domingo, septiembre 16, 2012

Gorgoroth visita Medellín



55 minutos que finalmente se sintieron como 30. Para algunos más, para otros menos. Da igual. La sensación que quedó en el aire fue la misma de unos años atrás en la ciudad de Bogotá: un concierto corto pero acorde con los preceptos que del grupo conocemos quienes le hemos seguido la pista hace ya un buen número de años. Gorgoroth, o mejor Infernus, resultó bastante “radical” para los más radicales de Medellín.

Sin saludos, sin anuncios de predicador de plaza ni silencios pasmosos esperando a que surgiera el aplauso del público. Precisa, más que corta, fue la presentación del grupo noruego y no había por qué cambiar el método en Medellín (no nos creamos tan especiales). Hace 5 años escribí después del concierto de Gorgoroth unas palabras que encajan tal cual hoy: “Sin interrupción tocaron. Uno tras otro los temas fueron pasando con la velocidad que hasta ese día les conocíamos sólo de oído –o por lo menos yo–. Demolieron con sus canciones. Su batería sonaba aplastante, el bajo punzante, la guitarra destructora y la voz simplemente atronadora”. Aunque bueno, hubo cambios en esta ocasión: quedó claro que Infernus es el dueño y señor de la banda; los demás, sí, muy buenos, son sólo intérpretes, estaban ahí para acompañar. Tan acompañantes son que Hoest, mejor conocido por ser el vocalista de Taake, pareciera que no alcanzó a aprenderse las canciones en su totalidad y en momentos que la voz exigía lirismo o guturalidad, prefería callar. Pero bueno, quizá esté siendo demasiado parcial porque considero que el trabajo de Gaahl al frente del grupo fue bastante notable y la calidad lírica no cedía mientras lo observé en vivo en 2007. Ese cambio de última hora, porque a Pest no se le antojó viajar, es solo otra muestra del resquebrajamiento que ha vivido el grupo.

Alrededor de 180 personas asistimos. Y no se trata de una queja porque usted va adonde quiere y no donde le obligan, claro. Por eso pienso que yo mismo me equivoqué al hacer parte de un festival como el Metal Medallo que tuvo como fin el apoyo a las bandas de metal de la ciudad. Medellín no tiene un público que consuma metal, por ello solo se llenan espacios como Altavoz o la Fiesta de la Música o aquellos que se hacen en plazas públicas o en canchas de los barrios: todos ellos reúnen variedad de estilos y tienen una gran base: SON GRATUITOS. Y después aparece la queja sobreactuada de por qué no vienen bandas internacionales.

Lo anterior, insisto, no como queja sino porque ello redunda en puntos trascendentales como lo cerca que estuvo de cancelarse el concierto. Solo minutos antes Gorgoroth recibió, aunque incompleto, el pago estimado por darse una vuelta hasta Medellín y realizar su presentación. Es lamentable que sí lleguen los rumores y no se anuncie por fuera de Facebook un concierto de este tipo. Acá los problemas se conjugan y producen ese gran molotov de tonterías: saber que los integrantes de Gorgoroth estuvieron en el Parque Lleras, que estuvieron con niñas de La Raya (a saber, prostitutas), que el organizador usa el espacio no pensando en brindar un mejor concierto sino como vitrina de sus proyectos personales.




















El concierto se hizo a pesar de la organización. Mejor:  A PESAR, con mayúsculas, de la organización. Un músico serio como Infernus no se dejó amilanar por la falta de respeto de quien compró (bastante barata) la gira para Medellín ni por la molestia de niñas borrachas que, cual fan de pop, querían poder arrancarle unas palabras a los integrantes del grupo o por los insistentes insultos de quienes exigían que tocaran más porque esto es Medellín y Medellín se respeta. Pues no. No fue un irrespeto ni se tocó más. Si algo tiene claro Gorgoroth desde hace años es que hacer un concierto de black metal no es lo mismo que un show de Madonna: acá no se trata de sucumbir ante la tentación de gustar a los fans para responder con ello a tanto respeto y admiración; el black metal es un concepto incompleto, un sonido que inquieta, una actitud que perturba.

