domingo, noviembre 27, 2016

Bárbaros, truenos y una posverdad de gran calado

En su pequeña escala, el microcosmos del vino [podría decirse el metal] describe la llegada, a nivel planetario, de una praxis que, salvando las distancias, parece (he dicho parece) disipar el sentido, la profundidad, la complejidad, la riqueza original, la nobleza, incluso hasta la historia.
Alessandro Baricco

Estamos agotados. La frase anterior es rotundamente falsa. Bueno, es medianamente falsa porque solo yo estoy cansado y mal haría en hablar en un plural que nada denota. Esta última frase es más precisa pero menos contundente ahora. Solo yo me siento cansado, pero es posible que así se sientan algunos de ustedes con respecto a lo vivido en este 2016.

Se acaba este año, ya casi, y empezarán a surgir los balances. Este no será un gran balance porque no pretende exhaustividad pero sí ubicar en una tediosa realidad. ¿Vieron ya cuál es la palabra del año? El Diccionario Oxford ha propuesto un neologismo que cae muy bien a este poco comprensible y malogrado año: post-truth o posverdad, híbrido ambiguo (como tooooooodo este 2016) que “denota circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública, que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal”.

Qué buena palabra. Habla de la incapacidad de abarcar el mundo y de darle cierto sentido a una serie de hechos que son de público y tedioso conocimiento:
  • Gana el Brexit en el Reino Unido
  • Gana Donald Trump la presidencia de los Estados Unidos
  • Gana el no del referendo en Colombia
  • Gana Daniel Samper Ospina al obtener más reproducciones en YouTube que cualquier de foro de ética periodística difundido en la misma plataforma
Señoras y señores, y el asunto no mejora necesariamente cuando me encuentro cada uno de los videos que ahora hace Varg Vikernes (Burzum) desde la cochera, el patio, el estudio, el carro, el bosque o donde sea. Que no se entienda mal: los veo y procuro comprenderlo, aunque no siempre logro acercarme a sus ideas; sus videos, sus historias, están brindando la posibilidad de conocer una serie de puntos sobre el metal en Noruega que se aleja del romanticismo y oscurantismo con que nos acercamos a finales del siglo pasado y comienzos de este, y eso puede ser oportuno. Pero no deja de verse con cierto sentido de “barbaridad”, de “cómo es posible que esté en esas”, de “¿qué le pasó a este man?”. En definitiva: hay una cierta degradación en Vikernes, y con sus historias una suerte de saqueo al metal. Sin embargo, ello no es negativo pero dejémoslo para más tarde y miremos más bárbaros.



Unos de los que más pueden molestarme ahora son los youtubers, pues atrás han ido quedando (sin desaparecer) los blogueros de variada estirpe con pésima ortografía y los radialistas juveniles que mezclan ideas + música + pura candidez + pereza mental. Injusto o no, era claro que en esta explosión de información el metal no se iba a salvar. Ha llegado el momento de la posverdad a las historias alrededor de la música y los youtubers no iban a dejar pasar semejante oportunidad. Uno que suele tomar información de internet y mezclarle fotos y llegar a una cantidad abismal de usuarios y saquear las arcas de la historia con nuevos y rebuscados mitos es este:



El sujeto en cuestión llega a más de 570 mil usuarios con sus cándidas, emotivas y hasta truculentas historias. Lo que llama la atención es por qué. La respuesta no la tengo, pero sí puede comprenderse desde la siguiente cita, que tomo del columnista y profesor de la Universidad Eafit Jorge Giraldo:
Una de las frustraciones de los practicantes de los estudios sociales en Colombia es la precariedad de nuestra influencia sobre la opinión pública. La contradicción entre el saber establecido y las conclusiones de las investigaciones es habitual, enorme y muy persistente. Hay muchas explicaciones posibles para esa brecha, una de las cuales es la creencia ya rebatida (creo en Popper) de que ciencia es la ciencia natural o solo ella. Un físico que dice estupideces –como Hawking sobre Dios– goza de más credibilidad que un sociólogo que explica la xenofobia en Europa.
La racionalización está a la baja. No se trata de narcisismo intelectual; es un hecho. Para la muestra: suban 4 párrafos y lean nuevamente la enumeración de acontecimientos que enmarcan este texto. ¿No tienen en sus cabezas la certera sensación de que esas canciones que escuchaban hace más de 15 años poseen cierta condición que ahora es difícil apreciar? A mi me pasa cuando escucho, por ejemplo, esto de Dimmu Borgir:



O esto de Silencer:



Una pregunta justa a estas alturas sería: ¿qué tiene que ver acá la racionalización? Otro académico y autor y ahora ministro, Alejandro Gaviria, nos puede ayudar:
Creo íntimamente que la acción y la reflexión deben ir de la mano, que la toma de decisiones en todos los ámbitos requiere una reflexión permanente e informada sobre las posibilidades y dificultades del cambio social (...)
Trataré de llegar ya al punto para que nos comprendamos: la música anteriormente gozaba de un tiempo, unos espacios y unos formatos. Todos han cambiado y con ellos la forma en que comprendemos el asunto. Para acceder al 'For All Tid', o ponga el título que sea de su agrado, era necesario dedicarle un tiempo de escucha para llegar la conclusión: me gusta o no; después había que pagar por el disco (o por lo menos el CD o casete en que se iba a copiar), si se concluía que realmente ameritaba conservarlo; conservarlo, sí señores, requería de un espacio junto a los demás de la colección. Es decir, y si se quiere sin saberlo, usted y yo racionalizábamos la consecución de un demo, LP, EP, CD, etecé. Esto generaba llegar a una conclusión, la cual era probada en sus pequeñas e inhóspitas dimensiones.

Lo mismo se identificaba desde la producción: ¿compro esta o esa guitarra, ese o ese amplificador con esa o esa pedalera? ¿Y dónde se graba este disco, con quién? Partíamos desde unos pequeños datos que derivaban en decisiones. Esto no quiere decir que científicamente un disco era mejor que otro o que un efecto de una pedalera era científicamente mejor que otra. Pero los bárbaros de ahora simplemente hacen lo siguiente: veo, escucho; me gusta; descargo; este efecto y este también, por si acaso; ¿distorsión?, no sea primitivo, bájese esta app.

