miércoles, diciembre 25, 2013

Dos Sepulturas, Soulfly y el resurgir del sonido vanguardista

"Creo que la perdí (la fe) apenas empecé a pensar. Para ser creyente no conviene pensar mucho". 
Mario Vargas Llosa

En un acto de quimérica contrición, Max Cavalera debería regresar a Sepultura y dejar a Soulfly como un necesario capítulo cerrado. Ahora Sepultura y Soulfly están tan cercanos desde sus sonidos y temáticas que hacen pensar que esa oportuna distancia que tomara Max en su momento por problemas de distinta índole, ya no fuera necesaria más.

Si usted ha prestado atención a ambos grupos en la última década, escuchará y verá que sus sonidos son ahora más parejos, semejantes. Ambas propuestas están cada vez más cercanas y hacen pensar (me hacen pensar) en un resurgir de Sepultura y la necesidad de dejar atrás lo que ahora parecen ser dos Soulfly. Quiero decir con ello que sería bueno dejar ya esa vetusta rivalidad para hacer posible, por fin, el resurgir de un más relevante Sepultura, esperando con ello que resuelvan de una vez por todas las deudas que tienen con sus fanáticos: el regreso de los hermanos Cavalera, hacer música junto a Paulo Jr. y Andreas Kisser, brindar discos frenéticos como ‘Schizophrenia’, ásperos como ‘Arise’ y ‘Chaos A.D.’ e innovadores como ‘Roots’.

Si algo destacaba a Sepultura era hacerse un grupo difícil de catalogar, y por ello cada uno de sus discos del siglo pasado miraba hacia delante, era música que proponía, que tenía una temática, una idea, una búsqueda y hasta un instinto. Algo que ha todas luces se ha ido desvaneciendo con la distancia de los hermanos Cavalera y la pereza de Paulo Jr. y Andreas Kisser. Recuerdo ahora las líneas del profesor de literaturas y culturas latinoamericanas Idélber Avelar sobre el grupo brasileño:
Los que vieron en el satanismo del primer Sepultura una copia de Slayer se equivocaron. (...) Desde hace 20 años, la singularidad de Sepultura reside no tanto en la permanencia de una supuesta “autenticidad” –la banda transforma su sonido constantemente–, sino en la habilidad de anticiparse. La codificación de su música por parte de periodistas, casas disqueras y fanáticos, generalmente, tiende a estar un paso atrás de la banda.
Un paso atrás, claro. Pero esos eran otros tiempos. Es que Max Cavalera, así como el cineasta John Carpenter, siempre supo que amar los géneros no quiere decir conservarlos en formol. Fácil hubiera sido quedarse en las huestes amables del thrash o del death metal que se le conoció y exaltó: Sepultura ya tenía un espacio asegurado y seguir en esa línea le haría un grupo aun más venerado en escenarios como el latinoamericano, tan dado a las añoranzas y a querer el territorio por el territorio.

Menudo favor se le estaría haciendo a Kisser al llevarlo a conjurar de nuevo con los hermanos Cavalera; seguro así no se vería interesado en “experimentar” con De La Tierra, y por contera con los señores de Maná, Los Fabulosos Cadillacs y A.N.I.M.AL. Si lo pone en perspectiva, francamente este proyecto alterno poco o nada aporta musicalmente: muy suave para ser metalcore, líricamente es un desastre cuando pasa al terreno melódico y temáticamente no es más que un lugar común por el dichoso rompimiento con el eurocentrismo al querer narrar la historia con visos latinoamericanistas, por ello el uso de la jerigonza mexicana, argentina, etc. Y no quiero decir que sean malos músicos, pues cada uno por su lado tiene proyectos que los destacan; quizá lo que falla es el conjunto. Y eso, por supuesto, no es poca cosa.



El sonido de Soulfly, con elementos metalcore y con aires del otrora denominado death metal sueco, está ahora cercano al Carcass actual (escúchese y véase “Unfit for Human Consumption”, pero por favor ignore la calidad de los montajes). El death metal sueco y los elementos progresivos surgen hoy día, aunque desde su nacimiento lo hicieron, como la esencia que impregna al metal de un aire sino auténtico por lo menos vanguardista. Le dan un toque de frescura y novedad que lo plantea como dinámico o poco acartonado, por fuera del molde en que algunos músicos y muchos seguidores (fanáticos, creyentes) han querido perpetuar la fórmula mágica, aunque los mismos precursores de los grandes géneros no lo han hecho. Mírese por ejemplo al mismo Carcass dentro del grindcore, Darkthrone y Bathory en el black metal, Anathema y Katatonia en el doom. Y la lista sería extensa.

A esta reflexión llego luego de ver y escuchar el más reciente video de Soulfly llamado “Bloodshed” y de darle un repaso al “The Vatican”, de Sepultura. Los videos, quién diría, hasta en el uso de los colores se parecen. Ambos usan el color rojo para representar una fatalidad que circunda entre nosotros, socarrona o directa, pero presente de manera fuerte. También en los rasgueos de la guitarra, en los tiempos y desplazamientos de la batería… Son bandas hermanas, preciso, y bien harían en dejar de repetirse de una vez por todas.





¿Nostalgia de un pasado? No lo creo. Esta es más bien la posibilidad de unir esfuerzos para volver a un grupo que al metal le brindó música relevante. Es, quizá, la oportunidad de volver a escuchar grupos que valgan la pena para no perderse en el enmarañado escenario actual en el que la buena música puede perderse entre tanto autobombo y sonidos mediocres, entre la alharaca de internet y la ausencia de crítica. Y dentro de esa posibilidad se esperaría no un retorno a los orígenes; se trata más bien de creatividad, del resurgir de una agrupación que seguro sería capaz de brindar una nueva estocada mediante un disco que nos deje perplejos y lleve a considerar que no todo está dicho y hecho en el metal, y que aún queda algo por escuchar entre quienes tenemos a la música como centro de gravedad.