lunes, noviembre 16, 2015

McMetal en combo

Dame un combo McMetal, por favor.

Sí, escuchó bien.

¿Qué no entiende?

¿Sabe qué?, llámeme a la otra niña. A la de allá.

Esa, sí.

***

Hola. Dame por favor un combo McMetal. Para llevar.

¿Cómo lo quiero?

¿Me lo dice en serio?

¿Cualquier variación? Ustedes son unos genios. Para serle honesto, me gustaba la versión tradicional: rápido, negro, breve y distorsionado. Pero seamos honestos, está un poco vintage y un poco grasosa.

Sí. Jajajajaja. Estaba ganando un “poquito” de peso de tanto comerlo. Y me estaba fatigando.

Sí, ese componente estrambótico está bien. Ya casi no se encuentra ese condimento.

Tiene razón. Mire usted que hemos entrado en una parálisis musical tremenda. Hay como mucho desinterés, me parece...

Es cierto. Como un desánimo intelectual, por llamarlo de alguna forma para que nos entendamos y yo no la demore mucho más.

Totalmente de acuerdo. Esa falta de pasión por lo que se hace ahora. Es que mire usted, es un absoluto desconocimiento de la historia.

Claro que la sigo.

Por eso le decía que son unos genios. Con estos McMetal en combo uno, y ustedes porque todo hay que decirlo, va a la fija.

Pero por supuesto. No falta el que le parece repetido, pero ahí está el éxito del negocio: uno sabe que el sabor es bueno porque ya lo probó desde hace chorrocientos años.

Sí, sí, para llevar. Nada como comer en casa...

Venga, una duda. Pero solo por preguntar: ¿me dice que el McMetal fast tiene Slipknot, Cannibal Corpse y Dimmu Borgir? ¿No les parece raro eso?

Me tiene que estar tomando el pelo. ¿Sabe como a Fleshgod Apocallypse?



No, no, no. Yo paso. Venga le pregunto así como por joder. Y tienen algo más como... tipo Entombed, Six Feed Under y… ¿Coal Chamber y Murderdolls?....



No le creo. ¿Attila? Niña, creo que está confundida. No vaya y la escuche la gente de Mayhem porque...
....
Noooooooo. Mejor no le sigo dando ideas. Mentiras, cuáles ideas si este negocio ya está montado. Venga y si probamos…



Nooooooooooooo. Carajo, pero ustedes ya tienen la fórmula para todo esto. Tremendo negocio el que se montaron ustedes…

Sí, por supuesto, es con todo respeto. Venga, deme mejor el McMetal nonogenario...

Jejejeje, claro, claro. Es que no sé, no tiene taaaaaantos años y al mismo tiempo es una forma de entenderlo. Como ir a la fija, ¿me entiende?

Jeje, sí ¿Ve que hasta usted sabía a qué me refería?

Por supuesto. Venga, y me llevo también esa mezcla neothrash con su recubierta tipo toxoplasmosis...
...
Exactooooooooo. ¿Cuánto le debo?

domingo, septiembre 20, 2015

Por más que odies a J, hay algo que no puedes dejar de saber (aunque no por ello dejarás de sentir lo que sientes)

Existe gente indispensable, pero esa misma gente puede terminar siendo una molestia. O es siempre indiscreta o un obstáculo, pero tenía que ser así. Hagan remembranza del pasado cercano y digan cuál es el primer concierto internacional relevante para los anales del metal en Colombia. Con ello busco referirme a la primera vez que en Colombia se pudo apreciar no solo una banda de metal del orden internacional sino una banda extrema que no estaba apegada al canon de la velocidad: fue en 1996 con la visita de Cathedral, y con ella arribó una intensidad reveladora que no había sido explorada hasta la fecha en nuestra geografía.

