martes, abril 09, 2013

That (is not a) Metal Show


No puedo con That Metal Show. No puedo. De verdad que intento verlo y me lo veo una, dos, tres veces. Pero nunca completo. No puedo con los lugares comunes. That Metal Show es un lugar común. El programa tiene unos presentadores capaces, conocedores. Su mundo no se reduce a lo que muestra el programa. ¿La culpa? El canal: VH1 Classic. El programa es nuevo, no lo crean. Inició emisiones en el 2008, pero su formato lo devuelve a los noventas, incluso a los ochentas.

Considero que otro punto clave está en los invitados. Ignoro si se deba a desconocimiento o si el programa suele saltarse los conceptos a la topa tolondra. Aunque en ocasiones es un poco de acá y otro poco de allá; de allá porque muestran bandas netamente rock como parte del metal: ¿Aerosmith?, ¿Gun´s and Roses? ¿En serio?; y de acá porque en ocasiones desconocemos las difusas líneas que ha forjado el metal con otros géneros, porque hace parte del mito popular que el metal nació en el mundo como lo salvaje y lo oscuro. Pero bueno, acá también conviene precisar que el programa no solo habla de “heavy metal”, también acude el “hard rock”.

Y no hay que desconocer que Eddie Trunk es amigo de un gran número de integrantes de bandas y que conoce detalles íntimos (y hasta innecesarios) de los mismos, pero comienza a desdibujar el interés por los invitados y la historia cuando sus intervenciones comienzan anunciando que él estuvo ahí, o que a él le contaron ellos mismos, o que su posición ha sido esta o es aquella pero... Me recuerda a un director de radio nacional que tiene una línea semejante: él no saluda a los músicos, ellos van a él y sus historias difícilmente habrían sucedido si él no hubiera estado allí (dénse un paso por Radiónica cuando puedan). Esa serie de episodios cobran gran interés solo cuando sus compañeros de estudio, no sin algo de ironía, le dicen (en este caso Don Jamieson): “Oye, espera, se te cayó un nombre famoso, Eddie”, para recordarle que su chicaneo es proverbial, repetido, cansón. (Ver episodio 1 de la tercera temporada).

El programa tiene un corte interesante: hablar, hablar de música; esos debates sobre qué disco es más interesante, sobre las letras, sobre los intérpretes, y los músicos como invitados. Esa parte es envidiable, esa parte vale la pena porque salen los argumentos y los gustos, todos desde o alrededor del acto musical. Ahora, la parte del cambio a comerciales es un tanto molesta: un punteo, un solo de bajo. Clásico. Y más clásico aún es tener una audiencia que silva, que aplaude, que grita, que gimotea. Eso, eso es bastante pop. Tanto que se le critica para terminar apropiando sus modelos. ¿Acaso no se han encontrado alguna vez programas como MTV News en los que el presentador está rodeado de fans que no paran de sonreír y de aplaudir (y de llorar)? Y nada de malo tendría esa comparación, pero si ven en detalle el primer grupo está conformado por adultos de pañoletas mientras que en el segundo son niños y niñas. Otro elemento amigo de la línea comercial, pero no menos interesante, es el constante versus y la cuenta regresiva: vocalistas, discos, alineaciones; una amplia gama de posibilidades para mostrar que acá también entró el comercio y que lo hizo por la puerta grande.

Los tres presentadores están documentados. Sus referencias a discos completos, a los años de las giras, a los relanzamientos y sus descripciones dejan ver que se trata de verdaderos conocedores. Es por ello que quizá el problema solo sea el formato y que prácticamente estén obligados a quedarse en los años ochenta. Ese fue un buen momento para la música, fue interesante explorar su sentido del género. Es solo que sofoca, que la reiteración sonora lo hace lucir pobre y estancado.

Nada puede generar más inconformidad que encontrar un programa que dice abordar un tema “nada común” y que resulte tan del común, que se produzca siguiendo los mismos métodos y objetivos de aquello se ha criticado (históricamente es uno de los factores que separa al rock del pop). Eso se dice a voz en cuello y el mismo Blackie Lawless (S.W.A.P) lo expresó en una entrevista en ese espacio: desde su música propuso (no sé si aún) una crítica social, y por ello usaba carne cruda y la arrojaba al público. Ahora él hizo parte de un programa en el que el aderezo era el mismo. Irónico, ¿no? Ahora, ¿cómo asumir el reto de decir y hacer las cosas diferentes? Como opinador no tengo que dar respuestas, pero si el hard rock y metal se hicieron la pregunta y la respondieron, ¿por qué no un programa de televisión con todo el poder y el dinero que tiene el dueño de ese canal (MTV)? ¿O será que lo mío es simple envidia? Demás que sí, pero eso no es un show de metal.