martes, junio 27, 2017

Déjame vivir

Vi que era un genio del sufrimiento y que, tal como lo describe Nietzsche en muchas ocasiones, había desarrollado en su fuero interno, con un talento muy positivo, una ilimitada y aterradora capacidad para el dolor. Vi, al mismo tiempo, que el origen de su pesimismo no estaba en el desprecio por el mundo sino de sí mismo; pues por muy implacables que fueran sus diatribas contra las instituciones y las personas, jamás era indulgente consigo mismo. Con quien más se ensañaba era consigo mismo, a quien más odiaba y despreciaba era a sí mismo
Hermann Hesse, ‘El lobo estepario’

Sea esta la primera vez, y ojalá última, que te hable así, acudiendo a ese ruidoso y penoso tú. ¿Por qué hacerlo a estas alturas? Para evitar los malos entendidos, para que no parezca que hay en mí algo de enojo, de malestar. No te equivoques.

Si lo miras bien, no es tan difícil comprender esas dos palabras juntas. En otros términos: de lo sencillo que puede llegar a ser, resulta fácil comprender que para otros sea tan complejo asimilar la expresión “déjame vivir”. Y ese dejar vivir significa poder vivir libremente, sin que te metas en mi vida como yo no me meto en la tuya. No es tan complejo, ¿cierto? Pero tampoco es tan sencillo, parece. Estas son algunas de las razones que, quiero precisar, no te dejarán espacio para comprender todo como una suerte de optimismo edulcorado; es más bien un listado circular y ruinoso que sirve como evidencia de las transformaciones obvias, aunque no siempre evidentes.

Este 2017 está haciendo mella. El 2017 está dejando una estela que, críticas variopintas aparte, permite evidenciar la generación de otro rompimiento fuerte y doloroso con algunos principios o imaginarios en apariencia inamovibles. Otros, claro está, lo tienen más fácil.

Círculo primero: los millennials

“... siento que este recipiente que soy yo no es más que algo lastimoso e insignificante. Se me antoja insuficiente, lleno de descosidos, indecente”, Haruki Murakami.

El disco ‘The Maldoror Chants: Hermaphrodite’ de la agrupación Schammasch no ha merecido hasta la fecha comentario alguno en Metal-Archives.com Las razones son desconocidas, pero sí me atrevería a exponerte por lo menos dos proposiciones con un argumento central: 1. Es un grupo de este siglo (2009); 2. La agrupación formada en Suiza no ha hecho parte de un género tradicional específico: al principio mezcló black y death; ahora se considera música de vanguardia mezclada con black. Es decir (entiende este como el argumento que reúne las proposiciones 1 y 2, por favor): Schammasch no tiene que afincarse a raíz alguna y puede considerar ese recipiente en el que se ubica su música como “algo lastimoso e insignificante”, puede encontrar ese escenario en el que se mueve “insuficiente, lleno de descosidos” y hasta “indecente”. No significa ello que no celebre el metal o lo aborrezca, sino que lo comprende a su manera y lo ejecuta como tal. Lo esencial: no se conforma con ser sanguijuela y opta por ser [hacerse] a su manera. Será por eso que una de las canciones que más me ha gustado de este álbum es “May His Illusion Last Until Dawn's Awakening”; es una letanía llena de delirio, un canto que se alza contra los límites, y sabemos de sobra, tú y yo, cómo le molesta eso a los defensores del orden:
He dreams he is happy; that his corporeal nature has changed; or at least that he has flown off upon a purple cloud of another sphere peopled by beings of the same kind as himself. Alas! May his illusion last till dawn’s awakening!
Conde de Lautréamont


Círculo segundo: los iracundos

“La existencia no tiene sentido porque tenga un fin”, Haruki Murakami.

¿Qué puede esperar un artista de su obra? Hagámoslo simple: que disfrutes de eso, sea un cuadro, un disco, una novela, un poema, un gesto. Al parecer, disfrutar no es tan fácil ahora como sí lo es opinar en un sitio web o en una red social. Sí. Eso. Ahora hasta el idiota del pueblo tiene su espacio para hablar con su legión… de idiotas (Umberto Eco).

