domingo, noviembre 27, 2016

Bárbaros, truenos y una posverdad de gran calado

En su pequeña escala, el microcosmos del vino [podría decirse el metal] describe la llegada, a nivel planetario, de una praxis que, salvando las distancias, parece (he dicho parece) disipar el sentido, la profundidad, la complejidad, la riqueza original, la nobleza, incluso hasta la historia.
Alessandro Baricco

Estamos agotados. La frase anterior es rotundamente falsa. Bueno, es medianamente falsa porque solo yo estoy cansado y mal haría en hablar en un plural que nada denota. Esta última frase es más precisa pero menos contundente ahora. Solo yo me siento cansado, pero es posible que así se sientan algunos de ustedes con respecto a lo vivido en este 2016.

Se acaba este año, ya casi, y empezarán a surgir los balances. Este no será un gran balance porque no pretende exhaustividad pero sí ubicar en una tediosa realidad. ¿Vieron ya cuál es la palabra del año? El Diccionario Oxford ha propuesto un neologismo que cae muy bien a este poco comprensible y malogrado año: post-truth o posverdad, híbrido ambiguo (como tooooooodo este 2016) que “denota circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública, que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal”.

Qué buena palabra. Habla de la incapacidad de abarcar el mundo y de darle cierto sentido a una serie de hechos que son de público y tedioso conocimiento:
  • Gana el Brexit en el Reino Unido
  • Gana Donald Trump la presidencia de los Estados Unidos
  • Gana el no del referendo en Colombia
  • Gana Daniel Samper Ospina al obtener más reproducciones en YouTube que cualquier de foro de ética periodística difundido en la misma plataforma
Señoras y señores, y el asunto no mejora necesariamente cuando me encuentro cada uno de los videos que ahora hace Varg Vikernes (Burzum) desde la cochera, el patio, el estudio, el carro, el bosque o donde sea. Que no se entienda mal: los veo y procuro comprenderlo, aunque no siempre logro acercarme a sus ideas; sus videos, sus historias, están brindando la posibilidad de conocer una serie de puntos sobre el metal en Noruega que se aleja del romanticismo y oscurantismo con que nos acercamos a finales del siglo pasado y comienzos de este, y eso puede ser oportuno. Pero no deja de verse con cierto sentido de “barbaridad”, de “cómo es posible que esté en esas”, de “¿qué le pasó a este man?”. En definitiva: hay una cierta degradación en Vikernes, y con sus historias una suerte de saqueo al metal. Sin embargo, ello no es negativo pero dejémoslo para más tarde y miremos más bárbaros.



Unos de los que más pueden molestarme ahora son los youtubers, pues atrás han ido quedando (sin desaparecer) los blogueros de variada estirpe con pésima ortografía y los radialistas juveniles que mezclan ideas + música + pura candidez + pereza mental. Injusto o no, era claro que en esta explosión de información el metal no se iba a salvar. Ha llegado el momento de la posverdad a las historias alrededor de la música y los youtubers no iban a dejar pasar semejante oportunidad. Uno que suele tomar información de internet y mezclarle fotos y llegar a una cantidad abismal de usuarios y saquear las arcas de la historia con nuevos y rebuscados mitos es este:



El sujeto en cuestión llega a más de 570 mil usuarios con sus cándidas, emotivas y hasta truculentas historias. Lo que llama la atención es por qué. La respuesta no la tengo, pero sí puede comprenderse desde la siguiente cita, que tomo del columnista y profesor de la Universidad Eafit Jorge Giraldo:
Una de las frustraciones de los practicantes de los estudios sociales en Colombia es la precariedad de nuestra influencia sobre la opinión pública. La contradicción entre el saber establecido y las conclusiones de las investigaciones es habitual, enorme y muy persistente. Hay muchas explicaciones posibles para esa brecha, una de las cuales es la creencia ya rebatida (creo en Popper) de que ciencia es la ciencia natural o solo ella. Un físico que dice estupideces –como Hawking sobre Dios– goza de más credibilidad que un sociólogo que explica la xenofobia en Europa.
La racionalización está a la baja. No se trata de narcisismo intelectual; es un hecho. Para la muestra: suban 4 párrafos y lean nuevamente la enumeración de acontecimientos que enmarcan este texto. ¿No tienen en sus cabezas la certera sensación de que esas canciones que escuchaban hace más de 15 años poseen cierta condición que ahora es difícil apreciar? A mi me pasa cuando escucho, por ejemplo, esto de Dimmu Borgir:



