jueves, mayo 01, 2014

La inutilidad de las listas

Las listas, lo digo de entrada, no sirven para nada. Bueno, o casi para nada, pues dependen desde dónde se les ubique. Y esto no es etnocentrismo o capitalismo rancio. Se trata de hechos, pues las listas del mercado son bien prácticas cuando de consumir lo justo se hace necesario. Una lista de mercado le ayuda a racionar el bolsillo y a no dejar pasar por alto aquello que resulta importante según la consideración del momento.

El uso de las listas en la música se ha globalizado, y banalizado. Tengo la impresión de que en los medios latinoamericanos no eran de uso tan común como lo son ahora. Creo recordar también que en general eran criticadas y desechadas por estar diseñadas con un fin netamente comercial: los 10 discos más vendidos, las 10 canciones de la semana, el Top Five para una rumba de viernes, el Top Ten de los famosos, el Top 25 de ya olvidé qué. Listas todas que hacen parte de la “cultura de casino”, como las nombra George Steiner, en cuanto tendrán un impacto calculado de corta duración (acortar la distancia entre la novedad y el cubo de basura, dice brillante Zygmunt Bauman).

Pero no estoy en contra de las listas: estoy en contra de la fachada de las mismas en los medios públicos o “independientes” en Colombia, pues no son precisas y no tienen una medición, por lo menos, verificable desde las ventas. Esas listas que tanto gustan ahora en Colombia no son más que una influencia, copia, timorata de los medios anglosajones. Las listas británicas, sea el caso, no tienen miramiento en acudir a las cifras de ventas de un disco o de ingresos anuales para ser creadas, como tampoco lo tienen en prestarse abiertamente al posicionamiento de la más reciente canción de TalPorCual, o para ubicar una serie de agrupaciones que con el suficiente músculo financiero del sello discográfico se posicionan por una temporada: recuerdo bien el caso de eso que en su momento se conoció como ‘alternoventas’ (mismas bandas que “casualmente” llegaron a Colombia, particularmente a Radioacktiva). Pero no, en nuestra geografía el asunto va en este sentido: “listo, entonces cómo organizamos la que viene. Se abre el brainstorming”, y allí aparecerán, por supuesto, las mismas bandas que escuchan los pincha discos del medio en cuestión, que escuchan los medios británicos y suena en MTV. Y aparecen también las agrupaciones nacionales porque lo importante es el apoyo, se les escucha decir, pero temen hablar de la payola, de los regalos, de las dádivas. ¿No llama acaso la atención que sigan sonando las mismas “bandas independientes” de por lo menos hace 5 años? Así van de independientes los medios y las bandas y los solitas y los mánagers.

Siendo justos, hay que comprender las dinámicas de mercado actuales. Steiner tiene mucho de razón cuando habla de la “cultura casino” porque esa misma es la dinámica actual de los medios en Colombia, ya que que se basan en una condición probabilística que no es precisamente justa sino aleatoria (azarosa), y a la vez oportunista porque que el margen de beneficio, cómo no, ha de quedarse en el casino, en nuestro caso el medio. Es un gana-gana para el medio, pues se evita crear contenidos con una materia compleja de adquirir hoy día: gris [conocimiento]. Pero sobrevivimos y apoyamos el rock independiente.

Un sentido práctico de los listados ha sido dar a conocer algo. Ese es su fin: una risible brevedad que nos acompañe hasta mañana. Y nada tiene de malo: de hecho, si su carácter fuera tan claro como en los medios ingleses, sabríamos que para eso están, y no para una idolatría vacua, al servicio de un compañerismo ausente de crítica. Precisamente eso es lo que falta, mayor raciocinio y una clara medición para crear listados que inviten a la búsqueda, y no a la risa.

Lo que uno, consumidor de medios, esperaría es que los medios fueran claros y asumieran que están en un proceso de mercadotecnia y que allí es importante la dinámica de la misma: promover las ventas. Así es: lo que debería estar claro es el contrato de promoción y decir, sin sonrojarse, que las cosas cuestan y de algo hay que vivir.

Las únicas listas que medio interesan ahora son las que brinda Spotify porque permiten acceder a discos que posiblemente nunca llegarán a Colombia en físico, o que lo harán cuando hayamos olvidado que era un disco que bien valía la pena tener en el anaquel personal porque estarán los medios ensordeciendo su programación con otras listas más actuales. Todo esto para decir que conocí a Vemod (Noruega) y Mgła (Polonia) y que quizá les interesen porque es un black metal con una estructura menos familiar a la que creció en los noventa, aunque no pierde vitalidad; por el contrario, considero que ha ganado en técnica e introspección al no buscar la mayoría de su fuerza en el blast beat [aunque no lo pierdan del todo] sino en la generación de ambientes que se apoyan en otros elementos como las segundas y terceras voces y pausas marcadas, sin hacer de lado las síncopas y las disonancias, recordando con ello el sentido de la música que hicieran Strauss y Mahler al poner en conflicto las consonancias y las disonancias para brindar expresiones sonoras más intensas. Música que en definitiva no hará parte nunca de este fenómeno ‘hype’ de los medios. Y siquiera así es.

Vemod


Mgła