domingo, febrero 07, 2016

El goce infinito (por lo menos mientras dura lo que dure el disco)

Solo la misma historia, la historia real con toda su miseria y toda su contradicción, constituye la verdad de la música
Theodor Adorno

Hago memoria y se me vienen a la cabeza algunas preguntas: ¿Por qué conservo estos casetes que tengo acá, justo detrás de mí? ¿Qué sentido se le daba a no solo tener unos buenos temas sino a tener un buen disco/álbum/trabajo completo? La respuesta me parece tan sencilla que alcanzo a dudar: esos casetes se conservan porque son, para mí, obras maestras; son productos que no pierden fuerza si sus piezas, sus canciones, se escuchan por separado, pero qué peso el que ganan cuando se escuchan en su conjunto. Sí: el conjunto pesa por la suma de las partes, en el estricto orden que haya elegido su creador. Otros, por el contrario, son buenos temas que si bien me pueden agradar demasiado, no merecen conservarse como conjunto, y eso lo hace ahora muy bien YouTube.

Hace semanas me preguntaba. ¿Cómo es que se llama ese tema de Dark Traquility? Fácil, mejor búscate el álbum, aunque sea en metal-archives.com, maldito perezoso. Pero no daba con la canción. ¿Cómo no me voy a acordar si lo vi en MCM, si hace tiempo lo consulté en YouTube, si en vivo resultaba tan jodidamente emotivo? Pero no daba. Hice lo que mejor hace la internet: empecé a asociar. Una banda, y esta otra banda, y este canal con ese otro. Joder, si era tan sencillo: “Therein”.



Luego no pensé más en el asunto. Fue a mi lista de favoritos para no pasar una vez más por ese largo trasegar de inacabadas y olvidadas ideas. Esperen: ¿y cómo se llama el álbum? Ni idea. Ahora no lo voy a buscar para quedar bien con ustedes. No lo recuerdo, quizá nunca lo supe. Sé que aprecio esa canción y que el grupo es bueno y que tiene otros muy buenos temas. Pero no tengo un disco suyo completo. No lo tengo en CD, ni en casete o mp3. Tampoco en Deezer, Spotify, YouTube, etc. Recuerdo que intenté escucharlo completo alguna vez por préstamos de conocidos, pero no me cautivó. No lo hizo y por eso no lo copié.

Con todo esto no quiero decir que el grupo no valga la pena. Digo que a mí no logró darme las razones suficientes para conservarlo como tesoro, fuera en el formato que fuera. ¿A todas estas, hace cuánto no consumo un álbum completo, respetando el orden dado al disco? Intento hacer memoria y no es sencillo. Grupos de lo que tengo sus discos han estado publicando piezas que se repiten, pasan por hiatos que por momentos se dan por desaparecidos; otros han vivido problemas legales entre los integrantes, algunos han sufrido la muerte de uno que otro miembro. ¿Hace cuánto no escucho un disco completo? Bueno, no está bien planteada la pregunta porque por eso conservo esos casetes, esos CDs, esos discos duros, ese espacio en la memoria del computador. Carajo, cuánta música se puede escuchar ahora. Vuelvo sobre ellos de manera reiterada, o con largos intervalos. Pero la pregunta era, más bien, ¿cuáles son esos discos que últimamente se han publicado que vale la pena escuchar completos?

El ‘Skandinavisk Misantropi’ (2009) de Skitliv me gustó. Sin embargo, el mismo va perdiendo fuerza conforme avanza. No es un buen ejemplo. Burzum tampoco lo es ahora; es una lástima, pues desde su disco inicial, el homónimo ‘Burzum’ (1992), hasta el ‘Belus’ (2010) me ofrecen una gran carga de introspección y elocuencia. A esos discos les debo la capacidad de pensar, de racionalizar, de disfrutar en medio de momentos no siempre gratos. A otros, como Anathema, le debo lo que considero la cocreación para avanzar en la lectura y escritura durante procesos de meses, entre ellos mi tesis de maestría. Ese texto no hubiera sido posible sin los tiempos, las letras y los ritmos de ‘Serenades’ (1993), ‘The Silent Enigma’ (1995), ‘A Natural Disaster’ (2003), ‘Hindsight’ (2008), ‘We're Here Because We're Here’ (2010) y ‘Falling Deeper’ (2011).