La agrupación británica de doom metal estuvo en Pereira, Bogotá y Bello (Antioquia) acompañada por Masacre, un evento que se considera acto de apertura para lo que vendría más adelante, pues a partir de allí llegó el death metal de Incantation a la ciudad de Bogotá, mientras que Sodom lo llevó a Medellín (1997); un año más tarde Moonspell estuvo en Bogotá y Medellín, ciudades a las que también llegó Destruction, además de Cali. La lista comenzaba a crecer a partir de entonces.
Colombia se convirtió en un escenario no necesariamente obligado pero que se tenía en cuenta durante las giras suramericanas de las agrupaciones internacionales, incluidas aquellas de gran calado como Metallica. La banda estadounidense realizó unas de las presentaciones con mayor afluencia de público de finales de los años noventa e hizo posible superar esas divisiones vistas con el black metal; aunque el grupo ya tenía a cuestas producciones como ‘Load’ (1996) y ‘Reload’ (1997), que le habían traído críticas negativas, en algunos asistentes pesó más la historia mientras que otros llegaron libres de prejuicios a ver una agrupación que pasó del underground al mainstream, y con ellos todo el apoyo de los medios masivos y la industria discográfica, permitiendo así que se unieran el gusto de masas y el gusto especializado: el concierto reunió a cerca de 100 mil personas de todo el país en el Parque Simón Bolívar (Bogotá) el 2 de mayo de 1999. Fatídico día, pienso yo.



Metallica es un buen grupo, pero un grupo ambiguo en todas las dimensiones de la palabreja. Y es ambiguo por su situación interna (por ellos mismos) y por asuntos que acá podríamos decir externos, de esos que hablan de una indudable dualidad sistemática. Cuando hablo de dualidad sistemática me refiero a nosotros como seres humanos, preciso. ¿Cuánto se ha hablado de eso de mantenerse reales?, ¿cuánto no se ha dicho sobre lo mucho que el “underground” dice detestar el “mainstream”? ¿Cuántos daños colaterales puede traer esa hibridación que es ahora tan difícil de delimitar entre lo mainstream y lo underground? Sin importar el despliegue mediático y el juego a todas las bandas que ha propuesto Metallica desde sus albores, más de 100 mil cabezas estuvieron en ese concierto de 1999. No es para rasgarse las vestiduras, pero algunos tratarán de hacerlo ahora porque J. Balvin viste las camisetas de Metallica. ¿Un desastre o estamos hablando del siempre rimbombante apoyo? Esa dinámica de yo te miro y tu me miras era o es parte de la cofradía metalera, pero hasta dónde ello permite alcanzar públicos y al mismo tiempo obliterar propósitos estéticos.

Tomada de www.shock.co

Hay también otro sujeto casi igual o más “detestado” en público que al parecer le gusta Metallica. Casualidad o no, su nombre empieza también por jota: Justin Bieber. Hay varias fotos por ahí regadas, pero también hay un video que permite corroborarlo, que es este:



Claro que sí, no lo olviden: en estos casos el apoyo debe ser recíproco. Metallica salió entonces a decir hace ya un par de años (2013) que ellos, como dudarlo, son seguidores de Bieber, que ellos también son “Beliebers”.

¿Las consecuencias? Muy variadas seguramente, pero en este caso es difícil hablar de una acción-consecuencia con resultados únicos. Lo importante es, propongo, lo que está de fondo, lo que eso está generando en estos tiempos líquidos, de apertura y de escasa concentración. Esa camiseta de Metallica junto a un Bieber bailarín tiene cerca de dos millones de reproducciones en poco más de un mes de publicado. ¿Eso no es nada? Tienen razón. Pero miren el video oficial: 170 millones de reproducciones (la canción es de Jack Ü con featuring de B).

Metallica y Bieber como fusión publicitaria. El propósito estético del metal cada vez más desvanecido, cada vez más desvencijado. ¿O simplemente sufriendo una recomposición de caracteres? Al parecer, lo que el mainstream tenía que aprender del underground, ya lo está haciendo. Y a su escala, ello significa hacerlo bien, hacerlo descaradamente funcional.