La verdad de antes y la verdad de ahora se pueden basar en emociones, salvo que la segunda no se apoya necesariamente en una realidad puesto que es simulacro, se “siente”. La segunda, la de ahora, tiene tanto de creencia como la anterior y ello es increíble ante la gran posibilidad de acceder a la información que tenemos hoy, lo que nos pone a vivir en una suerte de constante conspiración porque ahora hasta el bobo del pueblo (la genial categoría es de Umberto Eco) puede publicar y mentir y engañar, aunque no sea su propósito. Lo importante ahora radica en que el consumidor sepa distinguir la verdad de una mentira, pues ya hemos visto todos los que suelen caer ante una sencilla publicación en ‘Actualidad Panamericana’ o por una cuenta falsa de Twitter.

No todo es malo. Y acá regreso a Vikernes para cerrar: el mundo nunca ha sido en negro y blanco, nuestra realidad es más compleja que la simple apuesta de víctimas vs. victimarios. En medio ese antagonismo se ubica una amplia y compleja zona gris que amerita un principio fundamental que ahora cobra aún mayor valor: la duda. Si algo está haciendo Vikernes, y otros bárbaros en la actualidad, es generando dudas sobre eso que alguna vez se consideró verdad desde la historia del metal. Que hay más información y menos calidad en los contenidos, es una obviedad; que la expansión de la música la ha llevado a recónditas exploraciones y oídos y eso ha reducido su carácter hermético y hasta su misticismo, por supuesto; qué muchas más personas saben ahora qué es eso del metal... Sí, así es. Y nada podemos hacer.

Tantas ideas sobre lo que era Noruega y sus integrantes “true” para encontrar ahora una opinión que controvierte todo eso. ¿Que hay que creerle todo lo que diga ahora este señor Varg Vikernes? Claro que no. Como difícil resulta creerle a Emmanuel sobre sus videos acerca de la historia de agrupaciones o personajes del metal. Como tampoco habría que creer más en la versión frenética sobre la Batalla de las Bandas, pues si lo ponemos en perspectiva es imposible dejar de pensar que también lo que hubo fue una defensa de la violencia mediante la violencia: los pobres contra los ricos, los buenos contra los malos, los menos favorecidos de la periferia contra los pudientes del centro. Y eso sí que modifica el curso de la historia.

¿Vale la pena comprender lo que están generando estos bárbaros y la incidencia que tiene en eso que creímos? Claro que sí. Lo que se necesita es demasiada paciencia. Como bien lo expresa Alessandro Baricco:
Me gustaría estudiar los saqueos no tanto para explicar cómo han ocurrido y qué se puede hacer para retirarse de pie, sino para llegar a leer dentro de ellos el modo de pensar de los bárbaros.

domingo, octubre 02, 2016

Música, trauma, violencia, impostura y sobrevivir a la (malsana) realidad

Ahí donde quiera tenerse esclavos, debe haber cuanta música sea posible
León Tolstói

La música suele inspirar y acompañar episodios que desde un plano se pueden ver como absolutamente naturales (el sexo, el aseo, la programación, la escritura y la lectura, entre tantos), pero sus bondades tienen límites. Música y violencia son dos términos que ahora resulta común observar, por ello se ha escuchado y está claramente documentado el rol que ha tenido en momentos de tortura psicológica y motivación al asesinato: el caso Noriega y el Holocausto funcionan en el primer escenario, mientras la ocupación de Irak y las acciones de Guantánamo en el segundo (y en el primero también, sí). Ambos, claro está, son de público conocimiento.

El dictador panameño Manuel Noriega fue removido del poder por tropas estadounidenses en diciembre de 1989. Buscando evitar su captura, Noriega ingresó en la Nunciatura Apostólica de Ciudad de Panamá. Con el propósito de torturarlo a distancia y motivar su rendición, el ejército de los Estados Unidos lanzó música desde altavoces. ¿Qué música eligieron? Para entonces era fácil decirlo: rock duro. Alice Cooper y AC/DC estaban en la lista. Estratégicos como son los militares, desde entonces el “incidente Noriega” se ha repetido en diversos escenarios para motivar la violencia usando un par de altavoces. Alex Ross, un crítico musical norteamericano bastante respetable expresó lo siguiente en The New Yorker (2016):
La música ha acompañado a los actos bélicos desde que las trompetas sonaron en los muros de Jericó, pero en décadas recientes se ha utilizado de arma como nunca antes —diseñada para el panorama irreal de la guerra moderna.
La música no es inocente, pero no deja de llamar la atención que se use con esos fines. La música puede ser un arma, que sí, pero en la narrativa colombiana no se le ha visto desde esa perspectiva. No hay contradicción alguna, pues la música puede acompañar diversos planos, como lo expresara más arriba. Uno de esos planos en los que la cosificación es notoria se encuentra en lo que podríamos denominar como “la juventud perdida” o “la estupidificación sonora”.

La propuesta, porque solo es eso, viene a la cabeza cuando se observa el propósito de “disuasión” que ha tenido en películas como ‘Rodrigo D. No futuro’ y más recientemente en ‘Los nadie’. La música es un sonido de fondo que pretende dar comprender que la relación sonora y juventud es determinante sobre las perspectiva del mundo. En otros términos: que usted está relacionado de manera muy directa con esas ideas sonoras, que ellas prácticamente lo determinan. ¿Pero cuáles son esas ideas si la música es apenas un fondo? El efecto resulta contraproducente, ya que sin comprender la música se queda en un vacío que a ojos y oídos de un iniciado podrán simplemente interpretarse así: música = violencia, o música = desubique total y desesperación. ¿No es acaso lo que hizo Gaviria con su película? Allí no apareció el punk, allí lo que se generó fue la reflexión de que la música es un arma, que es el instrumento perfecto para acompañar un acto bélico. Ya lo ven: Gaviria y los militares tienen una noción bastante similar de las posibilidades de la música.