No está de más mencionar que el Teatro Matacandelas se ha convertido también en una buena plaza para la música (en el teatro ya era innegable). Nargaroth, Inquisition, Horna y ahora Gorgoroth han tocado allí y la sensación, por suerte, es la misma: el grupo puede sonar bien y gozar de una estética respetable que no mengüe su ejecución. Es un escenario que nos evita la pena, que no distrae sino que alimenta, que hace ver el concierto como un concierto y no como un gesto humanitario que en cualquier momento puede venirse abajo, quedarse sin energía, en el que el calor en tarima abruma y encima los músicos no tienen espacio para moverse. Preciso ahora pienso en el concierto de Hate Eternal en un bar de la ciudad y me digo: qué habrá pensado Erik Rutan.

domingo, septiembre 09, 2012

Katatonia: Dead End Kings (2012)


Lo hizo de nuevo. Katatonia lo hizo de nuevo. Logró mover los linderos en apariencia inquebrantables del sonido duro y mezcló con contundencia la capacidad de basarse en algo hecho y crear ambientes nuevos. ‘Dead End Kings’, la producción de 2012 de estos suecos, es capaz de adentrar a quien escucha en una experiencia que supera cualquier propósito de vago entretenimiento y alimenta el ánimo de quienes tenemos en la música un sano esparcimiento.

Las sensaciones aparecen en pleno. Mueven fibras, decimos. Pero no nos pongamos melancólicos que no se trata de eso. Nada, nada de eso. Este es un disco claro que está plagado de ambientes que parecen seguir hacia delante, aunque no dejan de recordarnos sus  ‘Night is the New Day’ y ‘The Great Cold Distance’. Son 11 actos que dejan ver un grupo que no teme a crear y que se preocupa por conservar una estética que le resulte propia (aunque para muchos sea un delito porque ya no suena al doom del ‘Dance of December Souls’). Ahora, si se consiguen la edición especial, el disco lo componen en realidad 13 temas.



Por momentos se aparecen pasajes que pueden recordar a Opeth (presten atención a “Lethean”), pero la línea vocal y el apoyo en elementos sintetizados disipa toda relación. Además de la voz de Jonas, cada vez más calibrada para la solemne austeridad, para conservarse en las formas ataráxicas que le conocemos desde los inicios del grupo y que alcanzan un turbador clímax, una vibrante acumulación, con la canción “The Racing Heart”. No se trata de una romanticona opereta; es más una declaración de principios: “Life on the line / My racing heart / It's all I find”, una entrañable introspección.

Algo que vale la pena rescatar es la claridad que pretende expresar Katatonia constantemente, y ello no solo se refleja sino que confirma con los nombres de las canciones. En ‘Dance of December Souls’ no fueron tan claros y todas las canciones tenían títulos compuestos y más metafóricos: “Without God”, “Gateways of Bereavement”; fue con su Brave Murder Day que tienen ese giro a la concreción que podemos seguir apreciando en la actualidad. En 1996 tenían títulos como “Brave”, “Murder” “12”, ahora están “Lethean”, “Ambitions”, “Hypnone”. Es un espacio que se vacía de lo que pueda resultar vago y metafísico para dar cabida a lo experiencial; a lo real, si se quiere:
Hear my thin voice
Hear my words fall down
See my ambitions fade out
Had so much better time


Ver las ambiciones desaparecer. Eso sí que abre la perspectiva sobre lo que se supone es la categoría en la que se le cataloga a Katatonia: rock/metal depresivo. ¿Depresivo porque las palabras hablan de acabar con la esperanza? ¿Qué le pasa al mundo dicotómico y perverso que ve en la fatalidad una desdicha y no un hecho afortunado? Sí, francamente allí parece instalarse la narrativa de los suecos: la fatalidad no es una condena sino un certero comienzo desde ceros. El título de la segunda canción de ‘Dead End Kings’ resulta profundamente irónico al respecto: “The One You Are Looking for Is Not Here” (El que está buscando no está aquí). Acá no hay desdicha. Lo que usted quiere ver, seguro ya no está.

Dos elementos más para cerrar:

1. la participación de Silje Wergeland, una deidad vocal que hace parte del grupo The Gathering y que en esta ocasión acompasa el tema que se acaba de destacar cinco líneas arriba.

2. Y el cierre: hay una edición  del disco que contiene 11 canciones y cierra con el tema que sirvió para promocionar esta producción, “Dead Letters”; pero otra edición contiene como tema extra a “The Act of Darkening”, canción lenta que involucra el uso de unas congas y que en ningún momento sube el tono, se dedica a sostener unos arpegios y a brindar una ambientación propia de un cierre, pero que no hace justicia al resto del disco. Ah, y otra edición contiene también como bonus la canción “Second”, pero ahí está Youtube y la piratería para que se hagan a una idea.