domingo, febrero 22, 2015

Así empieza lo malo. Un brevísimo e incompleto reparo

Los defensores de lo "ancestral" como justificación moral la tendrán difícil hoy con el atentado en París.
Moisés Wasserman, a propósito del atentado a Charlie Hebdo ‏

Los grupos que dieron impulso a la definición del concepto la tienen cada vez más difícil. Y no es la escasez de ideas, la distancia del público, la sobreabundancia de música y promoción, el desgaste de los escenarios conocidos o las mismas imposturas diseñadas por los protagonistas de este marco que nos acoge. Es, sí, una mezcla de todo ello lo que está permitiendo identificar el surgimiento —evidente, obtuso— de lo que desde hace tiempo se ha dado en catalogar como el fin de los tiempos, o por lo menos del fin de los tiempos tal y como los conocimos hasta no hace mucho.

Discos que pasan de largo. No importa que sea el mismo inspirador de batallas y de estilemas, de formas. ¿En qué quedó el más reciente disco de Morbid Angel? En alharaca. De entrada hay que decir que el disco no es malo; ahora, y siendo justos, de entrada hay que decir también que el disco trae una propuesta que ya no es novedosa y que se aleja de lo que era MA. Víctimas de su propio invento, trataron de tomar postura y ello les cobró factura. Es decir, se demoraron demasiado para alcanzar ese primer intento. Ahí empezó lo malo. ‘Illud Divinum Insanus’ tiene cara, estructura y fuerza. Pero no es ese punto al que llegó por lo que tanto luchó el grupo. En otros términos: es una persona adulta y conservadora que trató de cambiar, de renovarse. El lifting, su gran sin embargo, le salió mal hecho. El rostro ya estaba demasiado marcado y es evidente el retoque; su ideología, retardataria e inmodificable.



Un tratamiento semejante se lo hizo Mayhem (The True Mayhem). Salvo que con una diferencia de 11 años. A TTM le fue mejor. Claro que le costó popularidad; le costó también un repudio y un reconocimiento. Un grupo que se arriesgó y que, para bien (o para mal), no tenía en su contra la hipersensibilidad, la hipertrofiada idea de la crítica musical que hoy día se tiene. ¿A algunos no les gustó ‘Grand Declaration of War’? Seguro. Pero el disco no sufrió de esa histeria colectiva que se vive hoy a través de Twitter-Facebook-YouTube-Blog-LaSiguienteTecnologíaRedentoraQueSeTe(Nos)Ocurra y que mata por simple contagio.

La sensación ambiente que hubiese existido (científicamente hablando, más o menos), es la siguiente:
- ¿Viste lo que están diciendo del disco de los Mayhem?
- Sí, ome. Qué ****nes. Cómo sacan eso, ome.
- Es que “pillé” que es muy industrial. Y lo industrial no es metal. ¿No?
- Psssss —Eleva los ojos 7 segundos buscando una respuesta más convincente, profunda, certera—. Claro.
- Lo iba a buscar para escucharlo. No me voy a poner a comprar eso. Un vecinito creo qu…..
- Pa´qué, ome. Ni que fuera el ‘De Mysteriis’….
- Ah. Pues sí.
Y qué decir del ‘Esoteric Warfare’. Démosle paso a los hipsters en este punto. Que pase el hipster….



Quién diría. Hasta los hipster extrañan la turbulencia sonora (la original, no este pastiche de nuevo siglo) de Mayhem. Ni qué se diga de las carátulas, que tampoco son de su total agrado. Aunque trate de sonar/verse como algo clásico-seguro-medioconocido, este disco no logra ser “siniestro” (la cita es del hipster). Cuando se creía que ya era suficiente con las revistas impresas que no cambian su modelo ochentas-noventas, llegan estos videos para hacer lo mismo: reseñas. ¿Diferencias? Básicamente ninguna. Siguiendo una puesta en escena tipo meme, la dramaturgia deja de fondo lo musical. ¿De qué era que estábamos hablando? Ah, sí, de Música.

Escúchese, completo, el ‘Και ο λόγος σάρξ εγένετο’ (2013) de Naer Mataron. Dese tiempo. Vaya y después regresa. No me salga con que solo escuchó The Light Beare o Demon's Lord. Pase por The Magus y dele la oportunidad a los 14 minutos de Kai o Logos Sarx Egeneto. Es un disco variopinto y completo. Un disco que pelea con la monotonía, con la repetición. Dirán: ¡Qué lejos está de eminencias como el ‘Skotos Aenaon' (2000)! Quizás. Aunque es un buen disco. Eso sí, no influenciará. No retumbará. Ya no hay tiempo para escuchar ni discutir los discos completos. Y así, ya lo intuyó lector comedido, no hay forma de darle paso a nada más. Unos porque llegaron tarde, otros porque se han vuelto paisaje (Satyricon, Katatonia, Behemoth) y los demás porque no, porque buscar exige tiempo y estamos ocupados tuiteando.



Espero que haya quedado claro. Bueno, en caso de que no sea así, soy explícito: es de reconocer que hay grupos que siguen trabajando por sus sonidos. Unos más innovadores que otros; unos más ajustados que otros; unos más temerosos/desconocedores que otros. Las variables son innombrables, pero es importante destacar que donde algunos han visto que está comenzando lo malo, es porque en definitiva no están mirando más allá de sus esquinas. O como dice Bael (Presagio, Nebiros) en una entrevista que le diera a la revista ‘Crónicas Estigias’: “Tú, con tu estudio, con tu dedicación, te puedes volver un buen músico, pero eso no te va a garantizar ser un gran metalero”. En esas palabras de carga fundamentalista hay una base importante para comprender el problema, para acercarse al metal en su dimensión más completa y compleja posible (no solo como expresión sonora); hay allí una expresión que funciona como mantra, como vaga idea justificadora que por su reiteración anula toda posibilidad de creación artística porque ese metal, hasta cierto GRAN punto (el énfasis lo hizo Bael y yo lo reitero), es un asunto de artesanos. Es decir, no hay exploración ni creatividad, hay repetición, fórmula y una forma de sustento, por qué no decirlo, algo precaria.

Dudo de esas limitaciones. Dudo porque si bien no es un ejercicio novedoso, Satyricon no hubiese podido hacer una magistral composición que repele la pereza mental y ejecutoria. No podría en diálogo (y dicen que eso es inteligencia) dos escenarios sonoros que tienen diversos elementos en común [aunque esa es otra historia].



Para terminar: esa idea de lo artesanal, de lo técnico/estudioso como insuficiente, es un mantra, una estratagema. Es, básicamente, la estrategia de la mentira: para ser un impostor hay que saber fingirlo, y eso trae consigo el riesgo/control de los estereotipos y la prevalencia de las ideologías por encima de las ideas. Pero por ahora dejo acá, pues esto ya se va como extendiendo.