Dejar vivir sería, en este caso, que te acerques a eso que hizo el artista y lo disfrutes. O no. Pero ir más allá es una tontería. ¿Por qué atacar al artista si no te gustó eso que hizo? Usaré otros términos para que me entiendas: eres tan libre de acercarte a esa obra como el artista de hacerla como se le antoje, porque él/ella/ellos configuran ese objeto a su manera. Punto.

Hacerlo así, sin embargo, parece lejos de toda lógica. Y es acá donde encuentro una clara y profunda contradicción con algunos principios básicos, una afrenta a la inteligencia en todo caso. En primer lugar, porque la existencia de una suerte de elitismo está directamente ligada con un principio como la misantropía (si quieres saber más, visita a tu amigo Wikipedia); ese mismo orden, si lo aplicas desde el satanismo, nos dice que hay un respeto que se basa no tanto en la raza o el credo sino en algo más sustancial: la inteligencia, de allí que el mayor ”pecado” sea la estupidez. Respetar la libertad personal, dejar vivir. ¿Qué tendrá esto de complejo? El gran sin embargo aparece refulgente cuando la gente te empieza a despreciar o temer y para ello busca neutralizarte con esas etiquetas que difícilmente admiten interpretaciones: falso, satánico, adorador del cualquier cosa, abogado de la violencia, satán, entre otros.

El asunto toma un matiz más oscuro y complejo cuando no se trata de un producto u obra como tal sino cuando se entra en la vida personal. Dejar vivir no solo en el plano del arte sino en la vida misma. ¿Quién te crees para entrar a juzgar al otro simplemente porque escuchas sus discos, compras sus camisas o te embriagas en sus conciertos? ¿Por qué entiendes el satanismo solo desde un plano musical si este tiene todo que ver con la forma en que asumes la vida? Te preciso: la música no es la vida misma; como lo dijo Murakami y que espero entiendas: “La existencia no tiene sentido porque tenga un fin”, que en este caso no hace referencia más que a lo siguiente: no todo encaja en tu pequeña forma de ordenar el mundo. Por favor, supera el círculo primero y no seas tan insulso como para quedarte en el segundo.


Círculo tercero: los gusanos

“Para mí, escribir una novela es enfrentarse a escarpadas montañas y escalar paredes de roca para, tras una larga y encarnizada lucha, alcanzar la cima. Superarse a uno mismo o perder: no hay más opciones”, Haruki Murakami.

Un disco que sí ha merecido una crítica [bastante negativa] en Metal-Archives.com es el ‘Era of Threnody’ (2017) de Nargaroth. Luego de leerla no puedo dejar de pensar en: ¿quién te crees para decir lo que dices? Pero al tiempo me digo: ¿por qué no? Acá vuelvo sobre un principio satanista: indulgencia en lugar de la abstinencia; y sobre otro: existencia vital en lugar de sueños espirituales.

Vamos a donde quiero llegar: si el opinador Demiror_Moritur considera que el disco de Nargaroth es una falsedad en la que Ash ni siquiera aportó calidad desde la vocalización porque los “músicos invitados” hicieron todo y tiraron al traste el “sello” de la agrupación, pues que lo piense. Que ello signifique que tiene razón es otra cosa. El disco, en poquísimas palabras, no le gusta al opinador porque no es un disco como los que él conoce de Nargaroth, de quien dice ser fan. Y con ello, supuestamente, indicar que sabe qué es lo mejor para el grupo, por encima de los mismos integrantes. Ajá.

‘Era of Threnody’ me evocó de principio a fin a Hermann Hesse, a Haruki Murakami, los principios satanistas y esa especie de mantra que es “déjame vivir”. Es un disco que se movió por un terreno escarpado, que seguramente no fue sencillo de superar: llega alrededor de 8 años después de su producción ‘Jahreszeiten’ (2009); es un álbum que lleva al grupo a superarse a sí mismo, en cuanto tiene aspectos que no son propios de su historia. Asimismo, y esto es ya una interpretación, hay una especie de sufrimiento sostenido, una “ilimitada y aterradora capacidad para el dolor” porque se trata de una constante introspección. Como lo señala Hesse en su novela, da la impresión de que Ash y su grupo “Con quien más se ensañaba era consigo mismo, a quien más odiaba y despreciaba era a sí mismo”.

