domingo, julio 15, 2012

Retrometal, o la necesidad de empezar de nuevo

¿Nos recuerda Katatonia, quizá, que el ocaso de los ídolos llegó hace tiempo? Dead End Kings (2012) no es un título gratuito: el final de los tiempos llegó hace tanto y nos fragmentó de tal forma que ni cuenta se han dado tantos. Tampoco es gratuito que Katatonia tome distancia de la música hecha hace años y haya tomado un nuevo aire, lo que lo aleja de ese boom retro, de esa retromanía palpable en la música de la actualidad que acude al confort de lo viejo, a la nostalgia que sabemos se puede despertar con el evocar de un riff, de una melodía, y de una estética también. Por supuesto.

"Se ha creado una especie de competición por ver quién recupera cosas antiguas que nadie conoce. Como hay tanta gente que invierte emocional y profesionalmente en esta búsqueda, se ha desarrollado una clara tendencia a celebrar lo mediocre", dice Simon Reynolds y no podría estar más de acuerdo con su mirada. Aprovechar el aspecto de lo viejo con las posibilidades técnicas y comerciales de lo nuevo; se trata, pues, de una tendencia que no hay que denostar, pero es evidente que Katatonia nos hace un llamado de atención.

Anathema también dejó ver que el camino se puede trazar de otras maneras para no acorralarse en un cíclico repetir. ‘Alternative 4’ hizo palpable ese interés exploratorio que en la actualidad se soluciona, en apariencia, de manera bastante sencilla con simplemente ir a Youtube: la maldita lectura de bits hasta le propone a usted qué escuchar, pero solo puede hacerlo con base en los trazados que usted ya realizó, es decir, un poco más de lo mismo. ¿Entonces cómo hacemos los recorridos musicales en la actualidad? La fórmula es sencilla: con un poco del placer y conocimiento que trae consigo la historia y un apetito por la música, o por algunos instrumentos. Algo de melofilia, aunque prefiero ser más visceral por el goce necrofílico que trae consigo el metal para denominarlo ‘melofagia’.

Admito que hace un tiempo tomé distancia de Metallica. Dejé de escucharlos desde el álbum ‘Load’. Sin embargo presté atención al ‘Reload’, les ignoré con el ‘St. Anger’ y traté de darles una oportunidad con el ‘Death Magnetic’. Pero no pude con su sentido de la música. Pudo más saber lo que hicieron con el ‘Ride the Lightning’, equilibrar el episodio Napster, saber de las terapias de estos seres para tratar de seguir juntos recogiendo dinero. Metallica fue un desencanto con la música, o por lo menos con su música. En el camino también dejé varias bandas, como Venom, la cual no oigo más. A veces me viene el chispazo del ‘Black Metal’, pero hasta ahí. Esos grandes íconos han ido muriendo para mí, o algunos se han vuelto caricatura de sí mismos: Glen Benton y Dave Mustaine, por ejemplo.

Bathory también se ha rezagado en mis rutas. Es una gran banda a la que se hace necesario volver de vez en cuando, pero también pienso que vale la pena conservarla allá, en cierta manera distante, para retomarla en tiempos en los que la vanguardia no haga más que molestar e insistir hasta el malestar con que la música de ahora no es más que retomar las técnicas y melodías de los setentas y los ochentas y hasta los noventas. Bathory es la posibilidad de estar en terreno firme, pero es bueno seguir explorando, por eso propongo acabar de una vez con el mito de Parabellum. Al grupo de Medellín hay que darle las gracias, pero hay que dejarlo ir, como lo hicimos con Led Zeppelin, Sarcófago, como lo hicimos (algunos) con Sepultura, como han hecho otros con Mayhem, con Samael, con Nebiros, con Neurosis Inc., con Paradise Lost, hasta con mis defendibles Anathema y Katatonia.