La música no es inocente, que no, pero la producción de Gaviria muestra un sentido marginal de la ciudad de Medellín, se centra en jóvenes dedicados al robo y al homicidio, deja ver una vida que se desarrolla con precariedad en los barrios periféricos, una jerga llena de improperios, casas de adobe, sin lujos, con terrazas de cemento a la vista y en las que se interpreta un sonido extremo con instrumentos sencillos y escasa microfonería y amplificación. Poco o nada importan los acordes, sobresale la estridencia visual y sonora, la constante presencia de la muerte, una historia de desesperanza que cierra con un suicidio.

El estilo obtuso y traumático en la música de Gaviria y otros autores del corte “realista” puede estar asociado con condiciones psicológicas claras dadas razones obvias: no escuchamos con los oídos sino con el cuerpo. El profesor J. Martin Daughtry expresa que el sonido puede ser una forma de violencia en sí mismo, de allí la posible existencia de lesiones cerebrales traumáticas y a desórdenes de estrés postraumáticos. Los habitantes de Nueva York, luego del 11 de septiembre de 2001, reaccionaban con brincos ante simples estallidos de llantas; en Medellín, para no ir más lejos, no dejamos de mirar a todos lados cuando se escucha un estallido de pólvora o cuando una moto de cierto cilindraje estaciona cerca nuestro; ¿vieron la reacción de Timochenko ante el paso de un avión kfir?



Absortos en la violencia de la música y en la cosificación de la música misma desde aparatajes audiovisuales cargados de una falsa realidad (y otras donde es sonido de fondo, simple compañía), se ha dejado de observar el papel de la narración en la música, en el tono, el temblor y el timbre de lo que se dice. Y lo que allí se dice puede ser relevante en la medida de lo posible, en la medida que se comprenda no como verdad absoluta sino como verdades parciales, así como lo hacen el historiador, el periodista, el juez. Es decir, sin ingenuidades.

Para Alex Oquendo, vocalista y formador de Masacre, su grupo “Está narrando una realidad: la que está sintiendo la ciudad (Medellín), que es el desespero ante esa violencia”. Su propuesta sonora tiene nombre propio, pues se trata de un estilema que tuvo origen en los Estados Unidos (vayan viendo ustedes los vasos comunicantes) y se caracteriza por las afinaciones bajas, las voces guturales y una complejidad técnica: death metal. Esta clasificación es posterior a otra denominación de mediados de los años ochenta, el thrash metal, una línea que alcanzó notoriedad gracias agrupaciones estadounidenses como Slayer y Metallica, que dieron a su música una mezcla de fuerza y técnica, mientras que desde Europa Celtic Frost, Kreator y Destruction hicieron sonar sus instrumentos en tonos más graves, pero simples y tendientes al desfogue, a la velocidad.

El death metal, explica Oquendo, “es muerte total, una realidad, es la violencia”; así pues, al sonido se le imprimió mayor velocidad, se le dio a la voz un tono gutural, las guitarras no perdieron en técnica y ganaron en densidad, como puede apreciarse en los grupos que se consideran sus forjadores en los Estados Unidos: Possessed y Death. Y ¿la temática? Hay quienes han abordado desde temas políticos hasta los que se han inspirado en el cine gore. Masacre, buscando inspiración en vivencias cercanas, le canta a la muerte, “en adoración a ella un poco, pero también en contra de la problemática, a la forma como muere la gente. De cómo se destruye el país a sí mismo. Hemos creado la violencia e igualmente nos hemos aniquilado”.

Esas palabras quedan sonando: hemos creado la violencia. Nosotros, los seres humanos, los que reaccionamos con repulsión a ciertas señales musicales, sonoras. Los sucesos que aborda Masacrea parecieran sacados de abruptas fantasías, pero son muestra de la realidad colombiana, de la conmovedora realidad colombiana que se preservará en lírica altisonante en la canción “Éxodo”, del disco ‘Muerte verdadera muerte’:
Éxodo campesino en tierra de vándalos / Aún recuerdo verlos morir / hay miedo al llegar la noche / El amanecer de un nuevo día trae / (y acá la voz sube el tono y se convierte en un grito de zozobra) silencio, miedo, angustias.


En esos primeros 45 segundos de la canción se plasma una situación real que se ha repetido por décadas en distintas zonas de Colombia (la “tierra de vándalos”), la misma que hoy día la ubica como el país con más desarraigados en el mundo, según la Acnur. Y la narración llama al desconsuelo al rememorar esas imágenes vistas a través de la televisión o de reportajes fotográficos y que resultan poco placenteras: casas derruidas, cenizas, escombros y suciedad aquí y allá, hombres y mujeres que salen de sus municipios cargando apenas con lo que pueden llevar en sus manos porque partir se convierte en, por lo menos, la posibilidad de preservar la vida en medio de la confusión y el miedo. El lugar devastado evidencia un escenario que es preferible no mirar, pero que la banda antioqueña aborda desde un primer plano: ingresa al espacio para dejarnos ver un orden (desorden) que matiza los hilos de una realidad que resultaría más amigable desde la limpieza, nos ubica en un terreno en el que el mal se ha desarrollado, dejando tras de sí sus huellas; es el dolor, la muerte y el desarraigo generado por terceros lo que acá importa.

Y escribo importa y ya no me lo creo. Importa, pero solo parcialmente. De lo contrario, el resultado de lo vivido en Colombia el 2 de octubre de 2016 sería otro. ¿Qué importa? La carnicería, el dolor, los traumas, la muerte… y detrás de todo ello hay seres humanos. Alemania sabe de esto, y también sus músicos. La memoria en este caso es importante, y la música tiene mucho para aportar al respecto. Queda mucho por aprender de ese país (en todos los planos que acá se mencionaron).

domingo, septiembre 11, 2016

Metal gótico (2005)

Este producto audiovisual fue realizado en 2005. Considere ese dato: 2005, es decir, 11 años atrás (si lee esto en 2016). Este fue el primer producto audiovisual que haría como Melodías en Acero, cuando el proyecto apenas comenzaba. No es una excusa, es un contexto para que entienda que fue hecho hace mucho tiempo y que apenas ahora es publicado en línea, por ello la calidad del sonido, las imágenes, etc.

