domingo, octubre 19, 2014

Al señor Escobar

“Ríe la turba vocinglera / y me enrostra su anatema / 
Con una insidia extrema / la estulticia me lacera”
Héctor Escobar


Patético. Es francamente patético. Patético y lamentable. Sí, es francamente patético y lamentable haber conocido de su muerte por medio de un noticiero radial de medio día y escuchar con algo de sorna que esa persona que murió era el considerado papa negro y la tonta e innecesaria pregunta que acompaña segundos más tarde al aire: “¿entonces irá al cielo o al infierno?”. Y luego el noticiero radial de 'Caracol' pasó a leer el mismo comunicado que sacó el periódico 'La Tarde'. El mismo que sacó 'El Colombiano', el mismo que copió 'El Espectador'. Ni vergüenza, ni rabia. Es simple y francamente patético y lamentable enterarse de una noticia de ese tipo por esa vía, de esa forma.

Héctor Escobar no fue García Márquez (al Bajísimo gracias), por eso no escucharemos ni leeremos necrológicas supuestamente profundas y sentidas. Admiradas todas. Escucharemos y leeremos sandeces (esta mía una más) sobre la muerte de un buen sujeto que hizo poesía y que consigo nos trajo filosofía, humanismo. Pero no, eso no importa. Hay que decir que era “satánico” y aclarar que no tenía nada que ver con eso del 31 de octubre y la desaparición de niños. Y también que se trataba de una buena persona que no le hizo daño a nadie, aunque fuera “satánico”.

Héctor Escobar no fue García Márquez y por eso hay que seguir luchando contra el cliché. Incluso en estos casos donde lo mínimo sería mostrar respeto (callar sería una forma de ello), esos mismos periodistas que tanto admiran a García Márquez son los que salen ahora con pasos en falso como los que fue necesario leer y escuchar y soportar con estoicismo un día como el 19 de octubre de 2014.

Cuánta razón tiene Juan Gabriel Vásquez. Él dice que el señor García Márquez "creó una estética, una manera de ver el mundo que es muy fácil de imitar, muy seductora pero que es incapaz de permitir la originalidad dentro de sus imitadores". Leo incapaz y todo se aclara. Leo faltos de originalidad y entiendo la reiteración del contenido y que a la fecha nadie haya recordado que ese señor que se murió escribió líneas como: “No caímos del tiempo, en él estamos / Sólo el morir nos libra de sus redes / de estas cuatro y altísimas paredes / Que nos impiden ver a dónde vamos”. Leo lo anterior y me doy cuenta que el señor E siempre lo tuvo claro; que él sabía qué pasa con la humanidad y que en momentos como estos reivindicamos que sujetos y entes como los que están detrás de ese periodismo no se han dado cuenta que están en el tiempo. Ellos no lo saben, ellos caen, se lo topan, mas no lo ven.

Héctor Escobar no fue Gabriel García Márquez y eso nos librará de tanta redención. De tan vacía sensación de dolor. Evitará un legado de imitaciones. Nos evitará, a fin de cuentas, que florezca esa falsa idea de la muerte como tragedia, en especial cuando de él apenas se dice que murió, que murió de viejo, que era un satánico y poeta, casi un anacoreta. Todo a sabiendas de lo de siempre: “Me condenan a la hoguera / es la sentencia suprema / Se alza mi voz y blasfema / contra la ley que impera.”

Adiós, señor E. Nos obliga a continuar en medio de esa epifanía suya: “Todo nos contradice y nos apena / por esta soledad que nos condena / a estar en compañía abandonados”.

Bueno, y aprovecho para recordar a ese ser humano que tanto le inspirara (Aleister Crowley) con un breve pero sentido inicio de sus poemas:
Maldito por tu propia voluntad, la humedad leprosa de tus venas
enferma la luz del sol, y tus ojos demacrados,
nublados por sus infamias depravadas,
resplandecen en el osario de las penas terrenales,
tan horribles como un infierno anticipado.
Adenda: 
Emisión del 23 de octubre de 2014. Programa en memoria del señor Héctor Escobar.