domingo, marzo 15, 2015

Metalerotopía

Verdaderamente, todo énfasis es una forma de ocultación, o de engaño. Una forma de narcisismo. Una forma de kitsch.
Javier Cercas

Acá estás otra vez. No tenías por qué hacerlo pero la rueda parece no querer parar. La rueda gira y siempre lo hace en la misma dirección. Gira en la misma dirección y con el mismo trepidante rechinar. Se mueve (aunque mover es un decir) en el mismo punto; es una rueda montada sobre parafernalia estática. Estática y dolorosamente pobre.

Ahí estás otra vez. No tenías por qué hacerlo pero las mentiras y las utopías y las imprecisiones parecen no querer detenerse, aunque ya vaya siendo hora. Mejor sería lanzar esa advertencia de una vez. Y mejor digamos ADVERTENCIA para que a todos nos quede MUY claro:

Este texto es pura ficción. Algunos de los capítulos proyectan los nombres de figuras públicas «reales» en unos personajes inventados y en unas situaciones inventadas. Cuando en esta obra se utilizan los nombres de empresas, de medios de comunicación o de políticos, con ellos sólo se quiere denotar personajes, imágenes, la materia de los sueños colectivos; no denotan ni pretenden dar una información privada de personas existentes, en carne y hueso, ni vivas, ni muertas, o nada que se le parezca (David Foster Wallace. 'La niña del pelo raro', 1989).

Ahí estás otra vez. Estás leyendo un texto en un blog llamado Tornamesa en un diario que se llama ‘El Tiempo’ a alguien llamado Iván Mauricio Durán (economista aficionado a la música y al F.C. Barcelona, para mayores y difusas señas). Estás leyendo otra vez el mito desplegado con las mismas palabras, en la misma forma, en el mismo sentido, sin obviar uno solo de los mismos vacíos y las mismas ilaciones que se han venido gestando en estos 30 años (ahora sí 30 AÑOS). Eso sí, Durán es un genio que se pasa por alto criterios de investigación social básicos desde el orden cualitativo: no hizo una sola entrevista, no hizo un solo contacto con los posibles actores, no consultó material reciente; lo que sí hizo fue pasarse toda fuente documental por donde nadie tiene idea, aunque en la actualidad se tiene una idea/consideración sobre los espacios que cruzan las racionalizaciones vagas: por su única e insoslayable criba del autoconvencimiento. No cita de manera directa una sola fuente; él todo lo sabe y lo cree.

“Lo peor que hizo [Euronymous] fue enviar las fotos a Colombia, donde produjeron el álbum con Pelle muerto en la cubierta”. Las palabras entrecomilladas son expresadas por Kjetil Manheim en el documental autopromocional Once Upon a Time in Norway (minuto 21:45). ¿Por qué las traigo a colación? Espérenme un segundo sigo desarrollando la idea. Sigo: veo/leo que Manheim también dice sobre Euronymous: “Era prisionero de sus fantasías”. Ahora sí, mi punto: esas mismas y precisas palabras (las últimas, las de las fantasías; y las primeras, las del error) bien encajan en esos textos ya anacrónicos pero igual de mitológicos a los rumores que surgieran en los noventas, se extendieran hasta buena parte de los dos mil pero que ahora (2015) suenan como una triste y vacía y desasosegada reiteración. Lo que hace Durán, y con él un número importante de publicaciones que han abordado el tema, es la mezcla de hechos reales con ficciones/impresiones/suposiciones: que a Colombia llegó la foto y se convirtió en disco; que Parabellum o Reencarnación o hasta ambas influyeron en Mayhem; que hay un paralelo entre los suicidios, que la pedofilia homosexual también, que no olviden las sectas satánicas, que unos dicen Y pero los otros dicen X, pero todo igual da como resultado Z y qué más da. Así se cocinan las mejores y grandes mentiras/mitos de la historia, un material que ha sido aprovechado ya por bastantes novelistas.



Y entonces sí, ahí estás otra vez leyendo esa medio mentira o pseudoverdad. Una historia del metal en busca de una utopía, o una idea que se construye mediante una sistema irrealizable para asirse a algo de abolengo internacional, para acercarse a una estirpe que al parecer vive en un profundo espacio compartido entre algunos músicos y periodistas y seres del común que escriben en medios ahora digitales sin reparo para “enaltecer ” un momento cumbre por simple contagio, para hacerse también al triunfo de una farsa, para alimentar esas flaquezas colectivas que se alejan cada vez más de recuperar una memoria histórica pero que acrecientan (o mejor engrasan la rueda que sigue girando) ese embeleco de la importancia del metal nacional en el mundo. Esa gran forma de narcisismo al que todos tenemos derecho ahora por simple capricho.

Como propone el escritor Patricio Pon, para este tipo de situaciones en las que el pasado está regresando de manera reiterada, vacía y fuerte, existe la palabra alemana "Vergangenheitsbewältigung", la cual puede ser traducida como “la superación del pasado mediante su revisión permanente”. Esperemos que en Colombia comience a suceder algún día; esperemos que la rueda deje de detenerse en el mismo punto de la mitificación, en el mismo obtuso lugar de “la materia de los sueños colectivos” (DFW, 1989). O al menos se acepte de manera abierta que gran parte de la rueda es, como algunos de esos textos, pura ficción.