La calidad del producto no es la mejor, pero así se logró hacer en ese entonces cuando estaba próximo a salir de la universidad. Esos eran los equipos con los que se contaba entonces, esa era la experiencia que se tenía entonces.

Este fue el primero, de muy pocos, productos audiovisuales de Melodías en Acero. Un reportaje que buscaba, que busca, ilustrar al gótico (gothic metal) como una expresión artística de la música contemporánea desde la ciudad de Medellín.

El reportaje incluye la lectura de textos que caracterizan el entorno gótico en la ciudad y cuenta con la participación de integrantes del grupo Eternal, el fotógrafo Adrian Diaz (ex Gaias Pendulum) y el diseñador/artista Jacobo Ángel. Se caracterizan también algunos aspectos relevantes de este movimiento como un arte que convoca la oscuridad y la noche.

El producto fue dirigido y realizado por:
Juan David Alzate
Juan Camilo Arboleda
"Metal gótico" fue un producto que se emitió en el espacio De la Urbe Televisión en los medios 'Canal U' y 'Telemedellín'; en este último fue censurado en algunos de sus apartes por el carácter "explícito" de las imágenes. Considérense avisados (entiéndase sin sobreactuación).

Atento a sus comentarios.


domingo, junio 26, 2016

Dark Funeral autobiográfico

¿Qué tan autobiográfico puede ser el black metal? La pregunta no la había considerado antes, o por lo menos no de esa manera. Sí, la música puede ser algo bastante personal. Pero, ¿autobiográfico? Cuántas veces escuché que ese tipo de letanías eran muy pop, que hacer algo desde ese orden era muy mainstream. Sin embargo, al orden del día están las posiciones acomodaticias: claro, es que la música puede hablar de eso que se vive en la sociedad. Acá entran como ejemplo obligado Masacre y su abordaje del conflicto armado en Colombia, y también La Pestilencia [aunque para ser francos, el orden no es justo con la historia porque primero fue ‘La muerte - un compromiso de todos’ (1989) que ‘Ola de violencia’ (1991), o por lo menos muy a la par si los comparamos desde los demos].

El asunto no quedaba resuelto. Mejor dicho, no me satisfizo la respuesta. ¿Por qué tanta invocación maligna, tanta exploración desde conceptos marco como el nihilismo, el satanismo, la soledad, la desesperanza? ¿Al estar apegados a esos elementos tan comunes podría decirse que hay realmente autenticidad? Casi que decidí renunciar a la segunda pregunta porque desde la estética lírica y sonora es obvio que un porcentaje es imitación, otro es búsqueda de reconocimiento y el otro es necesario para que se pueda identificar como parte de una identidad, en este caso la metalera. Pero la primera parte no me quedaba aún resuelta, especialmente por la interesante y honesta respuesta (aunque no por ello menos velada) que diera Lord Ahriman sobre su más reciente publicación con Dark Funeral llamada ‘Where Shadows Forever Reign’:
En cualquier caso, personalmente me quedaría con “As I Ascend”, es una canción muy personal que representa muy bien al grupo y es la primera que compuse para este álbum. Me dio el impulso que necesitaba para seguir componiendo el disco.
La respuesta me obligó a prestarle mayor atención a la canción:



Para ser honesto, no encontré a primera vista ni en la música ni en la letra algo que me llevara a considerar que en efecto era una canción bastante personal. Las dicotomías luz-oscuridad, ascenso-descenso, vida-muerte, entre otras, no son precisamente nuevas. Quizá el “cambio” (las comillas marcan un énfasis irónico porque precisamente dudo del mismo) está en que el grupo es más claro, desde las guitarras hasta las voces, y no se la jugó por la velocidad como único factor. ¿Pero eso es suficiente para decir que algo es personal? Definitivamente no. ¿Entonces por qué ha sido tan desacreditado el disco, llevando incluso a considerar que no están ya dentro del black metal según algunos puristas? Y eso precisamente me llevó a pensar en lo personal. Gracias a los puristas pude ver que Dark Funeral fue por primera vez claro en que buscaba algo, y eso lo hace personal… O por lo menos medianamente personal.



En la revista Team Rock hay algo al respecto:


Sentarse a zanjar esta discusión puede resultar innecesario o inacabable. Discos anteriores de DF han tenido pasajes de claridad, pasajes de melodía, pasajes incluso de melancolía. Quizá nunca los habíamos vistos tan claros y tan juntos, por eso para los puristas ha resultado imposible de soportar, pues no los toca. O los toca porque precisamente los abandona, porque DF no se queda en la senda de lo vivido tal cual lo conocemos. Pero ojo: no es otro DF, es el mismo DF que ha pasado, eso sí, por nuevas experiencias (digamos que la innovación no es muy alta y que la repetición rítmica es menor). Y esas experiencias son precisamente las que vivió Lord Ahriman, las personales, y que el entrevistador de Rafabasa.com ni siquiera consideró.

Tal y como Lord Ahriman zanjó la discusión con Team Rock: “Hay gente con pene grande y hay gente con pene pequeño”. Solo pónganse en posición: Mikael Svanberg (Ahriman) nació en 1972 y tiene este grupo desde por lo menos 1993, es decir, desde que tenía 21 años. Este señor, que tiene una vida personal, pasó por un momento importante que no quiere revelar o que por lo menos no es confrontado de manera directa, aunque él dejó pistas: “También hemos seguido trabajando en el nuevo disco, y a veces en la vida pasan cosas personales, lo que por supuesto influye.” Además de lo personal, Ahriman no está en el mundo de los papelitos o del tirado. Para muchos es difícil considerar que, además de lo personal, acá está en juego una exploración artística. Ahriman es claro también con el uso de un adversativo que no puede dejarse pasar en limpio: “pero creo que esta vez hemos conseguido una gran simbiosis entre la música y las letras”. Es decir, este hombre está más satisfecho técnica y emocionalmente con este producto porque ha logrado algo que antes no. Y eso, al parecer, es lo que ha molestado a otros, a los que querían que el joven de 21 se siguiera expresando mediante el ser humano de 43 años. En la sociedad a eso se le dice ser infantil, pero sigamos.

