martes, agosto 05, 2014

Cuidado con la mujer promedio

"No era mi día. Ni mi semana, ni mi mes, ni mi año. Ni mi vida. ¡Maldita sea!"
Charles Bukowski

A este ser no le gusta mimetizarse. Es más, llamar la atención es uno de sus paradigmas. Claro, eso y soltar generalidades por aquí y por allá. A este ser, decía, no le gusta mimetizarse y le interesa soltar vaguedades tipo: me gusta Bukowski, pero gustar es un verbo que no sabe conjugar con propiedad. Este ser es desparpajado y le gusta posar de liberal, y le gusta autoflagelarse en público para evitar la crítica (algo que aprendió del señor B), por ello habla de sexo y dice puta y dice pene y también follar y porro, lo que la hace sentirse liberada. Liberada y fina. Finísima.

Liberada modelo años sesenta, pues no soporta la liberación más contemporánea, esa que se desnuda en público, que no teme a su cuerpo. Y no le tiemblan los dedos para escribir y catalogar y ubicar en el lado tenebroso del ring a las prostitutas. Si no eres liberada a mi manera, pues eres PROS-TI-TU-TAAAAAAAA. Una liberada que le teme a las “mostronas”, pero no le da miedo mostrar sus incoherencias en un mismo párrafo.

A este ser le gusta anticiparse a la crítica cuidando el que considera es su flanco débil: su cuerpo. Y tiene razón en hacerlo porque ahora todos tienen una opinión y la más grosera y vacua mirada seguro se iría por allí (insultarla por su cuerpo, es cierto, sería una grosería sin presentación). También se adelanta a la envidia. No lo hace mal en ese punto, pero ella no se ahorra las opiniones y los epítetos para los otros: por sus cuerpos, por sus posesiones, por sus opiniones. “Las lobas”, así las marca desde su penosa fogosidad.

¡Cuidado! La mujer promedio cree ser irónica, pero apenas le alcanza para ser periodista de impresiones. Como no le gusta mimetizarse, le gusta hablar en primera persona para que la vean y delegar responsabilidades para que se note que el paupérrimo y grotesco es el otro, el de allá, el libertino y exhibicionista.

The average woman se anticipa a la crítica sobre su cuerpo, pero critica las tetas de otra y no teme señalar a la de allá, a la más fea, pues le gusta llamar la atención. Pero también llama la atención sin querer, pues hace a medias su trabajo, a medio camino entre la irreverencia y la ignorancia. Hay que cuidarse de la mujer promedio ahora que llega Watain a Colombia, o es mejor esconderse con ella mientras el grupo sueco está en el país: no vaya y seamos víctimas de un grupo “que se presenta en escena con calderas con un líquido hirviendo que botan sobre el escenario para limpiarlo.” Really? Really? Es cierto que todo el mundo tiene derecho a opinar, a escribir, a comunicar. Sin embargo, sin embargo, el mundo podría ser un mejor lugar sin algunas personas, o por lo menos sin conocer lo que piensan. ¿Te provoca un trago de cicuta?

Charles Bukowski dijo que tuviéramos cuidado con el amor de la mujer promedio, porque su amor es corriente, busca lo corriente. Pero su odio es genuino, tan genuino como para matar a cualquiera. La mujer promedio no entiende, pero qué bien le viene destruir todo aquello que le sea diferente, o eso cree. No importa, no importa que le gusten las frases de Bukowski, pues para ella gustar es un verbo difícil de conjugar, especialmente con algo que la palabra trae consigo no tan en el fondo: comprender.

Beware the average woman.