Algunas vacaciones no serían lo mismo sin la total compañía de Anorexia Nervosa con ‘Drudenhaus’ (2000) y ‘New Obscurantis Order’ (2001). Esa velocidad y carga emocional le imprimen a los recuerdos un mayor peso. Cada canción transmite un momento y cada momento parece construido conforme el orden de las canciones. Prácticamente pasa lo mismo con Arcturus y la majestuosidad del ‘Aspera Hiems Symfonia’ (1996) y ‘The Sham Mirrors’ (2002), incluyendo la gracia de sus giros tragicómicos.



Bueno, ¿y ahora? Ahora seguro hay mucho, pero el tiempo es reducido. ¿Qué tal Belphegor? Si bien ‘Conjuring the Dead’ es un disco con poquísimos cambios a los anteriores, merece rescatarlo porque es una pieza que parece unirse muy bien a la condición del momento. Y no porque lo copie o simplemente lo ambiente, sino porque parece recoger la ambigüedad del mismo. Es rápido pero no trepidante; es denso, pero se escucha todo a la perfección; las letras mezclan algo de imaginería pero ahondan también en una dimensión más carnal y humana, naturalmente repleta de una estética del mal. Conforme avanza, brinda ambientes que hacen la diferencia para no dejarnos la sensación de la misma canción repetida 10 veces. Helmuth, todo hay que decirlo, se esfuerza, aunque a veces le salga un poco impostado (basta con verlo en vivo con sus intentos de no usar voces agudas y sus estados de poseso con pocos movimientos y muchos escupitajos).



El menos impostado y más revitalizado es Behemoth con su pieza maestra, de principio a fin, ‘The Satanist’ (2014). El disco, ¿cómo decirlo sin ser cliché?, es una obra de arte que hay que conservar porque pocos han logrado esa “simplicidad” y elocuencia después de 20 años de trayectoria. El disco parece inocular cualquier asomo de vaguedad (tan propio de ahora) y recuperar la fuerza que se conjuga mejor con la claridad. No se trata de un álbum de canciones demoniacas; es sí una construcción temática que tiene una gran base humanista que clama por la libertad, por una visión más personal. Y que no sea una justificación o crítica su paso cercano por la muerte ante la aparición del cáncer de Nergal, pues resulta evidente al desintegrar el disco que la participación de todos los integrantes nos hace hablar de un conjunto. Canciones para ser cantadas, quizá; himnos de estadio, nunca. No es un paso al mainstream sino la fuerza de la invocación al ser, a nosotros mismos. Aunque es posible que no todos estemos a la altura de lo que la búsqueda propone. Como en el mismo disco se dice: “I'm most complete yet so undone”.



Por último, el remedio. El mío.



Una confidencia: al señor Maynard James Keenan le debo la salida de varios problemas. Sí, pasando por los emocionales hasta los más prácticos, por falta de creatividad. Sí, desde que estuvo en Tool, pasando por A Perfect Circle y llegando ahora con Puscifer y ese disco magnánimo llamado ‘Money Shot’ (2015). La capacidad de estos grupos de marcar el sonido de una época es tremendo, especialmente porque lo hacen con discos completos y no con piezas sueltas. Imagino lo que podrá costar para estos grupos la elección de la canción de lanzamiento o la que producirán en video. O quizá no les cueste nada porque tienen de donde escoger. El ‘Undertow’ (1993) de Tool sale con nada menos que “Sober” y “Prison Sex”; ‘Ænima’ (1996) con su homónimo y “Stinkfist”; ¿qué decir del ‘Lateralus’ (2001)? A Perfect Circle tiene ‘Mer de Noms’ (2000) y ‘Thirteenth Step’ (2003) y ‘Emotive’ (2004). Los ejemplos sobran. Y ahora con Puscifer, el proyecto con el que no había tenido la suficiente fuerza (a mi modo de ver), rompe toda posibilidad de crítica negativa porque construye un disco que el solo evitarlo podría indicar disfunción de procesos cognitivos. No pueden dejar de destacarse los marcados bajos, las guitarras no pretensiosas, la pasividad y la emotividad y la claridad de las voces, esa batería marcada (con bombos profundos), los coros femeninos precisos y tónicos. El desarrollo nunca apresurado pero también enérgico que se conjuga a través de los 10 temas que constituyen el disco y que dejan el cuerpo en cierto letargo al cruzar por variedad de emociones, un letargo que no es más que una suerte de vacío que acongoja. Solo espero que no sea una despedida. Y si lo es, por lo menos ya lo conservo en un CD junto a ese montón de casetes originales y copiados. No vaya y yo pierda la memoria.