¿Ya escucharon la canción “As One We Shall Conquer”? Para los puristas, que en esencia han de ser seguidores del blast, deberían encontrar acá razones de sobra para seguir encontrando a DF como DF. Acostumbrados a brindarnos pausas con riffs ligeros que luego entran en una especie de profunda melancolía, aquí sucede lo contrario: la expectativa es sembrada (2:25) para luego seguir en un intenso blast propio de los suecos (2:34).



Ahriman estaba pasando por algo personal que no es fácil de identificar porque las sombras siguen reinando (en adelante usaré otro par de relaciones con el último disco buscando no ser poeta sino claro con mi hipótesis). Pero hay en el hombre algo más humanista que permite mediante este disco una comunicación más natural y hasta directa. Del DF de los 21 años al DF de los 43 hay un cambio de personalidad: del positivismo y radical secreto de las artes negras hasta el hombre que compone y atraviesa situaciones personales que apenas se vislumbran en el ánimo de desencadenar su alma, del sujeto que se cansó de algo porque se vio quizás engañado, quizás olvidado:
Behind their masks there stand but slaves and servitude
was not our trade so rise and set me free and bring me home


Es también un disco personal porque en esencia DF es Lord Ahriman. De las 20 personas que han pasado por el grupo, Ahriman es el único que continúa. Además, cuando hablamos de algo personal, Milan Kundera nos puede ayudar a entender mejor. En ‘El arte de la novela’, Kundera dice:
De un lado está la novela que examina la dimensión histórica de la existencia humana, y del otro está la novela que es la ilustración de una situación histórica, la descripción de una sociedad en un momento dado, una historiografía novelada.
No pretendo hacer ahora una relación directa entre novela y black metal. Y mucho menos entre black metal e historiografía, pues se trata de una palabreja que nos lleva a unas honduras distintas a las que ahora me interesan. Lo que pretendo proponer es que en la música, incluso en el black metal de Dark Funeral, podemos encontrarnos con episodios (canciones o discos completos) que nos llevan a comprender un poco mejor al ser humano, que hay producciones que pueden convertirse en patrimonio porque han sido capaces de plasmar una nueva libertad, ilustrar otra forma de comprender las cosas. Y esa forma no será necesariamente nueva para todos, pero seguro lo es para aquellos que se atreven a verlo desde una condición más humana:
I open the doors to the other side,
where everything is so old
I'm leaving this world and I enter the void
where the shadows forever reign
Por eso no es gratuito el cierre del álbum con la canción que le da título al mismo.



lunes, mayo 09, 2016

Ejercicios de escritura fútil y salvaje

Hacerse a buena música ahora es muy fácil. No sé cómo le hacían antes para poder escuchar y ver algo de valor. Seguro han tenido que pasar tiempos muy duros, tiempos muy siniestros. ¿Un mes sin un disco nuevo? ¿Meses y meses sin un video? Sí, yo sé con qué van a salir; tal y como reza la biblia: “caminábamos y caminábamos”, cuentan unos; “compartíamos espacios; éramos una gran cofradía”, se le oye expresar a otros entre sollozos; otro deja escapar un suspiro: “era muy bacano; nos recorríamos esta ciudad de un lado a otro…” ¿Y qué? ¿El valor de la música la medían por el sacrificio de conseguirla? ¿Qué carajos es eso?

***

A mis 19 años tengo una colección envidiable de música y he logrado el mismo número de mamadas que algunos de mis mayores referentes del rock nacional. Recuerdo con gran devoción a M y gracias a ella el tonto de Sergio Bocafloja y su amigo Efraím cogepingas Medina me han admirado de frente: me han dicho que soy su héroe. Sí, en la música y en el sexo soy un mago. También soy poeta, cuando escuchar música y coger (juntos son una maldita bomba) me dejan algo de tiempo. No presté servicio militar y no voy a la universidad. No me envidien.

***

¿Por qué es necesario admirarse tanto por un montón de objetos? Ayer que crucé el centro de esta inmunda ciudad agradecí no tener que cargar nada, salvo mi celular y cientos de canciones en MP3. Punkeros vendiendo incienso; metaleros haciendo tatuajes en henna; reguetoneros vendiendo relojes robados; raperos cantando canciones de dioses y de seres reeducados con estribillos de ONG. ¿A eso se dedican ahora los radicales? Yo había escuchado otras historias. Tenía entendido que los metaleros era gente culta, gente que mínimo había pasado por el Conde de Lautréamont, que investigó sobre André Bretón, que se hundió en las noches oscuras de Arthur Rimbaud, que le tomó el pulso a Baudelaire, que sintió algo de furia con Alfred Jarry. Parece que nada de eso; nada de lecturas ni de profundidad ni de honor. Ahora el centro es simplemente más inseguro por todos ellos. Gente como Fabián Vargas me lo confirma. ¡Huy, no, tan brutal! ¿Desde cuándo usan camiseta de Darkthrone y de Amputated Genitals los pseudomatones de este país?

Ver a ese tal Vargas en televisión puso a mi tío un poco histérico. No me juzguen: tengo mis afiches, pero no ando por ahí diciéndole al mundo: “miren, soy de los suyos”. Histérico se puso porque claro, lo ponen a pensar: “mijo, usted también escucha la música de esa camiseta”. No tuve más que decir que sí. Pero siendo honestos, ¿cuántos malandros muestran diariamente con camisas de Polo o La Martina o de Lacoste. “¿Entonces esas marcas también son peligrosas?”, le devolví con sorna a mi tío. No pudo decir nada porque nada había que decir.

***

Debo reconocer que en la cama me parece mejor Dark Funeral cuando estoy con M. (Nota: descargarla de YouTube para el fin de semana que me voy a la finca de S a cogerla rico). Sacrificio el que le voy a hacer en esas nalgas a mi putita linda y seguidora del Marqués de Sade; golpes rítmicos que la van dejando rosada y luego roja hasta que me pida a griticos ahogados que me venga, que lo haga, que le haga ya. Recuerdo sus griticos de dolor mientras se sostiene de puro gusto en su cama tubular rosada.