¿Me preocupan 170 millones de visualizaciones? Ello quizá sea mínimo frente a los casi 320 millones de otros odiados: David Guetta, Nicki Minaj, entre otras yerbas del pantano. Pero qué digo. Todas las anteriores cifras son un chiste frente a los cerca de 550 millones de Major Lazer y DJ Snake en “Lean On”.



Miento, miento descaradamente. 550 millones de visualizaciones no son nada si se compara con los cerca de 900 millones de reproducciones que lleva Sia con el video oficial de “Chadelier” (un video que lleva un año y algo más siendo emitido en YouTube). Bueno, y seguiría mintiendo si no paro porque están otros grupos, otros proyectos: Mark Ronson tiene 1.009 millones, Katy Perry ha alcanzado los nada despreciables 1.100 millones de visualizaciones; y esto no se detiene: Taylor Swift ha logrado 1.160 millones de reproducciones. Paremos acá, pues creo que ya se entendió la idea.

El hazlo tu mismo fue una idea de las contraculturas que hace ya un buen tiempo dejó de serles propia. Ahora vemos cómo YouTube y otros canales exploran y explotan esos principios del fanzine, de la mirada puesta en nichos, del yo te apoyo y tú me apoyas. Todo esto llama la atención porque durante tanto tiempo se explotó en dinámicas de orden internacional mediante el intercambio de cartas, casetes, LP, camisetas, etc. El consumo de la música, en el formato que fuera, era la forma de generar comunidad, de afianzar un gusto estético específico. Y todo eso era cíclico, era un gesto inacabado, era una visualización que se hacía loop y que sumaba, aunque entonces no había forma de registrarlo.

¿Cómo es posible que el mainstream, gracias a la internet, ponga en primer orden una dinámica que por años los medios de comunicación solo quisieron ver como escenario de mediación, ignorando que siempre lo importante fue el consumo?

Slayer alcanzó en solo una semana 1.895.459 reproducciones (cifra que registro mientras escribo esto) con su video más reciente. ¿Es entonces Slayer un éxito? ¿El metal un éxito de masas? ¿La cantidad es gracias a lo sonoro o a que aparece Danny Trejo? ¿El underground aplicando técnicas del mainstream? Da igual.



Nada de esto es responsabilidad de Metallica. Sin embargo, es posible que ellos sí lo vieran venir. ¿Qué responsabilidad les cabe a los iniciados por J? Quizá ellos son solo otra pieza de este engranaje que ahora funciona así. Quién sabe mañana. Quizá Metallica lo sepa. Quizás a Metallica también le guste la música de J. Balvin (y eso, todo hay que decirlo, nada tiene de malo).

domingo, agosto 02, 2015

Nuevos malestares, viejos malestares

Estaba pensando que quizá el 2015 sea un año importante en términos musicales para el metal como lo fue 1996. Digo quizá porque no soy un estadista ni tengo el respaldo de un número importante de energúmenos (tuiteros, ‘facebookceros’) para decir que claramente es así, aunque de alguna manera percibo que el 2015 es la versión exacerbada de 1996.

Al grano: Pantera publicó The Great Southern Trendkill (1996); Ulver sacó un producto acústico, atmosférico y minimalista como el álbum Kveldssanger (1996); Sepultura, sí señores, llegó con Roots (1996); Masacre, con la productora independiente Lorito Records, arribó con el Sacro (1996); ya por fuera de Masacre, Mauricio Montoya publica a través de su sello discográfico Warmaster Records el Unholy Trilogy (1996), el único disco de su banda Typhon. ¿Es muy poco? Claro que sí, pero por favor no se queden solo con la cantidad. Piensen que ese mismo año dos grupos bien conocidos, en distintas dimensiones, salieron con discos problemáticos para sus seguidores más acérrimos: Reencarnación llegó con su álbum Egipto (1996) y a Metallica se le ocurrió sacar el Load (1996).

