lunes, agosto 06, 2012

Más, y más, de lo mismo



Bajo el escudo de la mal llamada independencia, algunos pseudomúsicos no han hecho más que caer en la siempre reprochable dependencia y la innombrable homogeneización. Han caído incluso aquellos que han cargado las banderas de la libertad y han tildado a los demás de siervos, que en nuestro caso podemos entender desde las desdeñables huestes del pop.

Un estudio reciente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (Csic) salió a validar lo que en el mundillo de la música siempre se ha dicho: que el pop suena igual, que siguen dando lo mismo de lo mismo, que se dedicaron a hacer la copia exacta de una copia mal trajinada. Si usted mira a Lady Gaga y llega a Madonna, ya sabe de qué estoy hablando. Igual puede sucederle con muchos otros casos, como la consabida cercanía sonora Athanator-Slayer, Sculpture-Anathema (cuando hacía doom), Ethereal-Cradle of Filth, entre tantos otros que podemos acuñarlos fácilmente al identificarlos como parte de un género: a veces influencia, la más de las veces imitación.

Soy uno de esos que consideran que la historia es importante conocerla y explorarla, pero al mismo tiempo pienso que no es para quedarse a vivir en ella, en especial si estamos hablando de música. En ese escenario hasta comparto las siempre paradójicas (revisen la historia para que vean que no miento) posiciones de Sex Pistols al considerar que cuando el rock entra a un museo es porque está muerto.

Al lado de los Sex Pistols, el rock´n´roll y ese Hall of Fame son una mancha de orina. Su museo. Orina en el vino. No vamos a ir. No somos sus monos.

No vamos a discutir el garabato. La posición en su momento fue lo que para muchos es ser “radical”. Sin embargo todo fue transitorio, y a quien conozca los SP nada debe extrañarle. En 2006 se negaron al reconocimiento y entre 2007-2008 volvieron al ruedo para mostrar más de lo que dieron a finales de los setenta: explotar que eran los Sex Pistols. Pero se quedaron a medias, de nuevo. Eso sí, esa tendencia arcaizante (tomar lo viejo para sacarle provecho ahora con toda esa carga nostálgica) no es tan nueva; es más, creo que el rock murió antes de entrar a los museos.

El Rock and Roll Hall of Fame and Museum se propuso crear un mausoleo, digo museo, en 1995, y desde entonces se ha petrificado parte de la historia y se le puede ver cual monolito prehistórico con piezas, según he leído, desordenadas y al parecer mal curadas; un caso más reciente es el British Music Experiencie (BME), una pieza más interactiva por lo menos. Colombia –cómo no- hizo su intento con algo transitorio y nostálgico que dejó ver una curaduría más apegada al pop que a cualquier cosa: un museo de rock sin música, un museo del fetiche, un espacio muerto donde podemos decir: así fue entonces. No es de extrañar, parece que crecer trae ese vicio: algunos suspiran recordando los buenos viejos tiempos; a otros, más longevos, se les escucha decir: "Cuando yo era... Cuando yo escuchaba... Es que yo también fui rockero…". Y así se la pasan, en el pasado.

El estudio sobre el pop, decía, muestra lo que ya tanto se ha conversado: que el pop es una fórmula que incluso ha penetrado con fuerza en otros escenarios como el rock, donde se ha dedicado a acoplar compases. No es de extrañar lo dicho por ese estudio, pues los últimos 10 años –como mínimo– dejan ver que no se ha hecho nada nuevo en la música. Lo que se hizo en la década pasada no fue más que un remontar a décadas previas, todas del siglo pasado (ni el reguetón se sale ya del molde de los noventa).

Lo que se ha denominado vertientes más recientes como el djent y el vest metal no hacen más que recurrir a lo que se hizo años atrás: uno apegado a la marcada línea del metal matemático con algo de nu metal y el otro al doom y la psicodelia del rock. Lo nuevo, dirán despistados optimistas, es que ahora lo mezclaron, pero en ello no hay más que una reiteración. La salida al nombrarlos de esa manera, ahora que lo pienso, es por lo menos más inteligente en su ánimo unificador que la mal nombrada categoría "nuevas tendencias" que propone el festival Altavoz para reunir allí eso que se le sale del molde a los otros géneros -salir del molde, quiero decir, solo en apariencia-.

Los organizadores del festival de Medellín deberían estar informados sobre la investigación sobre el pop (que incluye un poco de todo) para que vean que así su categoría es toda una contradicción: ¿de qué nuevas tendencias pueden estar hablando los organizadores si sabemos ya que hace por lo menos un par de décadas la música no está más que repitiéndose? No estaría de más que el reciente cambio de administración en Medellín llevara a que se informen, a que se documenten, a que investiguen; que ese nuevo aire sirva para prestar atención a los fenómenos. Es importante que se deje de ver como casual que grupos como Smashing Pumpkins se unan y salgan a girar de nuevo, lo mismo que The Pixies, The Stooges o Sex Pistols; presten atención y verán allí el funcionamiento de una franquicia que abre de nuevo sus puertas para aprovechar ahora la nostalgia sonora que parece haberse tomado el mundo de los melómanos de antaño, desde los ‘baby bloomers’ hasta las generaciones X y Y que habitamos ahora la era del mundo shuffle.