***

Gojira no es para todo el mundo. A Tato y a Toño no les gusta. Y los entiendo. Tener buen oído a estas alturas no es fácil para ellos. Y un agravante: nunca aprendieron a tocar la guitarra con sus tempos, sus síncopas, etece, etece; si no le cogen el ritmo (interesante que esta figura aplique también para el sexo, jejeje) es como si no lo entendieran. Increíble que me digan eso ellos, sabiendo que tuvieron más tiempo que yo hasta ahora para aprender a hacerlo. Nada qué hacer; es como pedirle a un punkero que haya leído a Marx y te explique lo que haya entendido; o como pedirle a un estudiante de universidad pública: compañero, explíqueme las variantes de su condición comunista-leninista de la línea Mao Tse-Tung (nota: evitar más chistes flojos como este en público).



***

Otro día en las sombras. Sí. Ahora escribiéndole un poema a M. Paso por Lezama Lima, acudo a Reinaldo Arenas; visito a Mario Benedetti y a Federico García Lorca; cambio de rumbo para pasar por Goytisolo y Antonio Gala. Mierda. No me sale más que mierda deprimente tipo Radiohead. No creo que tenga que ver con que todos sean gays. No creo porque los respeto. A todos menos a Radiohead; que paren ya, que paren ya, que paren ya. (Mierda: pedirle a Fernanda que no ponga más esa mierda de Radiohead, por lo menos mientras escribo).
Basta ya
Basta ya de tanta mierda
Mierda que te expulsa
Anatema
Que se jodan comunistas y punkeros
Todos serios y comprometidos
Acaso ya todos jodidos
...
Definitivamente hay que quitar a Radiohead cuando intente escribir porque me jode.

Hasta acá por ahora.
Me voy a escuchar/ver lo más nuevo de… Katatonia.


domingo, febrero 07, 2016

El goce infinito (por lo menos mientras dura lo que dure el disco)

Solo la misma historia, la historia real con toda su miseria y toda su contradicción, constituye la verdad de la música
Theodor Adorno

Hago memoria y se me vienen a la cabeza algunas preguntas: ¿Por qué conservo estos casetes que tengo acá, justo detrás de mí? ¿Qué sentido se le daba a no solo tener unos buenos temas sino a tener un buen disco/álbum/trabajo completo? La respuesta me parece tan sencilla que alcanzo a dudar: esos casetes se conservan porque son, para mí, obras maestras; son productos que no pierden fuerza si sus piezas, sus canciones, se escuchan por separado, pero qué peso el que ganan cuando se escuchan en su conjunto. Sí: el conjunto pesa por la suma de las partes, en el estricto orden que haya elegido su creador. Otros, por el contrario, son buenos temas que si bien me pueden agradar demasiado, no merecen conservarse como conjunto, y eso lo hace ahora muy bien YouTube.

Hace semanas me preguntaba. ¿Cómo es que se llama ese tema de Dark Traquility? Fácil, mejor búscate el álbum, aunque sea en metal-archives.com, maldito perezoso. Pero no daba con la canción. ¿Cómo no me voy a acordar si lo vi en MCM, si hace tiempo lo consulté en YouTube, si en vivo resultaba tan jodidamente emotivo? Pero no daba. Hice lo que mejor hace la internet: empecé a asociar. Una banda, y esta otra banda, y este canal con ese otro. Joder, si era tan sencillo: “Therein”.



Luego no pensé más en el asunto. Fue a mi lista de favoritos para no pasar una vez más por ese largo trasegar de inacabadas y olvidadas ideas. Esperen: ¿y cómo se llama el álbum? Ni idea. Ahora no lo voy a buscar para quedar bien con ustedes. No lo recuerdo, quizá nunca lo supe. Sé que aprecio esa canción y que el grupo es bueno y que tiene otros muy buenos temas. Pero no tengo un disco suyo completo. No lo tengo en CD, ni en casete o mp3. Tampoco en Deezer, Spotify, YouTube, etc. Recuerdo que intenté escucharlo completo alguna vez por préstamos de conocidos, pero no me cautivó. No lo hizo y por eso no lo copié.

Con todo esto no quiero decir que el grupo no valga la pena. Digo que a mí no logró darme las razones suficientes para conservarlo como tesoro, fuera en el formato que fuera. ¿A todas estas, hace cuánto no consumo un álbum completo, respetando el orden dado al disco? Intento hacer memoria y no es sencillo. Grupos de lo que tengo sus discos han estado publicando piezas que se repiten, pasan por hiatos que por momentos se dan por desaparecidos; otros han vivido problemas legales entre los integrantes, algunos han sufrido la muerte de uno que otro miembro. ¿Hace cuánto no escucho un disco completo? Bueno, no está bien planteada la pregunta porque por eso conservo esos casetes, esos CDs, esos discos duros, ese espacio en la memoria del computador. Carajo, cuánta música se puede escuchar ahora. Vuelvo sobre ellos de manera reiterada, o con largos intervalos. Pero la pregunta era, más bien, ¿cuáles son esos discos que últimamente se han publicado que vale la pena escuchar completos?

El ‘Skandinavisk Misantropi’ (2009) de Skitliv me gustó. Sin embargo, el mismo va perdiendo fuerza conforme avanza. No es un buen ejemplo. Burzum tampoco lo es ahora; es una lástima, pues desde su disco inicial, el homónimo ‘Burzum’ (1992), hasta el ‘Belus’ (2010) me ofrecen una gran carga de introspección y elocuencia. A esos discos les debo la capacidad de pensar, de racionalizar, de disfrutar en medio de momentos no siempre gratos. A otros, como Anathema, le debo lo que considero la cocreación para avanzar en la lectura y escritura durante procesos de meses, entre ellos mi tesis de maestría. Ese texto no hubiera sido posible sin los tiempos, las letras y los ritmos de ‘Serenades’ (1993), ‘The Silent Enigma’ (1995), ‘A Natural Disaster’ (2003), ‘Hindsight’ (2008), ‘We're Here Because We're Here’ (2010) y ‘Falling Deeper’ (2011).