En 1996, sigo, la agrupación sudamericana Sarcófago publicó el larga duración titulado, no gratuitamente, The Worst. Este disco, que fue grabado con batería programada digitalmente, cuenta con canciones esclarecedoras sobre el momento de desencanto que se vivía entonces: ‘Purification Process’, ‘Army of the Damned (The Prozac's Generation)’ y ‘Shave your Heads’ son algunos de los temas, de donde vale la pena rescatar unas líneas de éste último:
Long hairs is not more,
a mark of the braves.
It became just a fashion,
and had lost it's anger. 
Alcohol in their guts, tattooing their arms.
The orgy goes night after night,
acting like bastards, to show their uprising.
Stop this while you still got time!!!

¿Que no es suficiente? Veo que están demandantes, pero tienen razón. Acá voy: después del rol que tuvieran Mauricio Montoya y César Mejía en la radio, puede hablarse de Román González con Corrosivo, programa que se emitió en vivo los domingos a las 11 de la noche a través de la emisora Radioacktiva (Medellín) desde 1996. Quienes tenían la posibilidad de acceder a señal de televisión internacional, pudieron observar que en 1996 la banda bogotana Neurosis Inc llegó al canal latino de MTV, específicamente al espacio Headbangers Ball, con el video de la canción ‘Verdun 1916’ (el mismo que le diera título al álbum de 1995). Por último: la primera vez que Colombia pudo apreciar no solo una banda de metal del orden internacional sino una banda extrema que no estaba apegada al canon de la velocidad fue en 1996, cuando fue visitada por Cathedral.

El recuento no es gratuito. Como logran apreciar (aunque me siguen faltando referencias y podría comenzar a ser cansón), 1996 marcó un giro de tuerca: por un lado podríamos hablar de un buen momento musical gracias al número de producciones, a la atención de los medios, al despligue técnico/tecnológico, a los conciertos importantes en Colombia; de otro lado está la cierta desazón que se percibe en el ambiente: cambios en la configuración del metal, tendencias sonoras inesperadas y hasta desagradables para algunos.

Ese mismo movimiento es el que precisamente parece estar viviéndose ahora mientras yo escribo y ustedes leen, aunque en unas dimensiones más notorias gracias (¿o lamentablemente?) al uso de internet. Para la muestra, un pantallazo:


El descubrimiento no es tal, pero asusta. La razón: no es de extrañar que mucha gente escuche un tipo de música; lo que llama al asombro es que esa música se haya considerado underground durante tanto tiempo (incluso en este mismo segundo que pasa). Quiero decir: lo que asusta es que nos sorprendamos ahora ante algo tan evidente: que el modelo underground en el metal no existe, que es insostebible desde antes del cambio de siglo, aunque se quiera persistir en ello. Que precisamente desde 1996 se dio una vuelta de tuerca que anunciaba lo que apenas ahora muchos han notado por el uso de las bases de datos, la digitalización de todos los procesos, por la convergencia de la tecnología, por la explosión de las redes sociales y el ascenso (¿?) del underground hacia el mainstream desde lo sonoro y el caos de la costura, de la moda. (Algo más o menos en ese orden lo dije acá mismo en 2013).


El 2015 nos abruma con las curvas de Kim Kardashian enfundando una camiseta de Metallica y una chaqueta de cuero. También con Kayne West haciendo lo propio con una de Megadeth. Pero no todo son penas en la vida. Este año trae consigo el más reciente disco de Paradise Lost, el de My Dying Bride y el de Arcturus, también un gigante álbum en vivo de Satyricon, un desconectado a todas luces abrumador de Katatonia, una tremenda reaparición de Gorgoroth y de Marduk, además de Carach Angren, Napalm Death, Hate, Venom, el siempre bienvenido Leviathan, el en cierta medida desenfocado Moonspell, el incansable perturbador de Nicklas con Shining, el no quiero perderme la fiesta de lo retro Cradle of Filth, los acá seguimos firmes y contundentes Cattle Decapitation. Y la lista seguiría pero me detengo porque hay que detenerse a pensar sobre lo que está pasando. O quizá no sea necesario hacerlo mucho porque ya sabemos hacia dónde van las cosas. No se trata de una gran novedad. Acá vamos de nuevo viviendo algo cercano a lo que vivimos en 1996 y que seguro otros con mejor memoria y más años tendrán en estos momentos su propio déjà vu. No se trata de algo esencialmente nuevo. O quizá lo sea para quienes solo se fijan en el aparataje, para quienes no se concentran en los detalles.