O esto de Silencer:



Una pregunta justa a estas alturas sería: ¿qué tiene que ver acá la racionalización? Otro académico y autor y ahora ministro, Alejandro Gaviria, nos puede ayudar:
Creo íntimamente que la acción y la reflexión deben ir de la mano, que la toma de decisiones en todos los ámbitos requiere una reflexión permanente e informada sobre las posibilidades y dificultades del cambio social (...)
Trataré de llegar ya al punto para que nos comprendamos: la música anteriormente gozaba de un tiempo, unos espacios y unos formatos. Todos han cambiado y con ellos la forma en que comprendemos el asunto. Para acceder al 'For All Tid', o ponga el título que sea de su agrado, era necesario dedicarle un tiempo de escucha para llegar la conclusión: me gusta o no; después había que pagar por el disco (o por lo menos el CD o casete en que se iba a copiar), si se concluía que realmente ameritaba conservarlo; conservarlo, sí señores, requería de un espacio junto a los demás de la colección. Es decir, y si se quiere sin saberlo, usted y yo racionalizábamos la consecución de un demo, LP, EP, CD, etecé. Esto generaba llegar a una conclusión, la cual era probada en sus pequeñas e inhóspitas dimensiones.

Lo mismo se identificaba desde la producción: ¿compro esta o esa guitarra, ese o ese amplificador con esa o esa pedalera? ¿Y dónde se graba este disco, con quién? Partíamos desde unos pequeños datos que derivaban en decisiones. Esto no quiere decir que científicamente un disco era mejor que otro o que un efecto de una pedalera era científicamente mejor que otra. Pero los bárbaros de ahora simplemente hacen lo siguiente: veo, escucho; me gusta; descargo; este efecto y este también, por si acaso; ¿distorsión?, no sea primitivo, bájese esta app.

La verdad de antes y la verdad de ahora se pueden basar en emociones, salvo que la segunda no se apoya necesariamente en una realidad puesto que es simulacro, se “siente”. La segunda, la de ahora, tiene tanto de creencia como la anterior y ello es increíble ante la gran posibilidad de acceder a la información que tenemos hoy, lo que nos pone a vivir en una suerte de constante conspiración porque ahora hasta el bobo del pueblo (la genial categoría es de Umberto Eco) puede publicar y mentir y engañar, aunque no sea su propósito. Lo importante ahora radica en que el consumidor sepa distinguir la verdad de una mentira, pues ya hemos visto todos los que suelen caer ante una sencilla publicación en ‘Actualidad Panamericana’ o por una cuenta falsa de Twitter.

No todo es malo. Y acá regreso a Vikernes para cerrar: el mundo nunca ha sido en negro y blanco, nuestra realidad es más compleja que la simple apuesta de víctimas vs. victimarios. En medio ese antagonismo se ubica una amplia y compleja zona gris que amerita un principio fundamental que ahora cobra aún mayor valor: la duda. Si algo está haciendo Vikernes, y otros bárbaros en la actualidad, es generando dudas sobre eso que alguna vez se consideró verdad desde la historia del metal. Que hay más información y menos calidad en los contenidos, es una obviedad; que la expansión de la música la ha llevado a recónditas exploraciones y oídos y eso ha reducido su carácter hermético y hasta su misticismo, por supuesto; qué muchas más personas saben ahora qué es eso del metal... Sí, así es. Y nada podemos hacer.

Tantas ideas sobre lo que era Noruega y sus integrantes “true” para encontrar ahora una opinión que controvierte todo eso. ¿Que hay que creerle todo lo que diga ahora este señor Varg Vikernes? Claro que no. Como difícil resulta creerle a Emmanuel sobre sus videos acerca de la historia de agrupaciones o personajes del metal. Como tampoco habría que creer más en la versión frenética sobre la Batalla de las Bandas, pues si lo ponemos en perspectiva es imposible dejar de pensar que también lo que hubo fue una defensa de la violencia mediante la violencia: los pobres contra los ricos, los buenos contra los malos, los menos favorecidos de la periferia contra los pudientes del centro. Y eso sí que modifica el curso de la historia.

¿Vale la pena comprender lo que están generando estos bárbaros y la incidencia que tiene en eso que creímos? Claro que sí. Lo que se necesita es demasiada paciencia. Como bien lo expresa Alessandro Baricco:
Me gustaría estudiar los saqueos no tanto para explicar cómo han ocurrido y qué se puede hacer para retirarse de pie, sino para llegar a leer dentro de ellos el modo de pensar de los bárbaros.