Algunas vacaciones no serían lo mismo sin la total compañía de Anorexia Nervosa con ‘Drudenhaus’ (2000) y ‘New Obscurantis Order’ (2001). Esa velocidad y carga emocional le imprimen a los recuerdos un mayor peso. Cada canción transmite un momento y cada momento parece construido conforme el orden de las canciones. Prácticamente pasa lo mismo con Arcturus y la majestuosidad del ‘Aspera Hiems Symfonia’ (1996) y ‘The Sham Mirrors’ (2002), incluyendo la gracia de sus giros tragicómicos.



Bueno, ¿y ahora? Ahora seguro hay mucho, pero el tiempo es reducido. ¿Qué tal Belphegor? Si bien ‘Conjuring the Dead’ es un disco con poquísimos cambios a los anteriores, merece rescatarlo porque es una pieza que parece unirse muy bien a la condición del momento. Y no porque lo copie o simplemente lo ambiente, sino porque parece recoger la ambigüedad del mismo. Es rápido pero no trepidante; es denso, pero se escucha todo a la perfección; las letras mezclan algo de imaginería pero ahondan también en una dimensión más carnal y humana, naturalmente repleta de una estética del mal. Conforme avanza, brinda ambientes que hacen la diferencia para no dejarnos la sensación de la misma canción repetida 10 veces. Helmuth, todo hay que decirlo, se esfuerza, aunque a veces le salga un poco impostado (basta con verlo en vivo con sus intentos de no usar voces agudas y sus estados de poseso con pocos movimientos y muchos escupitajos).



El menos impostado y más revitalizado es Behemoth con su pieza maestra, de principio a fin, ‘The Satanist’ (2014). El disco, ¿cómo decirlo sin ser cliché?, es una obra de arte que hay que conservar porque pocos han logrado esa “simplicidad” y elocuencia después de 20 años de trayectoria. El disco parece inocular cualquier asomo de vaguedad (tan propio de ahora) y recuperar la fuerza que se conjuga mejor con la claridad. No se trata de un álbum de canciones demoniacas; es sí una construcción temática que tiene una gran base humanista que clama por la libertad, por una visión más personal. Y que no sea una justificación o crítica su paso cercano por la muerte ante la aparición del cáncer de Nergal, pues resulta evidente al desintegrar el disco que la participación de todos los integrantes nos hace hablar de un conjunto. Canciones para ser cantadas, quizá; himnos de estadio, nunca. No es un paso al mainstream sino la fuerza de la invocación al ser, a nosotros mismos. Aunque es posible que no todos estemos a la altura de lo que la búsqueda propone. Como en el mismo disco se dice: “I'm most complete yet so undone”.



Por último, el remedio. El mío.



Una confidencia: al señor Maynard James Keenan le debo la salida de varios problemas. Sí, pasando por los emocionales hasta los más prácticos, por falta de creatividad. Sí, desde que estuvo en Tool, pasando por A Perfect Circle y llegando ahora con Puscifer y ese disco magnánimo llamado ‘Money Shot’ (2015). La capacidad de estos grupos de marcar el sonido de una época es tremendo, especialmente porque lo hacen con discos completos y no con piezas sueltas. Imagino lo que podrá costar para estos grupos la elección de la canción de lanzamiento o la que producirán en video. O quizá no les cueste nada porque tienen de donde escoger. El ‘Undertow’ (1993) de Tool sale con nada menos que “Sober” y “Prison Sex”; ‘Ænima’ (1996) con su homónimo y “Stinkfist”; ¿qué decir del ‘Lateralus’ (2001)? A Perfect Circle tiene ‘Mer de Noms’ (2000) y ‘Thirteenth Step’ (2003) y ‘Emotive’ (2004). Los ejemplos sobran. Y ahora con Puscifer, el proyecto con el que no había tenido la suficiente fuerza (a mi modo de ver), rompe toda posibilidad de crítica negativa porque construye un disco que el solo evitarlo podría indicar disfunción de procesos cognitivos. No pueden dejar de destacarse los marcados bajos, las guitarras no pretensiosas, la pasividad y la emotividad y la claridad de las voces, esa batería marcada (con bombos profundos), los coros femeninos precisos y tónicos. El desarrollo nunca apresurado pero también enérgico que se conjuga a través de los 10 temas que constituyen el disco y que dejan el cuerpo en cierto letargo al cruzar por variedad de emociones, un letargo que no es más que una suerte de vacío que acongoja. Solo espero que no sea una despedida. Y si lo es, por lo menos ya lo conservo en un CD junto a ese montón de casetes originales y copiados. No vaya y yo pierda la memoria.

lunes, enero 11, 2016

Rupturas y tierra quemada

“Lo que pasó entonces lo recuerdo entre brumas”
"Eso que usted llama historia no es más que el cuento ganador"
Juan Gabriel Vásquez

Todo tiene un comienzo. Obvio. Pero lo que no es obvio es si ese momento desde el cual se desarrolla la historia es realmente el inicio de todo. Cuesta creer ahora cómo comenzó algo, pues todo inicio parte desde un punto que seguramente tiene algo de glamuroso y de cínico, de soberbio, de infantil y torpe porque en ello se expone el que habla como un centro, o por lo menos como una orilla afortunada o prodigiosa. Cuesta darle todo el crédito porque los testigos ejemplares no dejan de exponer en eso que cuentan una parte de sí mismos, de allí que sea necesario dudar de su registro.