domingo, mayo 24, 2015

Paradise Lost y el nuevo pasado

De hoy más, ya conocemos su poder como conocemos el nuestro, de modo que no provoquemos ni rehuyamos con temor cualquier guerra a que se nos provoque.
John Milton

A Paradise Lost no le prestaba atención (digámoslo así) desde su ‘Faith Divides Us -Death Unites Us’, es decir, desde el año 2009. No me siento orgulloso de esa distancia, pues se trata de una agrupación que ha explorado estéticas y en cada una de ellas ha logrado hacer surgir componentes que quizá no sean nuevos pero que a ellos (los integrantes del grupo) les salen notoriamente bien. Por esa misma razón, lo que será su disco ‘The Plague Within’ (saldrá en junio de 2015) no es una novedad ni propone un nuevo resorte al ya amplío y escasamente abarcable escenario del metal, pero sí que conmueve. Conmueve, sí; escojo esa palabreja no como parte del fenómeno retro, al cual fácilmente se me puede relacionar por ser parte de los ahora conocidos como “adultos contemporáneos”. Conmueve, decía, porque escuchar esos tempos, esas voces, ese estado catatónico acompasado de un cierto ambiente minimalista me resulta fuerte, áspero, revitalizante, introspectivo. Todos esos términos, les propongo, entran en ese metarrelato que se construye con la expresión CONMOVEDOR.



Conmueve porque cada fibra parece estar en su lugar. La voz, profunda, evoca pasajes familiares “Before us the King”; así como pasajes cómodos que no hacen más que parte de la memoria “As lifeless hearts sink”, y también aquellos que ya son miseria “You wish to die” para todos “A light no one sees”.

Cada título de este disco parece compuesto para ser descompuesto. Pero la disección no sería una tarea sencilla. “No Hope in Sight”, tema con el que abren esta nueva producción, parece una mezcla más cercana al recorrido ya familiar de PL, aunque no por ello deja de ser igualmente contundente. El solo título dice mucho de lo que estaba en las cabezas de estos británicos con ya casi 30 años a cuestas: Sin esperanza a la vista (quizá mi traducción no suene tan poética ni enérgica y fatalista como puede serlo en inglés) encierra un mundo de desahucio y convicción ante los ojos. Los años que pasan y las palabras que se convierten en declaraciones que seguro escapan a la interpretación.



Este disco no es más, y ni se les ocurra pensar que menos, que las demás obras de PL. Es el resultado, fehaciente, de su trasegar; es, así quiero verlo, como una gran acumulación de experiencias. En parte posee un “Return to the Sun” (no es gratuito que cierren con ese título generoso con la historia) y un ineludible tajo de “Victim of the Past”; es un verse en el espejo para darse cuenta de lo hecho y la necesidad de reconocerse “Punishment Through Time”, de “Cry Out” (pero con voz gutural).

No es una ilación desesperada o azarosa sino deliberada. Presten atención a las letras, sí, pero también a las notas y a la afinación y a los tonos de las guitarras; escuchen con atención la sencillez de las baterías, que no son planas sino ajustadas, precisas. Es como si todo con Paradise Lost retornara a la idea base que los rige desde su constitución con John Milton encumbrando la gesta; una especie de regreso a la génesis mediante un giro espiralado que por supuesto no los lleva al punto cero, sino que les permite pasarlo y, de una manera críptica, ubicar un nuevo suspense de su original doom/death que atrapa y, claro que sí, conmueve. Conmueve desde hoy hasta las raíces de la experiencia (ya cada quien sabrá dónde ubicarla).

domingo, marzo 15, 2015

Metalerotopía

Verdaderamente, todo énfasis es una forma de ocultación, o de engaño. Una forma de narcisismo. Una forma de kitsch.
Javier Cercas

Acá estás otra vez. No tenías por qué hacerlo pero la rueda parece no querer parar. La rueda gira y siempre lo hace en la misma dirección. Gira en la misma dirección y con el mismo trepidante rechinar. Se mueve (aunque mover es un decir) en el mismo punto; es una rueda montada sobre parafernalia estática. Estática y dolorosamente pobre.

