio”, resulta que ya estoy incurriendo en una contradicción porque estoy intentando acercarme a la naturaleza y a la condición de ambos discos (los mencionados en los párrafos de arriba, sí). Evitarlo o evadirlo impediría desarrollar mi idea, y básicamente esta entrada nunca debió existir, pero me resisto; la naturaleza de los discos nos habla de una relación apenas propia de los tiempos, de su herencia musical y cultural, de un intento de diálogo que dice: sí, tengo un poco de algo de lo que se está haciendo en este momento histórico, pero me desligo de ello. Hacerlo de manera radical es una odisea, la misma que emprendió Dimmu Borgir con ‘For All Tid’ y a la que dio paso después con ‘Stormblast’ y luego con ‘Enthrone Darkness Triumphant’, pero más adelante el asunto se ha ido matizando; la condición rompedora de DB dio paso a una naturaleza y dijo “yo acá me quedo”, de allí la cantidad de zonas grises que le han seguido hasta el día de hoy. Y ello, ya lo ven, no ha sido impedimento para alcanzar objetivos en la industria de la música sino todo lo contrario; aunque es contraria con la idea originaria del black metal. Sigamos.



Con Der Weg Einer Freiheit me enfrento con la noción de imagen, así como encuentro una idea profundamente valiosa que aunque no es nueva, percibo expresada de otra manera. El grupo tiene una forma taciturna del black metal, brinda una especie de abisales y nefandos placeres que distan de la naturaleza aún vigente y vigorosa pero también estática de Norrhem (por citar un ejemplo entre tantos). Uno y otro hablan de la naturaleza y la condición del ser humano, y con ello de la posibilidad de expresarse desde lo sonoro. En Norrhem (gustándome como me gusta) noto una cierta conformidad ambiente mientras con Der Weg Einer Freiheit experimento que su condición les impide establecerse en la adecuación de las cosas y nos enseña que el mundo, en definitiva, puede “ser de otro modo”.



En otros términos: mientras Norrhem confía en el estado de las cosas, el black metal como especie establecida hace más de 25 años y que bien podemos observar en un disco como el de Old Man´s Child, Der Weg Einer Freiheit parece retomar el espíritu de Nietzsche para recordarnos que “Dios ha muerto” y por ello es capaz de proponernos el centro de lo que esas 3 palabras expresan: el mundo tiene otra perspectiva, la misma que no se afinca en la metafísica del diablo y la fidelidad en lo monstruoso (valores supremos de otrora), sino que se planta en la tierra, en la vida y la muerte, donde básicamente ubica su lógica y estética.

Thy Catafalque, el proyecto en solitario del húngaro Kátai Tamás, llega en 2018 con ‘Geometria’. El proyecto, matemático como es desde el título y lo sonoro, escapa a la esperanza de lo supraterrenal (como invita el “filósofo del martillo”) y nos centra en una naturaleza, tiempo y espacio que no resulta muy común para los occidentales. Aunque dista de ser nueva para quienes conozcan agrupaciones como Tool y Meshuggah, incorpora elementos sonoros que la reubican en otros ambientes, lo que lleva a hablar de su propuesta desde esa condición ambigua que intento remarcar desde el inicio.



En zona gris semejante se halla Ihsahn con Arcana Imperii. No deja de recordarnos guitarras y ritmos de Emperor, ambientes propios de Tartaros (remitirse al ‘The Red Jewel’) y de sorprender con esos efectos progresivos. Con una estructura bastante móvil, la canción se escapa. Parece que el propósito es precisamente ese, no lograr ubicar el grupo en ningún estado. La movilidad constante como condición de Ihsahn, como condición de su música ambigua, como obligatoriedad para comprenderla.



No se olvide que lo anterior es, grosso modo, mi proposición, misma que se basa en la deconstrucción de los hechos. Sobre lo demás, me remito precisamente a Wittgenstein y el valiosísimo punto 7 del ‘Tractatus’.

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