domingo, septiembre 20, 2015

Por más que odies a J, hay algo que no puedes dejar de saber (aunque no por ello dejarás de sentir lo que sientes)

Existe gente indispensable, pero esa misma gente puede terminar siendo una molestia. O es siempre indiscreta o un obstáculo, pero tenía que ser así. Hagan remembranza del pasado cercano y digan cuál es el primer concierto internacional relevante para los anales del metal en Colombia. Con ello busco referirme a la primera vez que en Colombia se pudo apreciar no solo una banda de metal del orden internacional sino una banda extrema que no estaba apegada al canon de la velocidad: fue en 1996 con la visita de Cathedral, y con ella arribó una intensidad reveladora que no había sido explorada hasta la fecha en nuestra geografía.

La agrupación británica de doom metal estuvo en Pereira, Bogotá y Bello (Antioquia) acompañada por Masacre, un evento que se considera acto de apertura para lo que vendría más adelante, pues a partir de allí llegó el death metal de Incantation a la ciudad de Bogotá, mientras que Sodom lo llevó a Medellín (1997); un año más tarde Moonspell estuvo en Bogotá y Medellín, ciudades a las que también llegó Destruction, además de Cali. La lista comenzaba a crecer a partir de entonces.
Colombia se convirtió en un escenario no necesariamente obligado pero que se tenía en cuenta durante las giras suramericanas de las agrupaciones internacionales, incluidas aquellas de gran calado como Metallica. La banda estadounidense realizó unas de las presentaciones con mayor afluencia de público de finales de los años noventa e hizo posible superar esas divisiones vistas con el black metal; aunque el grupo ya tenía a cuestas producciones como ‘Load’ (1996) y ‘Reload’ (1997), que le habían traído críticas negativas, en algunos asistentes pesó más la historia mientras que otros llegaron libres de prejuicios a ver una agrupación que pasó del underground al mainstream, y con ellos todo el apoyo de los medios masivos y la industria discográfica, permitiendo así que se unieran el gusto de masas y el gusto especializado: el concierto reunió a cerca de 100 mil personas de todo el país en el Parque Simón Bolívar (Bogotá) el 2 de mayo de 1999. Fatídico día, pienso yo.



Metallica es un buen grupo, pero un grupo ambiguo en todas las dimensiones de la palabreja. Y es ambiguo por su situación interna (por ellos mismos) y por asuntos que acá podríamos decir externos, de esos que hablan de una indudable dualidad sistemática. Cuando hablo de dualidad sistemática me refiero a nosotros como seres humanos, preciso. ¿Cuánto se ha hablado de eso de mantenerse reales?, ¿cuánto no se ha dicho sobre lo mucho que el “underground” dice detestar el “mainstream”? ¿Cuántos daños colaterales puede traer esa hibridación que es ahora tan difícil de delimitar entre lo mainstream y lo underground? Sin importar el despliegue mediático y el juego a todas las bandas que ha propuesto Metallica desde sus albores, más de 100 mil cabezas estuvieron en ese concierto de 1999. No es para rasgarse las vestiduras, pero algunos tratarán de hacerlo ahora porque J. Balvin viste las camisetas de Metallica. ¿Un desastre o estamos hablando del siempre rimbombante apoyo? Esa dinámica de yo te miro y tu me miras era o es parte de la cofradía metalera, pero hasta dónde ello permite alcanzar públicos y al mismo tiempo obliterar propósitos estéticos.

Tomada de www.shock.co

Hay también otro sujeto casi igual o más “detestado” en público que al parecer le gusta Metallica. Casualidad o no, su nombre empieza también por jota: Justin Bieber. Hay varias fotos por ahí regadas, pero también hay un video que permite corroborarlo, que es este:



Claro que sí, no lo olviden: en estos casos el apoyo debe ser recíproco. Metallica salió entonces a decir hace ya un par de años (2013) que ellos, como dudarlo, son seguidores de Bieber, que ellos también son “Beliebers”.

¿Las consecuencias? Muy variadas seguramente, pero en este caso es difícil hablar de una acción-consecuencia con resultados únicos. Lo importante es, propongo, lo que está de fondo, lo que eso está generando en estos tiempos líquidos, de apertura y de escasa concentración. Esa camiseta de Metallica junto a un Bieber bailarín tiene cerca de dos millones de reproducciones en poco más de un mes de publicado. ¿Eso no es nada? Tienen razón. Pero miren el video oficial: 170 millones de reproducciones (la canción es de Jack Ü con featuring de B).

Metallica y Bieber como fusión publicitaria. El propósito estético del metal cada vez más desvanecido, cada vez más desvencijado. ¿O simplemente sufriendo una recomposición de caracteres? Al parecer, lo que el mainstream tenía que aprender del underground, ya lo está haciendo. Y a su escala, ello significa hacerlo bien, hacerlo descaradamente funcional.

¿Me preocupan 170 millones de visualizaciones? Ello quizá sea mínimo frente a los casi 320 millones de otros odiados: David Guetta, Nicki Minaj, entre otras yerbas del pantano. Pero qué digo. Todas las anteriores cifras son un chiste frente a los cerca de 550 millones de Major Lazer y DJ Snake en “Lean On”.



Miento, miento descaradamente. 550 millones de visualizaciones no son nada si se compara con los cerca de 900 millones de reproducciones que lleva Sia con el video oficial de “Chadelier” (un video que lleva un año y algo más siendo emitido en YouTube). Bueno, y seguiría mintiendo si no paro porque están otros grupos, otros proyectos: Mark Ronson tiene 1.009 millones, Katy Perry ha alcanzado los nada despreciables 1.100 millones de visualizaciones; y esto no se detiene: Taylor Swift ha logrado 1.160 millones de reproducciones. Paremos acá, pues creo que ya se entendió la idea.

El hazlo tu mismo fue una idea de las contraculturas que hace ya un buen tiempo dejó de serles propia. Ahora vemos cómo YouTube y otros canales exploran y explotan esos principios del fanzine, de la mirada puesta en nichos, del yo te apoyo y tú me apoyas. Todo esto llama la atención porque durante tanto tiempo se explotó en dinámicas de orden internacional mediante el intercambio de cartas, casetes, LP, camisetas, etc. El consumo de la música, en el formato que fuera, era la forma de generar comunidad, de afianzar un gusto estético específico. Y todo eso era cíclico, era un gesto inacabado, era una visualización que se hacía loop y que sumaba, aunque entonces no había forma de registrarlo.

¿Cómo es posible que el mainstream, gracias a la internet, ponga en primer orden una dinámica que por años los medios de comunicación solo quisieron ver como escenario de mediación, ignorando que siempre lo importante fue el consumo?

Slayer alcanzó en solo una semana 1.895.459 reproducciones (cifra que registro mientras escribo esto) con su video más reciente. ¿Es entonces Slayer un éxito? ¿El metal un éxito de masas? ¿La cantidad es gracias a lo sonoro o a que aparece Danny Trejo? ¿El underground aplicando técnicas del mainstream? Da igual.



Nada de esto es responsabilidad de Metallica. Sin embargo, es posible que ellos sí lo vieran venir. ¿Qué responsabilidad les cabe a los iniciados por J? Quizá ellos son solo otra pieza de este engranaje que ahora funciona así. Quién sabe mañana. Quizá Metallica lo sepa. Quizás a Metallica también le guste la música de J. Balvin (y eso, todo hay que decirlo, nada tiene de malo).