El disco reivindica la libertad. Esta producción, más allá de sus voces limpias, sus guitarras acústicas, sus cambios en los tempos y la generación de atmósferas devastadoras y autoflagelantes, es creatividad, es capacidad pura de superarse, pero especialmente de conocerse. El disco dice de qué va desde la canción número 1, donde básicamente hace una declaración de principios:
I've always been amazed
That asteroids can fly in groups
For millions of years and never touch each other or connect.
They are dead rock
so they find their perfect orbit and stick to it.
We also wanna find that place of perfection
but we're not asteroids,
we change and that's the problem. The more you try to create a paradise
the more you will resent the prison
and all you're left is dreams of a future
that never happened


Espero que lo hayas entendido. Siguiendo con Murakami: “No existe en ninguna parte del mundo real nada tan bello como las fantasías que alberga quien ha perdido la cordura”, cordura que aparece cuando el mundo se disloca y resulta difícil asumir una nueva realidad.

***
Adenda: Naer Mataron tiene un disco nuevo llamado ‘Lucitherion "Temple of the Radiant Sun"’. Su sonido, más cercano ahora al death que al black metal, no trae algo necesariamente novedoso pero es un disco que llama la atención porque no se quedó dentro la estructura que le conocemos a NM. Si bien parece rozar con aspectos vistos en bandas como Nile, Deicide y Vital Remains, el grupo se atreve a cruzar de una frontera a otra, ambas bastante claras y definidas.


domingo, junio 04, 2017

Una serie de anotaciones al margen sobre lo que sucede a estas alturas en 2017

Con cerca de 160 días corridos del año 2017, se registran 73 muertes de personas relacionadas con el metal. Si los datos persisten, es posible que este año tenga un número de muertes bastante inferior a las registradas en 2016 (241), cerca de un nada despreciable 35% menos. Esto nos da un pequeño respiro ante el fatalismo que puede generarse en el ambiente por muertes como la de Chris Cornell (Soundgarden), Tom Richardsen (Ragnarok), Elkin Ramírez (Kraken), entre otros.

Toda muerte tiene su historia, pero acá la muerte del sujeto no importa sino el origen de un hecho quizá anecdótico alrededor del mismo y cómo ello tiene que ver en la historia en la forma en que muchos comprenden la música. Ya lo conté acá alguna vez, pero vuelvo sobre el tema por razones estrictamente coyunturales:

El muerto en cuestión es Manuel Antonio Noriega, ex dictador panameño. En 1985, escapando de las fuerzas de los Estados Unidos, el hombre ingresó en una nunciatura. Allí estuvo lo que pudo (12 días) soportando día y noche lo que Mario Vargas Llosa denomina “una grotesca sinfonía de música heavy metal que él detestaba y con la que los ocupantes yanquis martirizaron sus oídos hasta que se entregó”.

No es para enojarse con el señor Vargas Llosa. Es más, considero que tiene razón. A mí, por ejemplo, me toca convivir con “una grotesca sinfonía de música” vallenata y reggaetón casi cada fin de semana. A mí también me provoca entregarme, aunque nadie me esté siguiendo. A mí también me provoca salir corriendo porque esa música, la que no me gusta (y deposite aquí usted la de su incomodidad sin problema alguno), no tengo por qué soportarla a todo volumen, por ello considero que es un método de castigo bastante duro y eficaz. Ahora, es difícil encontrar esos epítetos sobre otra música que no sea el metal (heavy metal, para continuar con el retardatario anglicismo). Que persistan esas miradas a estas alturas no da lástima; es solo una muestra más de nuestro atraso intelectual.

Como se podrá evidenciar con la siguiente selección (poco exhaustiva, muy personal, nada objetiva), 2017 sigue mostrando que la producción musical merece especial atención.

