martes, febrero 21, 2017

2017 (hasta ahora)

2017 llegó para decirle a 2016: ¿Crees que eso es un mal año? Siéntate y mira.

No van 60 días de 2017 y todo parece seguir saliendo a las mil maravillas, si realmente consideras que la felicidad está en perder un par de uñas de manera accidental. ¿Han sentido ese dolor? No se compara con la muerte, tampoco con una amputación. Vaguedades.

Dicen que 2016 fue un año caótico, que murieron muchos artistas conocidos, gente de peso. Yo hice el ejercicio de comparar los muertos (¡vaya fruición la mía!) en el metal entre 2015 y 2016 y adivinen. Obvio, ya se imaginan la respuesta por ese vicio mío de darle vueltas a todo y acá sigo dilatando… 2015 se lleva el récord. 2015: 236 muertos; 2016: 231. En 2017 van 18. Básicamente una muerte cada 3 días. ¿Entonces a qué viene el pesimismo, Camilo? No es ningún pesimismo, son las cifras.

Otro rasgo que se puede medir y que resulta interesante es comparar la cantidad de producciones que salen cada año. Alguna vez hablé acá de lo bueno que fue el año 1996 para la música, no importa el género. En Medellín, en Colombia, en el mundo entero no solo se generaron buenos productos sino que se generaron productos de gran calidad y que aún hoy siguen en la memoria. El recuento lo hice en su momento en la entrada “Nuevos malestares, viejos malestares”.

Un dato más: "solo" 56 muertos relacionados con el metal en 1996 (cifras de http://www.metal-archives.com/). Sigo...

¿Qué nos dejó 2016 en términos musicales a ver si de una vez y por todas dejamos de hablar de muertos? ‘Where Shadows Forever Reign’ de Dark Funeral; disco que ya reseñé acá, así que sigamos. El ‘Magma’ de Gojira, muy bien (veo que han prestado atención); y `The Fall of Hearts’, Katatonia. ¿Qué decir de estos dos? El primero mejor que el segundo; el segundo fue un poco repetitivo, carente de fuerza o de sorpresa.

Alcest produjo ‘Kodama’, un disco que escuché muy poco. Un poco la sensación vivida con Katatonia.



Thy Catafalque. No recuerdo si ya lo mencioné por acá. Creo que no. Ahhhhhh… fue un simple posteo en Facebook. ‘Meta’ fue el álbum de este proyecto solista de Hungría (ahora ubicado Reino Unido). Experimental, tocando fibras, llegando a lugares dolorosos y otros lugares comunes pero necesarios. De una profunda capacidad de concentración, de ponerte a soñar un poco y que en medio de los pensamientos te vayás perdiendo. Algo así me llevó a sentir. No, no me puse existencial ni nostálgico. La programación no es un añadido porque tiene una jodida carga que me recordó buenos momentos de Burzum con una producción como Hliðskjálf (1999). Escuchen este ‘Meta’ y luego vayan hacia atrás, si es que les queda tiempo.



Claro que les va a quedar tiempo porque no tendrán que escuchar (es solo una recomendación, frescos) a la mimesis tardía, una suerte de meme con vida propia, un mix de Anorexia Nervosa y Septic Flesh: Fleshgod Apocalypse con ‘King’. ¿Qué les dijera? Permítanme en este punto una cita, una cita breve pero que aclara. Es de un señor llamado Alessandro Baricco (prometo no aburrirlos). Esto dice el señor Baricco:
Si uno conoce la ‘Novena’ de Beethoven, el 'Don Juan' de Mozart le parecerá que, en efecto, está lleno de ecos románticos. Pero en 1787 el espectador real de 'Don Juan' no había escuchado nunca a Beethoven, y ni siquiera se le pasaba por la cabeza alguien como Chopin: es plausible que el 'Don Juan' le pareciera únicamente algo insólito, bonito para ser escuchado, y punto.
¿Es claro, no? Pongámoslo así: acérquese a ‘King’ para conocer una mezcla de música sinfónica aderezada con death metal; deje que su oído se acerque a la técnica y se sobrecoja cuando en el ir y venir de acordes bajos sienta que le llega un aire romántico, unos pianos clásicos y aristocráticos. Hágalo. Pero… si ya conoció obras magnas como ‘The Great Mass’ de Septic Flesh y ‘New Obscurantis Order’ de Anorexia Nervosa, tómese su tiempo para continuar con Thy Catafalque o cualquier otro, pues no se encuentra más que ante otro Mozart o Chopin. Y dése por bien servido porque conoció directamente a “nuestros Beethoven” (¡¿ven que Baricco era necesario?!)




Se me está alargando esta entrada. Déjenme cerrar con otro caso y los llevo donde precisamente quería llevarlos. Así las cosas, serán 3 pasos los necesarios para cerrar.

Paso 1
2016 nos dejó también, entre tantos otros que acá no alcanzaré a nombrar, un nuevo disco de Borknagar. Este ‘Winter Thrice’ tiene algo especial que provoca tenerlo presente: la participación continua en el disco de 2 vocalistas tan buenos como fundamentales para el sonido de este grupo como ICS Vortex y Vintersorg; además, como si fuera poco, contó con la participación en 2 temas de: Athera (Chrome Division) y … sí señores: Kristoffer Rygg (aka Garm, la memorable voz de Ulver).

Vean ustedes otro Beethoven acompañado de un John Cage e Igor Stravinsky.



Paso 2
Se acababa 2016 y en alguna medida el asunto se compuso. El 2 de diciembre llegó Bethlehem con un álbum homónimo para decirnos que lo que vivimos con su disco ‘Dictius Te Necare’ (sí señores, de 1996) tenía una continuación. Pero no se trata de una mala segunda parte o de una repetición. Es como si ese álbum no hubiera logrado contener todo lo que podía y fue necesario esperar 20 años para comprenderlo. La respuesta: ‘Bethlehem’ en el crepúsculo de 2016. Simplemente un disco delirante. Un disco propio para esta época. Un disco para cerrar ese jodido año con una sonrisa malévola que apenas se marca en la comisura de los labios.



Paso 3 (y final)
2017. Comienzo de un nuevo año con algunas expectativas. El grupo: Emptiness. Si conocían los discos ‘Oblivion’ (2007), ‘Error’ (2012) y ‘Nothing but the Whole’ (2014), sabían que podían llegar sorpresas, y que esas sorpresas serían buenas. El asunto se nos quedó a medio camino. No decepciona ni mucho menos, pero las expectativas eran altas porque así lo dejaban entrever canciones como Meat Heart y Your Skin Won´t Hide You.

¿El disco completo? ¿Como decirlo y no pasar por grosero o inconsciente?



A riesgo de sonar reiterativo: ‘Not for Music’ de Emptiness en un gran álbum lleno de atmósferas entre retorcidas y agobiantes. Los tiempos lentos le dan a la música un sonido potente sin necesidad alguna de estridencias. Es un disco que abre el 2017 con altas expectativas y que pone a los discos venideros un rasero bastante alto. Eso sí, el disco en sí no mostró la fuerza que parecía iba a contener en su totalidad, pero cuenta con unos temas que abren las fronteras del género, que le cargan de una vitalidad insospechada en ese rumbo.

Por lo pronto, cito a Emptiness:
Crush this boring starving time
In naming days with insults
Helping the seconds to trap the minutes
Allow time to finish itself

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