Vale la pena mirar la investigación, reitero, para darse cuenta de la constante contradicción cultural que estamos viviendo y para tratar de buscar un discurso no solo claro sino también preciso. A ver si nos alejamos, algún día, de la candidez cultural, a ver si deja de dominar, como propone Alejandro Gaviria, el desconocimiento ramplón que se sostiene a punta de improvisación carismática.

6 comentarios:

Tezcat dijo...

No extraña, Juan Camilo, que estos estudios respalden con cifras lo que ya se sospechaba; no solo el más de lo mismo, en cuanto a la repetición hasta saturar de las mismas —y desgastadas— fórmulas musicales, sino también de la pobreza del contenido de las letras, que cada vez más repiten las mismas escasas, simples palabras. Y ello se refleja en el Metal, tanto el local como el foráneo.

Independientemente de la explotación de franquicias musicales o clichés de contenido, todo ello es signo y síntoma de una sociedad que ha sido educada en lo mínimo y con lo mínimo. La pobreza de palabras, el escaso léxico, deviene en esto que vemos y oímos a diario. Porque si poco es lo que enseñan y pobre el contenido de dicha enseñanza, ¿qué otro puede ser el resultado sino un entorno social pobre, de lerdo pensar, lento discernir y cero discriminar?

Se produce más de lo mismo porque la gente quiere, espera, exige, más de lo mismo y, lo que es peor aún, creen tener algo nuevo cuando en realidad les venden lo viejo con distinto empaque. El olvido de ortodoxias pasadas es, en verdad, todo un pecado cardinal.

Juan Camilo Arboleda Alzate dijo...

Gracias, Tezcat

Es cierto que empieza uno a encontrar factores externos al metal o la música en general que inciden en los modelos de producción y consumo, como la sociedad volatil que cada vez busca más estímulos constantes e incesantes: una muestra, por ejemplo, es el paso de la discografía a la canciografía.

Me tienta exponerlo pero no quiero quedar ahora como sociólogo o antropólogo, pero Bauman ya lo ha expuesto alrededor de las identidades globalizadas que han pasado de una educación de la producción a una sociedad que se educa con una base en el consumo. He ahí un factor: es tanto lo que quiere consumir que ya no hay tiempo para sentarse a pensar, elaborar y luego producir.

Saludos,

JCA

Windrider dijo...

Saludo cordial, Juan Camilo:

Hace tiempo que sigo el blog y veo que este ha sido un tema recurrente y, la verdad, no es para menos, pues sí que es cierto hoy que la música es una repetición de la repetición.

En la escena musical de la ciudad lo vemos más que claro y por eso no escucho ninguna banda de metal local: todas suenan igual; el mismo trash y el mismo heavy de siempre. Ni siquiera varían casi los géneros (aunque a algunas bandas les ha dado por tocar metal vikingo, con temas escandinavos que hablan de la tierra del hombre blanco y dioses nórdicos, bien ajenos a este contexto y, de nuevo, imitando ¿?)

Y cuando abren espacios para bandas locales, siempre están los mismos mostrando lo mismo.

Hay para mí una notable excepción en la música colombiana contemporánea, que aunque no tiene nada que ver con metal, algo tiene que ver con rock, y sus propuestas son atrevidas, experimentales y se arriesgan a buscar su propio sonido: la banda Velandia y la Tigra.

Llendo un poco más lejos, Opeth ha sido una banda que he admirado por sus propuestas musicales originales, desde mi punto de vista. Su música deja escuchar un sello personal en el estilo, que evoluciona a través de sus discos. Lamentablemente, hasta cierto punto, en el último trabajo han caído en la mencionada "repetición", buscando sonidos del rock progresivo de los 70.

Endstille, banda que conocí gracias a una entrada de este blog, me sorprendió mucho con su canción "Völkerschlächter", que yo, esto es muy personal, siento como un trance catártico, sí se me permite la expresión. Sin embargo, viendo a imagen de la banda y escuchando más canciones, no me pareció nada nuevo -sin dejar de tener cosas muy buenas-.

Die Apokalyptischen Reiter, banda formada en la ciudad de Weimar en Alemania, es una banda que en sus inicios tocaba Death metal con uno que otro elemento folclórico alemán (formula ya suficientemente conocida y repetida por muchos). Hoy en día, ya alejados de eso, tienen un sonido bastante particular, que ha evolucionado en varios de sus trabajos incluido el último salido en 2011.

