domingo, junio 04, 2017

Una serie de anotaciones al margen sobre lo que sucede a estas alturas en 2017

Con cerca de 160 días corridos del año 2017, se registran 73 muertes de personas relacionadas con el metal. Si los datos persisten, es posible que este año tenga un número de muertes bastante inferior a las registradas en 2016 (241), cerca de un nada despreciable 35% menos. Esto nos da un pequeño respiro ante el fatalismo que puede generarse en el ambiente por muertes como la de Chris Cornell (Soundgarden), Tom Richardsen (Ragnarok), Elkin Ramírez (Kraken), entre otros.

Toda muerte tiene su historia, pero acá la muerte del sujeto no importa sino el origen de un hecho quizá anecdótico alrededor del mismo y cómo ello tiene que ver en la historia en la forma en que muchos comprenden la música. Ya lo conté acá alguna vez, pero vuelvo sobre el tema por razones estrictamente coyunturales:

El muerto en cuestión es Manuel Antonio Noriega, ex dictador panameño. En 1985, escapando de las fuerzas de los Estados Unidos, el hombre ingresó en una nunciatura. Allí estuvo lo que pudo (12 días) soportando día y noche lo que Mario Vargas Llosa denomina “una grotesca sinfonía de música heavy metal que él detestaba y con la que los ocupantes yanquis martirizaron sus oídos hasta que se entregó”.

No es para enojarse con el señor Vargas Llosa. Es más, considero que tiene razón. A mí, por ejemplo, me toca convivir con “una grotesca sinfonía de música” vallenata y reggaetón casi cada fin de semana. A mí también me provoca entregarme, aunque nadie me esté siguiendo. A mí también me provoca salir corriendo porque esa música, la que no me gusta (y deposite aquí usted la de su incomodidad sin problema alguno), no tengo por qué soportarla a todo volumen, por ello considero que es un método de castigo bastante duro y eficaz. Ahora, es difícil encontrar esos epítetos sobre otra música que no sea el metal (heavy metal, para continuar con el retardatario anglicismo). Que persistan esas miradas a estas alturas no da lástima; es solo una muestra más de nuestro atraso intelectual.

Como se podrá evidenciar con la siguiente selección (poco exhaustiva, muy personal, nada objetiva), 2017 sigue mostrando que la producción musical merece especial atención.

Levante la mano el que conozca a Screamin`Jay Hawkins. ¿Alguno?
(...)
Por favor, al menos vayan a Google. Yo espero.
(...)
(...)

Ok, ok. Es este:




La referencia, a mi modo de ver, es obligada porque la producción que van a escuchar a continuación remite por momentos a esos años de la mezcla blues, rock, estridencia, irreverencia.



‘Devil is Fine’ (2017) es el primer disco de Zeal & Ardor, un proyecto en solitario formado en New York (EE.UU.) por Manuel Gagneux. Para ser honesto: el disco fue lanzado en 2016 pero relanzado en 2017. La experimentación, la provocación que aparece por momentos porque en eso no es consistente y parece más interesado en explorar demasiado rápido, consiste en unir el black metal con música negra (“nigger music”). Y vaya si lo hace en varios de los temas, especialmente en el que le da título al disco, donde el gospel y el black metal (pos black metal, para ser más preciso) ingresan a un lugar inhóspito hasta ahora dentro del mundo del metal.

La canción “In Ashes” sigue en cierta medida ese camino trazado por la primera canción. Los interludios “Sacrilegum” (I, II y III, este último más exploración de teclado) son una suerte de rompimiento al añadir algo de dubstep. ¿Pero a estas alturas a quién sorprende el dubstep? “Come On Down” vuelve a la senda del black/gospel. Children´s Summon le da un aire pos black (a mí me recordó por momentos a Batushka y en otros a Deafheaven). Con “Blood in the River” y “What is Killer Like you Gonna do Here” hay una mezcla interesante por buscar un sonido en cierta medida más minimalista, por ingresar a ese campo del blues y lo espiritual desde la música negra (que no black metal, no).




Nergal (Behemoth) sigue explotando su nuevo proyecto Me and That Man. Tiene ahora un nuevo video que merece su atención (la suya, del que lee). Cliché en su estética visual, no deja de ser un sonido que (así como Zeal & Ardor) ha ido a los tiempos del blues y del rock and roll para darle a este tiempo nuestro un nuevo aire retro, llevándonos a pensar algo así como “Esto ya lo vi, pero está interesante”.

Me and That Men y Zeal & Ardor (no considero casual que ambos acudan al Y, al trabajo con alguien más, al carácter comunitario) remiten de inmediato al epílogo del libro póstumo de Zygmunt Bauman llamado ‘Retrotopía’ (2017): “Los habitantes humanos de la Tierra nos encontramos (más que nunca antes en la historia) en una situación de verdadera disyuntiva: o unimos nuestras manos, o nos unimos a la comitiva fúnebre de nuestro propio entierro en una misma y colosal fosa común”.



“(...) la retrotopía es el anhelo de rectificación de los defectos de la actual situación humana, aunque, en este caso, resucitando los malogrados y olvidados potenciales del pasado. Son los aspectos imaginados de ese pasado —reales o presuntos— los que sirven hoy de principales puntos de referencia a la hora de trazar la ruta hacia un mundo mejor”. 
Planeta de Libros

¿Es claro lo de la retrotopía? Se los dejo con varios ejemplos, también lanzamientos (relanzamientos) de lo que va hasta el momento de 2017: 160 días. Y todavía nos faltan 205, más de la mitad del año.

  • Masacre publicará “Legendeath”, conmemorando 30 años de existencia.
  • Dimmu Borgir nos presenta de nuevo “Enthrone Darkness Triumphant”, ya que han pasado 20 años de su publicación.
  • Lo propio hace Emperor con “Anthems to the Welkin at Dusk”, un disco que se publicó originalmente en 1997, 20 años atrás.
  • Y hace 20 años salió también el “Daudi Baldrs” de Burzum; también el “Sehnsucht” de Rammstein.
Como complemento a lo ya dicho: las producciones de 2017 son, para mí, una insistencia obsesiva con precisión fáctica de que estamos viviendo un año que merece nuestra atención ahora y que tendrá gran interés en el futuro.

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