Si después de tantos años siguen existiendo conflictos sobre las historias narradas por las víctimas del Holocausto; si en Colombia no hemos llegado a acuerdos sobre las responsabilidades en la tragedia de Armero ni sobre la toma del Palacio de Justicia ni sobre los responsables de la muerte de Rafael Uribe Uribe ni sobre los asesinos (sí, en plural) de Gaitán ni de Galán; si todas esas sombras nos persiguen aún, qué podrá esperarse de esas otras “pequeñas” historias sobre las cuales cimentamos nuestro pequeño presente. En otras palabras: ¿en quién podemos confiar sobre las historias que se cuentan? El mismo Primo Levi, víctima y narrador ejemplar del Holocausto, propuso incluso analizar la inmoralidad de las víctimas porque en sus relatos no son ajenos a los intereses personales, de allí la confesión previa a su muerte: “A estas alturas soy un profesional; me he convertido en un superviviente de profesión, casi un mercenario”. Y si dudó Levi, ¿qué podrá ser de nosotros?

Hasta el cansancio. Y con esto hay que ser honestos y claros: hasta el cansancio se han escuchado frases insostenibles como: Parabelllum fue la banda que dividió el metal de Medellín en dos; a Kraken le regalaron el triunfo de la Batalla de las Bandas porque el público estaba con Parabellum y su rompimiento social; Kraken es la banda fundacional del heavy metal en Colombia; Parabellum y Reencarnación influyeron en el sonido de Mayhem (y con ellos en el black metal noruego); “Bull Metal” se fue de Medellín porque (1) se le murió un niño en un rito, (2) por pedófilo o (3) por su homosexualidad no declarada; e historias semejantes aparecen alrededor de la muerte de Bull Metal.

Cansan, y mucho, las historias que se inventan alrededor del metal (sí, se inventan porque a todas luces es claro que no hay verificación de esa información más allá de la supuesta confianza depositada en los “testigos ejemplares” de los hechos) medios como ‘Vice’ y ‘Las 2 Orillas’ (con Virginia Mayer como su indeseado representante) y hasta libros como ‘Medellín en vivo’ y los cientos de blogs que pululan ahora y los proyectos que se denominan como salvadores del rock en Medellín, en Colombia, en la región, en qué más da.

¿Cómo medimos si Parabellum fue mejor que Kraken en la Batalla de las Bandas?, ¿de acuerdo con la algarabía, la marcación en la boletería, los criterios del jurado? ¿Hubo tiempo o no de contar las votaciones de acuerdo con las posibilidades ofrecidas por la boleta? ¿Quiénes hicieron parte del jurado? ¿Y si a la gente le gustó mucho Parabellum pero finalmente hizo su votación por Kraken? ¿Cómo se procedió con el conteo de la boletería? ¿Hubo conteo?

De acuerdo con ‘Vice’: “La música que hacían era completamente nueva para esa época. No había nadie que tocará igual de agresivo y oscuro que Parabellum, ni que generara reacciones tan frenéticas.” ¿No había o no la conocían o la negaron? ¿Cómo negar para entonces (algunos músicos, algunos medios, algunos investigadores) la existencia de bandas como Hellhammer, Napalm Death, Tank, Slayer, Vulcano, Sodom, entre otros? Ahora, lo de agresivo y oscuro es tan relativo porque se ignora un carácter accidental y no estético: ¿es igual hacer algo “oscuro” a no saber tocar, o simplemente “pintar” sobre la guitarra, dejarse llevar? ¿No importa el cómo se llega a las cosas sino el resultado? No da igual porque difícilmente existen las casualidades, pues seguro es más lógico identificar las causalidades.



No hace mucho conocí al músico Pierre Boulez. Ya murió, pero su muerte fue el último rastro de sus rupturas. Antes había dejado atrás a “víctimas como su maestro Olivier Messiaen, Igor Stravinski —a quien le boicoteó un homenaje por La consagración de la primavera—, Dimitri Shostakovich, Arnold Schönberg o John Cage”, y todo ello, recordó el diario ‘El País’ (el de España) “no le suponía ningún remordimiento. Todos ellos y algunos más sufrieron sus desprecios, sus puyas y sus ataques despiadados.” Un iconoclasta porque tenía claridad sobre sus rompimientos, pero con ello estaba también reconociendo un antepasado, un recorrido, una tierra antes habitada y ahora superada con su creación. No era el comienzo de nada, pero era un paso obligado que se reconoce y que se da por superado precisamente por ello: porque se sabe de dónde partió. Una destrucción, digámoslo así aunque sea medio trágico, que reconoce un camino y unas víctimas, aunque no por ello haya que lamentar algo. Eso sí, se reconoce saboteador, y eso, dentro de lo que queremos proponer, es importante para saber desde dónde se parte y adónde se llega.

Quedará para la posteridad una idea quizá baladí para algunos pero no por ello intrascendente: ¿qué pasaría si la historia de la música en Medellín y en Colombia no la contáramos más con la idea de la pobreza y la violencia? ¿Qué pasaría si de una vez por todas superamos el lugar común del “pobrecitos” y nos preocupamos por las pretensiones estéticas? Con ello, seguro sí, se quedarían sin trabajo muchos escribidores o periodistas o lo que ahora se requiera para seguir llenando el mundo de tinta o bits o sonidos o productos audiovisuales con pasajes como el de ‘Vice’ al hablar de ‘Rodrigo D: no futuro’: “De la mano de Meneses y Correa, Gaviria encontró el sonido y el lenguaje de esas calles empinadas y destapadas y, sobre todo, de esa pulsión incesante de sus protagonistas por enfrentar y combatir la realidad con punk o ‘pun’ atrevido, irónico, contestatario, hilarante y genuino, que echa mano del parlache”.

De esa forma se dejaría de dividir en dos el mundo del metal en Medellín, Bogotá o Colombia. De esa forma se podría contar y ver mejor lo que ha sucedido en un plano más general pero a la vez detallado de la historia musical en nuestro país. Sin embargo parece que ello es toda una utopía, o solo posible de alcanzar mediante una ucronía. Y la dificultad radica en que ello obligaría a mirarnos de nuevo, a superar una serie de mitos que, lo sabemos ahora, dejarían a algunos por fuera de la Historia. Primo Levi no se equivocaba: es posible que “a estas alturas” tengamos en nuestro hábitat unos “profesionales” sobre la historia del rock/metal/punk porque se consideran testigos ejemplares, unos “supervivientes de profesión”, casi unos “mercenarios”.