Ahí estás otra vez. No tenías por qué hacerlo pero las mentiras y las utopías y las imprecisiones parecen no querer detenerse, aunque ya vaya siendo hora. Mejor sería lanzar esa advertencia de una vez. Y mejor digamos ADVERTENCIA para que a todos nos quede MUY claro:

Este texto es pura ficción. Algunos de los capítulos proyectan los nombres de figuras públicas «reales» en unos personajes inventados y en unas situaciones inventadas. Cuando en esta obra se utilizan los nombres de empresas, de medios de comunicación o de políticos, con ellos sólo se quiere denotar personajes, imágenes, la materia de los sueños colectivos; no denotan ni pretenden dar una información privada de personas existentes, en carne y hueso, ni vivas, ni muertas, o nada que se le parezca (David Foster Wallace. 'La niña del pelo raro', 1989).

Ahí estás otra vez. Estás leyendo un texto en un blog llamado Tornamesa en un diario que se llama ‘El Tiempo’ a alguien llamado Iván Mauricio Durán (economista aficionado a la música y al F.C. Barcelona, para mayores y difusas señas). Estás leyendo otra vez el mito desplegado con las mismas palabras, en la misma forma, en el mismo sentido, sin obviar uno solo de los mismos vacíos y las mismas ilaciones que se han venido gestando en estos 30 años (ahora sí 30 AÑOS). Eso sí, Durán es un genio que se pasa por alto criterios de investigación social básicos desde el orden cualitativo: no hizo una sola entrevista, no hizo un solo contacto con los posibles actores, no consultó material reciente; lo que sí hizo fue pasarse toda fuente documental por donde nadie tiene idea, aunque en la actualidad se tiene una idea/consideración sobre los espacios que cruzan las racionalizaciones vagas: por su única e insoslayable criba del autoconvencimiento. No cita de manera directa una sola fuente; él todo lo sabe y lo cree.

“Lo peor que hizo [Euronymous] fue enviar las fotos a Colombia, donde produjeron el álbum con Pelle muerto en la cubierta”. Las palabras entrecomilladas son expresadas por Kjetil Manheim en el documental autopromocional Once Upon a Time in Norway (minuto 21:45). ¿Por qué las traigo a colación? Espérenme un segundo sigo desarrollando la idea. Sigo: veo/leo que Manheim también dice sobre Euronymous: “Era prisionero de sus fantasías”. Ahora sí, mi punto: esas mismas y precisas palabras (las últimas, las de las fantasías; y las primeras, las del error) bien encajan en esos textos ya anacrónicos pero igual de mitológicos a los rumores que surgieran en los noventas, se extendieran hasta buena parte de los dos mil pero que ahora (2015) suenan como una triste y vacía y desasosegada reiteración. Lo que hace Durán, y con él un número importante de publicaciones que han abordado el tema, es la mezcla de hechos reales con ficciones/impresiones/suposiciones: que a Colombia llegó la foto y se convirtió en disco; que Parabellum o Reencarnación o hasta ambas influyeron en Mayhem; que hay un paralelo entre los suicidios, que la pedofilia homosexual también, que no olviden las sectas satánicas, que unos dicen Y pero los otros dicen X, pero todo igual da como resultado Z y qué más da. Así se cocinan las mejores y grandes mentiras/mitos de la historia, un material que ha sido aprovechado ya por bastantes novelistas.