Solefald, banda escandinava, tiene algunas propuestas innovadoras también en su música, propuestas diferentes, sonidos distintos.

Después de esta larga intervención, me gustaría preguntarle ¿Cuales bandas o propuestas musicales que no caigan en ese "Más, y más, de lo mismo" del que se ha venido hablando, podría mencionar o recomendar y por qué?

Saludos y gracias por la atención prestada.

Pd: Procuraré ser más breve en futuras intervenciones.

Juan Camilo Arboleda Alzate dijo...

Qué tal, Windrider

No veo por qué sea necesario hacer los comentarios más cortos, en primer lugar. Es importante lo que menciona porque cuestiona un elemento que hemos pasado de largo en lo que respecta a la crítica y producción musical en Colombia: confundir influencia con copia. Se ha dado por sentado que pertenecer a un género significa "hacerlo como...", pasando por alto el factor creativo. Se cree (mal se cree) que basta con cantar en español y tratar problemáticas locales.

He conocido el proyecto que menciona, pero (consideraciones aparte) veo que se encargan de seguir otra línea repetida: destacar el "folclor" (regionalizar) y unirse a la línea sonora también establecida.

Lo que dice de Opeth lo comparto; se han quedado en la fórmula. Y sobre la canción de Endstille también comparto la expresión: catarsis. No veo otro sentido en el metal que evocar (así como Masacre, Neurosis y tantos otros) episodios y personajes ya conocidos de ese talante. En eso, considero, se une a cierta intencionalidad de la novela histórica.

La pregunta me resulta valiosa, pero le pido algo de tiempo. La aprovecharé para una próxima entrada en el blog. Eso sí, creo que por mi lado es más que notorio el valor que le doy a bandas como Anathema, Katatonia, Ataraxie y un proyecto más reciente como Soen. Ya me extenderé un poco más al respecto.

Saludos, y gracias por pasar por acá.

JCA

Windrider dijo...

Saludos de nuevo, Juan Camilo

Gracias por la respuesta y estaré atento a la próxima entrada del blog.

En cuanto a lo de Velandia y la Tigra, de nuevo saliendome del metal pero estando dentro del tema discutido y, respetando su percepción de la banda, tengo que disentir. Aclaro primero que no soy un fan ferviente. La razón es que, si bien la banda tiene algunas canciones (no muchas en realidad)que tienen un sonido a música andina colombiana, la mayoría de sus temas tienen un sonido muy propio de la banda y original. Lo que hacen, y encuentro valioso, es tomar en ocasiones como un ritmo colombiano (bambuco, guabina, pasillo) y utilizarlo en algunas canciones pero apenas como una base, como una influencia que apenas si se percibe. Es decir, no caen en hacer un bambuco que suena a rock, o una guabina con distorsión (como muchísimos grupos de folk metal, incluidos los imitadores criollos). Es algo parecido, desde mi punto de vista, a lo que hace la banda irlandesa Primordial: utilizar la riqueza rítmica de la música folclórica en algunas de sus canciones, pero tomando de ella elementos valiosos, no haciendo una versión metal de ella.

Así, Velnadia y la Tigra, valiéndose de esa misma riqueza, enriquece su música, pero no copiando o limitándose a hacer folclor. No solo su música (con contadas excepciones, sino sus letras lo demuestran. Temáticas, palabras, expresiones,que nada tienen que ver con "lo folclórico". Con sus disonancias, sus variaciones rítmicas, ricas armonías y letras desconcertantes (en buen sentido), logran un sonido que encuentro difícil de clasificar en un género.

Por último, con todo el respeto, me atrevo a sugerirle una corrección, con el ánimo de que este programa radial siga creciendo y mantenga la calidad y seriedad que siempre le han caracterizado: es en cuanto a la pronunciación del nombre de la banda alemana Endstille. Me pareció escuchar, tal vez me equivoco, un error en la pronunciación durante el programa -nada grave por supuesto-. La forma correcta sería
Endshtile (léase como se ve, pronunciándo la -sh- como en inglés.

Un cordial saludo y hasta la próxima

Juan Camilo Arboleda Alzate dijo...

Qué tal, Windrider

Digamos que mi apreciación sobre Velandia y la Tigra se quedará corta porque no he profundizado en su música, por ello no puedo ir más allá. Eso sí, gracias por las apreciaciones alrededor de la misma, pues ayuda a entenderla como parte de una globalización de la música, al permanente movimiento de la hiperlocalización y a destacar esos elementos que le merecen su aprecio. Y lo del género digamos que es lo menos importante: esta definición sirve básicamente para saber en qué sección de la tienda de música se encuentra.

Agradezco y le invito a que me siga haciendo esa clase de precisiones. Estoy convencido de que no pareció sino que me he equivocado, así que bienvenida la corrección.

Saludos, y gracias por pasar por acá.

JCA