Levante la mano el que conozca a Screamin`Jay Hawkins. ¿Alguno?
(...)
Por favor, al menos vayan a Google. Yo espero.
(...)
(...)

Ok, ok. Es este:




La referencia, a mi modo de ver, es obligada porque la producción que van a escuchar a continuación remite por momentos a esos años de la mezcla blues, rock, estridencia, irreverencia.



‘Devil is Fine’ (2017) es el primer disco de Zeal & Ardor, un proyecto en solitario formado en New York (EE.UU.) por Manuel Gagneux. Para ser honesto: el disco fue lanzado en 2016 pero relanzado en 2017. La experimentación, la provocación que aparece por momentos porque en eso no es consistente y parece más interesado en explorar demasiado rápido, consiste en unir el black metal con música negra (“nigger music”). Y vaya si lo hace en varios de los temas, especialmente en el que le da título al disco, donde el gospel y el black metal (pos black metal, para ser más preciso) ingresan a un lugar inhóspito hasta ahora dentro del mundo del metal.

La canción “In Ashes” sigue en cierta medida ese camino trazado por la primera canción. Los interludios “Sacrilegum” (I, II y III, este último más exploración de teclado) son una suerte de rompimiento al añadir algo de dubstep. ¿Pero a estas alturas a quién sorprende el dubstep? “Come On Down” vuelve a la senda del black/gospel. Children´s Summon le da un aire pos black (a mí me recordó por momentos a Batushka y en otros a Deafheaven). Con “Blood in the River” y “What is Killer Like you Gonna do Here” hay una mezcla interesante por buscar un sonido en cierta medida más minimalista, por ingresar a ese campo del blues y lo espiritual desde la música negra (que no black metal, no).




Nergal (Behemoth) sigue explotando su nuevo proyecto Me and That Man. Tiene ahora un nuevo video que merece su atención (la suya, del que lee). Cliché en su estética visual, no deja de ser un sonido que (así como Zeal & Ardor) ha ido a los tiempos del blues y del rock and roll para darle a este tiempo nuestro un nuevo aire retro, llevándonos a pensar algo así como “Esto ya lo vi, pero está interesante”.

Me and That Men y Zeal & Ardor (no considero casual que ambos acudan al Y, al trabajo con alguien más, al carácter comunitario) remiten de inmediato al epílogo del libro póstumo de Zygmunt Bauman llamado ‘Retrotopía’ (2017): “Los habitantes humanos de la Tierra nos encontramos (más que nunca antes en la historia) en una situación de verdadera disyuntiva: o unimos nuestras manos, o nos unimos a la comitiva fúnebre de nuestro propio entierro en una misma y colosal fosa común”.



“(...) la retrotopía es el anhelo de rectificación de los defectos de la actual situación humana, aunque, en este caso, resucitando los malogrados y olvidados potenciales del pasado. Son los aspectos imaginados de ese pasado —reales o presuntos— los que sirven hoy de principales puntos de referencia a la hora de trazar la ruta hacia un mundo mejor”. 
Planeta de Libros

¿Es claro lo de la retrotopía? Se los dejo con varios ejemplos, también lanzamientos (relanzamientos) de lo que va hasta el momento de 2017: 160 días. Y todavía nos faltan 205, más de la mitad del año.

  • Masacre publicará “Legendeath”, conmemorando 30 años de existencia.
  • Dimmu Borgir nos presenta de nuevo “Enthrone Darkness Triumphant”, ya que han pasado 20 años de su publicación.
  • Lo propio hace Emperor con “Anthems to the Welkin at Dusk”, un disco que se publicó originalmente en 1997, 20 años atrás.
  • Y hace 20 años salió también el “Daudi Baldrs” de Burzum; también el “Sehnsucht” de Rammstein.
Como complemento a lo ya dicho: las producciones de 2017 son, para mí, una insistencia obsesiva con precisión fáctica de que estamos viviendo un año que merece nuestra atención ahora y que tendrá gran interés en el futuro.