Y entonces sí, ahí estás otra vez leyendo esa medio mentira o pseudoverdad. Una historia del metal en busca de una utopía, o una idea que se construye mediante una sistema irrealizable para asirse a algo de abolengo internacional, para acercarse a una estirpe que al parecer vive en un profundo espacio compartido entre algunos músicos y periodistas y seres del común que escriben en medios ahora digitales sin reparo para “enaltecer ” un momento cumbre por simple contagio, para hacerse también al triunfo de una farsa, para alimentar esas flaquezas colectivas que se alejan cada vez más de recuperar una memoria histórica pero que acrecientan (o mejor engrasan la rueda que sigue girando) ese embeleco de la importancia del metal nacional en el mundo. Esa gran forma de narcisismo al que todos tenemos derecho ahora por simple capricho.

Como propone el escritor Patricio Pon, para este tipo de situaciones en las que el pasado está regresando de manera reiterada, vacía y fuerte, existe la palabra alemana "Vergangenheitsbewältigung", la cual puede ser traducida como “la superación del pasado mediante su revisión permanente”. Esperemos que en Colombia comience a suceder algún día; esperemos que la rueda deje de detenerse en el mismo punto de la mitificación, en el mismo obtuso lugar de “la materia de los sueños colectivos” (DFW, 1989). O al menos se acepte de manera abierta que gran parte de la rueda es, como algunos de esos textos, pura ficción.

domingo, febrero 22, 2015

Así empieza lo malo. Un brevísimo e incompleto reparo

Los defensores de lo "ancestral" como justificación moral la tendrán difícil hoy con el atentado en París.
Moisés Wasserman, a propósito del atentado a Charlie Hebdo ‏

Los grupos que dieron impulso a la definición del concepto la tienen cada vez más difícil. Y no es la escasez de ideas, la distancia del público, la sobreabundancia de música y promoción, el desgaste de los escenarios conocidos o las mismas imposturas diseñadas por los protagonistas de este marco que nos acoge. Es, sí, una mezcla de todo ello lo que está permitiendo identificar el surgimiento —evidente, obtuso— de lo que desde hace tiempo se ha dado en catalogar como el fin de los tiempos, o por lo menos del fin de los tiempos tal y como los conocimos hasta no hace mucho.

Discos que pasan de largo. No importa que sea el mismo inspirador de batallas y de estilemas, de formas. ¿En qué quedó el más reciente disco de Morbid Angel? En alharaca. De entrada hay que decir que el disco no es malo; ahora, y siendo justos, de entrada hay que decir también que el disco trae una propuesta que ya no es novedosa y que se aleja de lo que era MA. Víctimas de su propio invento, trataron de tomar postura y ello les cobró factura. Es decir, se demoraron demasiado para alcanzar ese primer intento. Ahí empezó lo malo. ‘Illud Divinum Insanus’ tiene cara, estructura y fuerza. Pero no es ese punto al que llegó por lo que tanto luchó el grupo. En otros términos: es una persona adulta y conservadora que trató de cambiar, de renovarse. El lifting, su gran sin embargo, le salió mal hecho. El rostro ya estaba demasiado marcado y es evidente el retoque; su ideología, retardataria e inmodificable.



Un tratamiento semejante se lo hizo Mayhem (The True Mayhem). Salvo que con una diferencia de 11 años. A TTM le fue mejor. Claro que le costó popularidad; le costó también un repudio y un reconocimiento. Un grupo que se arriesgó y que, para bien (o para mal), no tenía en su contra la hipersensibilidad, la hipertrofiada idea de la crítica musical que hoy día se tiene. ¿A algunos no les gustó ‘Grand Declaration of War’? Seguro. Pero el disco no sufrió de esa histeria colectiva que se vive hoy a través de Twitter-Facebook-YouTube-Blog-LaSiguienteTecnologíaRedentoraQueSeTe(Nos)Ocurra y que mata por simple contagio.

