jueves, diciembre 18, 2014

El diablo es un hombre [bastante] ocupado

“Le pedí a papá que me explicara cuál era la moraleja de aquello y me dijo que debía de ser que no se podía enseñar a cantar a un cerdo…” 
David Foster Wallace


Las experiencias encontradas son algo común. Es decir, hay ciertos momentos que nos hacen vivir sensaciones que se confrontan, que se debaten; incluso por nimiedades, algunas veces. Por ejemplo, en el caso del concierto de Enthroned en Medellín se presenta un pequeño debate interno en el que perder no es ganar un poco. Perder es perder, pero no porque el concierto se haya realizado. Para nada. Un puñado de personas logró asistir al concierto y ver a Enthroned, y también a Blood Red Throne, a Nervo Chaos, a Al Demonio. Por ese lado, todo muy bien: buen concierto, buenas bandas, buen espacio y acústica. ¿Qué fue un martes? Da igual, eso no le resta nada. Gran concierto.



¿Entonces? Entonces resulta que ese concierto no era el concierto. Bueno, ese fue el concierto porque el otro no fue. Sí, eso. Precisamente eso. Hagamos de cuenta que compraste una boleta para ver una banda de black metal en vivo, o de lo que sea, una banda de lo que sea en vivo. La compras en abril. La compras ese mes porque se programó para mayo. Eres una de esas personas que se programa y por eso la compras previamente. Compras la boleta pero el concierto no se realiza, por razones de cualquier índole. No vienen al caso las razones si quien organiza saber organizar, tramitar, etcétera. Para eso son los contratos, dicen los abogados y lo que se atienen a las pruebas. Pues bien, el concierto no se realiza. Te decepcionas un poco, lo lamentas, pero entiendes. Eres una persona que sabe comprender. Las cosas pasan, nada qué hacer. Te atienes a las condiciones de compra.

La persona razonable se atiene a las condiciones (que pone el vendedor y el realizador). Espera. Surge una segunda propuesta de concierto (no con la banda por la que se animó a comprar la boleta) que si bien puede resultar interesante, no es la que pagó. Entonces se atiene. Espera que se cumplan los plazos para la devolución del dinero. Hay un silencio enorme, una espera larga. Se cumplen los plazos y sigue el silencio. 2 meses, 3 meses, 4 meses, 5 meses de silencio. La persona razonable busca respuestas. ¿Y su dinero, o su concierto? Nunca le ha pasado eso con otros conciertos que se han cancelado; nunca le ha pasado eso ni cuando una camiseta le sale con un defecto ni cuando la leche llega vinagre ni cuando un paquete de arepas le sale con hongos. El cliente solía tener la razón. Es más, las cosas pasan, nada qué hacer. Entonces le reponen la camiseta, la leche y hasta las arepas. Por ello pagó.



¿Entonces? Entonces la persona razonable busca las respuestas en el reverso de la boleta. Dice en una old english característica del estilema: Contacto. Así, con negrilla incluso para que haya confianza, para que se resalte la responsabilidad. La persona razonable llama al fijo; nunca contestan. Hay que llamar al celular, pero esas llamadas que son cada vez más raras; ¿y si se cuelga? ¿y si contestan y me dilatan la llamada como cuando requiero un servicio? ¿La empresa de telefonía me irá a reponer esos minutos o saldrá con los 3 de cada mes? Contestan. Que ahora no tengo la plata. Que perdí mucho. Dame una llamada la otra semana. Y la otra semana lo mismo. Y en quince días lo mismo. ¿Y los otros quince? Bis, bis, bis. La espera es más larga que todos los discos de My Dying Bride completos, y eso ya es mucho decir. Empezate con los demos, seguite con los singles, pasate a los EP, concentrate bien en las full-length y no dejés a un lado los compilados y los discos en vivo para que te hagás a una idea de lo que te digo.

Un último intento. ¡Por la dignidad! Que no. Que nada; que no es quincena. ¿No es quincena? Que llamés la otra semana. ¿Otra vez? ¿Y por qué mejor no me llamás vos cuando sepás que los tenés? ¿Qué soy un HUEVÓN, UNA MARICA? ¿Que no vas a llamar a nadie? ¿No te parece un irrespeto? ¿No? ¿Aló?

Llegó diciembre. Llegó diciembre y el concierto era en mayo. ¿Y la plata? Te la pongo fácil, ¿vos creés en dios?


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