lunes, diciembre 24, 2012

Cuando los límites desaparecen


Se viene domesticando el mundo y por contera el gusto musical gracias a la mirada benevolente del pop que ahora se deja ver como rebelde. Se disfraza de rebeldía, pero sabe que es porque hay ahora una mentalidad que busca allí una satisfacción voyerista: el gusto de saber que estará haciendo aquel tal cual, con qué saldría ahora. Hay en el hecho de verse como James Dean un síntoma atrayente: Justin Bieber, Rihanna y Madonna, junto a otra serie de innombrables, son ahora los “chicos malos” de la música, aunque se trate solo de una pose. Atrás quedó el comportamiento sui generis del genial Screamin Jay Hawkins (I Put a Spell on You) o del exasperante Sid Vicious; hoy día lo importante es parecer.


Los medios de comunicación y sus métodos de medición son parte del problema, aunque se supone que ellos en parte solo responden al gusto de la masa. No de otra forma se explica que no sea un disco o un intérprete sino un video como Gangnam Style uno de los más vistos en la historia con más de mil millones de visitas en YouTube, aunque difícilmente el 30% de los escuchas sabrá de qué trata el tema o escuchará un segundo disco del mismo sujeto.

Otro de esos elementos que mueven a risa es la lista Forbes de los músicos más influyentes. Influyentes para qué, se pregunta uno si mira el “orden” mundial, si habla de mercados globalizados y se encuentra que se sigue hablando de las mismas músicas de los años noventa hacia atrás. ¿En qué influyen? En sus ventas, seguro, o asuntos tan banales como los programas de televisión que siguen o los lugares en los que comen; por ningún lado se puede encontrar que influyan siquiera musicalmente en alguien más.

La lista la encabezan Adele, ¿Avicii? y Justin Bieber. Todo un desatino. Más allá de la producción musical, hay que darle mayor credibilidad a Justin Bieber, quien se ubica en tercer lugar, porque trabaja 16 horas diarias y no supera los 20 años de edad, y además habla de sacrificarse por los fans (como si eso fuera un valor musical); a diferencia de Madonna, quien parece ya haber pasado de moda y estar bastante crecidita como para considerar más relevante su familia, de allí que decidiera cancelar parte de su reciente gira para estar con sus hijos. Y por cierto, la gente llegó a Medellín para verla, o mejor “para ver el show”, pero pocos hablaron de su voz, de su música, de la dicha porque interpretó tales y cuales temas del álbum equis. No. Se trata de un show, aquí lo importante es poner la foto previa al concierto, el camerino, decir qué comió y dónde durmió, así se satisface el impulso voyerista de los fanáticos. ¿Y se enojó antes de comenzar el show, que dijo “parceros” en español y sacó unas armas en el escenario? ¡Toda una diva!

Y cómo dejar pasar el cierre de La Voz Colombia y los ahora “maestros” de la música, que hicieron las veces de jurados. Aquí la masa, de nuevo, elegía al (la) mejor cantante, acá la masa dijo la verdad (el positivismo rampante de la actualidad) y eligió. Me pregunto cuántos de los votantes consideran un éxito Gangnam Style y fueron al concierto de Madonna. Y si los maestros son los músicos que fueron, espero que el resultado pueda ser evaluado en por lo menos un año. Ya veremos.

Pero la domesticación llega también por vías más inusuales. Casos como el de Dimmu Borgir sería uno de los más claros, gracias a su ánimo por acercarse a masivas audiencias como la norteamericana. Solo la domesticación hace posible también que exista un grupo como Bullet For My Valentine que se viste de negro, usa tatuajes y quiere verse rudo en sus discos, mientras que detrás del escenario recurre al envío de mensajes de feliz Navidad, el clasiquísimo Merry Christmas, mientras hacen la señal de los cuernos y dicen que Santa huele a Satán. Los lugares comunes aparece acá y allá, y fastidian. Pero se puede ver como un logro de la domesticación: ahora Santa y Satán comparten escenario y época.


Basta con escuchar y ver por lo menos los últimos tres discos de Dimmu Borgir para caer en la cuenta de que no hace nada nuevo desde 2001, que se quedó en un confortable lugar que le permitiera arribar a la masa, llegar a un amplio número de escuchas nuevos, aunque traten de seguirse viendo como los malos del paseo. Cuando usted mira su más recientes shows, puede concluir que si bien una cosa puede ser y no ser al mismo tiempo, lo que hay allí es una pose, un intento por decantar y gustar audiencias más amplias y menos exigentes, pero más rentables.

Los oídos se han ido adormeciendo. Esa sería la única respuesta que haga posible entender que todo lo viejo está bien, mientras que lo nuevo puede ser desechado. Esa es otra salida fácil de domesticar el oído, quedarse en el confort de lo ya sabido y no dejarse convencer ante nada. Por ello hay que estar atentos a los máximos, pero también a los mínimos; es necesario superar el misticismo que avala el pasado, pero también el conformismo ambiente del presente. De lo contrario, todo seguirá siendo grandioso porque viene con éxito y dinero a bordo, sin importar el paquete.

3 comentarios:

Juan Manuel Becerra Valencia dijo...

Ya no podemos decir que es increible (ya que es una evidencia constante) como se ha banalizado el arte y sus multiples expresiones.la música no es ajena y los imaginarios, creados por los medios, nos han guiado hacia muros donde ya no se pinta nada que aporte a la escencia...lamentable, si, empero debemos continuar y su escritura es emergencia de contracultura...gracias

Juan "begravelsesnatt" dijo...

El segundo vídeo encaja casi que perfectamente en el texto, es como la prueba reina de lo que este implica...en lo personal me parecen grotescos los comentarios de los personajes del vídeo. cada quien puede hacer lo que quiera...pero ¿a que jugamos?.

Juan Camilo Arboleda Alzate dijo...

Juan Manuel, Juan

En primer lugar, gracias por dejar los comentarios. Por otro lado, solo queda continuar en este sin rumbo, y ello no es necesariamente algo negativo; dependerá de cada quién cómo desarrolla su libertad, cómo asume los bordes para construir nuevos horizontes o para seguir levantando sobre los mismos muros. Asunto de experiencias y de inspiración.
JCA