La sensación ambiente que hubiese existido (científicamente hablando, más o menos), es la siguiente:
- ¿Viste lo que están diciendo del disco de los Mayhem?
- Sí, ome. Qué ****nes. Cómo sacan eso, ome.
- Es que “pillé” que es muy industrial. Y lo industrial no es metal. ¿No?
- Psssss —Eleva los ojos 7 segundos buscando una respuesta más convincente, profunda, certera—. Claro.
- Lo iba a buscar para escucharlo. No me voy a poner a comprar eso. Un vecinito creo qu…..
- Pa´qué, ome. Ni que fuera el ‘De Mysteriis’….
- Ah. Pues sí.
Y qué decir del ‘Esoteric Warfare’. Démosle paso a los hipsters en este punto. Que pase el hipster….



Quién diría. Hasta los hipster extrañan la turbulencia sonora (la original, no este pastiche de nuevo siglo) de Mayhem. Ni qué se diga de las carátulas, que tampoco son de su total agrado. Aunque trate de sonar/verse como algo clásico-seguro-medioconocido, este disco no logra ser “siniestro” (la cita es del hipster). Cuando se creía que ya era suficiente con las revistas impresas que no cambian su modelo ochentas-noventas, llegan estos videos para hacer lo mismo: reseñas. ¿Diferencias? Básicamente ninguna. Siguiendo una puesta en escena tipo meme, la dramaturgia deja de fondo lo musical. ¿De qué era que estábamos hablando? Ah, sí, de Música.

Escúchese, completo, el ‘Και ο λόγος σάρξ εγένετο’ (2013) de Naer Mataron. Dese tiempo. Vaya y después regresa. No me salga con que solo escuchó The Light Beare o Demon's Lord. Pase por The Magus y dele la oportunidad a los 14 minutos de Kai o Logos Sarx Egeneto. Es un disco variopinto y completo. Un disco que pelea con la monotonía, con la repetición. Dirán: ¡Qué lejos está de eminencias como el ‘Skotos Aenaon' (2000)! Quizás. Aunque es un buen disco. Eso sí, no influenciará. No retumbará. Ya no hay tiempo para escuchar ni discutir los discos completos. Y así, ya lo intuyó lector comedido, no hay forma de darle paso a nada más. Unos porque llegaron tarde, otros porque se han vuelto paisaje (Satyricon, Katatonia, Behemoth) y los demás porque no, porque buscar exige tiempo y estamos ocupados tuiteando.



Espero que haya quedado claro. Bueno, en caso de que no sea así, soy explícito: es de reconocer que hay grupos que siguen trabajando por sus sonidos. Unos más innovadores que otros; unos más ajustados que otros; unos más temerosos/desconocedores que otros. Las variables son innombrables, pero es importante destacar que donde algunos han visto que está comenzando lo malo, es porque en definitiva no están mirando más allá de sus esquinas. O como dice Bael (Presagio, Nebiros) en una entrevista que le diera a la revista ‘Crónicas Estigias’: “Tú, con tu estudio, con tu dedicación, te puedes volver un buen músico, pero eso no te va a garantizar ser un gran metalero”. En esas palabras de carga fundamentalista hay una base importante para comprender el problema, para acercarse al metal en su dimensión más completa y compleja posible (no solo como expresión sonora); hay allí una expresión que funciona como mantra, como vaga idea justificadora que por su reiteración anula toda posibilidad de creación artística porque ese metal, hasta cierto GRAN punto (el énfasis lo hizo Bael y yo lo reitero), es un asunto de artesanos. Es decir, no hay exploración ni creatividad, hay repetición, fórmula y una forma de sustento, por qué no decirlo, algo precaria.

Dudo de esas limitaciones. Dudo porque si bien no es un ejercicio novedoso, Satyricon no hubiese podido hacer una magistral composición que repele la pereza mental y ejecutoria. No podría en diálogo (y dicen que eso es inteligencia) dos escenarios sonoros que tienen diversos elementos en común [aunque esa es otra historia].



Para terminar: esa idea de lo artesanal, de lo técnico/estudioso como insuficiente, es un mantra, una estratagema. Es, básicamente, la estrategia de la mentira: para ser un impostor hay que saber fingirlo, y eso trae consigo el riesgo/control de los estereotipos y la prevalencia de las ideologías por encima de las ideas. Pero por ahora dejo acá, pues esto ya se va como extendiendo.