Ahora, para más inri, es un grupo formado en 1989 el que nos recuerda que podemos movernos sin impedimentos. Brujería, la banda en cuestión, nos dice en el ‘Brujerizmo’ del 2000 en su canción Vayan sin miedo:
¡Clavados! Con miedo de ir
¡Chingados! No te dejan salir
Podridos por fe de cómo vivir
¿Tienen huevos?
¿Quién va primero?
Pásense
Pa’ lo nuevo
Vayan sin miedo
Pásense
Pa’ lo nuevo
Vayan sin miedo
Crúcense
Esas fronteras
Vayan sin miedo
Córranle
Brinca primero
Vayan sin miedo
Ahora no me vengan con que Brujería se refería al cruce de la frontera México – Estados Unidos, eso ya lo sabemos; y no presten atención al machismo de los "huevos", es solo su forma de provocar y no la mía. La traigo precisamente por el énfasis que se hace en el miedo y porque he querido destacar la necesidad de ir más allá de la nostalgia, pues estamos hablando de una construcción artística. Solo de esta forma será posible que en Colombia, y Latinoamérica en general (esto es menos notorio en Norteamérica y Europa), podamos sentir un halo de cambio (¿avance?) estético-cultural, además de observar que el metal no se quedó viviendo de una franca imitación sin miramientos, anquilosado en su antepasado más inmediato, acorralado por el miedo.

lunes, julio 02, 2012

Desparpajada candidez cultural

Nótese que elijo una palabra menos fuerte que imbecilidad, ridícula, ramplona o franca deficiencia mental para no quedarnos en la simple y llana declaración de odio insensato –ya en Colombia hay suficiente–. Además, esto de la candidez lo tomo prestado de Lucas Ospina, quien lo usa para referirse a la crítica sin experiencia que se ha hecho cada vez más popular alrededor del arte sin recibir la menor atención y controversia.

Casos, extremos y desfachatados, se han visto recientemente alrededor del metal: el ya referido de la señora Virginia Mayer en ‘Kien&Ke’ (publicado en una entrada anterior en este mismo blog) y la reciente “entrevista” a ‘Dagon’ de Inquisition en Canal Capital luego de su presentación en Rock al Parque 2012. Si usted ha tenido la felicidad de pasar inadvertido por semejante atropello, ha llegado el momento de abrir los ojos y los oídos para padecerlo:



No quiero referirme a cada una de las metidas de pata, a la pena ajena que logra despertar el equipo de presentación, a la falta de información de los mismos. No; me niego. Aprovecho este hecho para destacar que no son casos aislados, que ya no existe la excusa de “eso es música extraña y ruidosa”, que se trata de música de jóvenes mechudos y satánicos. Paren este desparpajo, esta ramplonería, toda esta insensatez de una buena vez. Las excusas se acabaron. Trato de imaginarme esa misma situación ante un economista como Paul Krugman, ante el presidente Juan Manuel Santos o José Mujica (Uruguay). Vamos en orden: el equipo encargado de producción y editorial elegiría a gente formada; se tendría a personas capacitadas para desarrollar, ahora sí, la entrevista; esas personas (de no conocer al personaje) se hubiesen documentado sobre el tema particular a tratar y sobre su entrevistado para no desinformar, no quitar credibilidad al medio y no poner en juego su historial profesional; lo dicho en esa entrevista alcanzaría un nivel medianamente lógico y su desarrollo lograría su cometido: anunciar comportamientos del escenario económico mundial, la puesta en funcionamiento de una política en Colombia, su propuesta de la legalización de la venta de mariguana en Uruguay… Pero no. Acá, ya lo vimos, pasa todo lo contrario: no hay selección crítica por parte del medio y por ende no hay profesionales capacitados, no se desarrolla un solo tema y dudo que ellos tengan historial profesional. Así las cosas, todo a la caneca.

De una entrevista medianamente sensata, estoy seguro, podrían surgir otros tópicos interesantes; se podría haber creado, por fin, una imagen clara de los personajes y su propuesta musical. Pero no, esa candidez no deja ver nada; por el contrario, sigue haciendo nebulosas las temáticas y aumentando los estigmas: negro=mechudos=música loca=satanismo=no hay nada qué decir. “¿Qué le aportan sus letras a la humanidad? ¿Son hermanos?”; estas no son preguntas, son muestra de desconocimiento ramplón que puede ubicarse en el mismo nivel de Virginia Mayer cuando expresa “La música es una excusa para adorar a Satán.” ¡Por favor, dónde están los productores y los editores de estos medios! Esto es lo que precisamente ataca Vargas Llosa en su libro de ensayos ‘La civilización del espectáculo’: la creciente banalización de temas como el arte y la cultura, la supremacía del periodismo amarillista y la frivolidad política. Piensen ustedes si lo visto en Rock al Parque –por lo menos con Inquisition– y en ‘Kien&Ke’ –gracias a la Mayer— no es banalización, frivolidad y amarillismo.

Que no es Krisiun, joven, que es Inquisition. Y hay que agradecerle a Dagon la paciencia para rectificarle no solo una vez sino dos a quien lo torturaba con el micrófono. Que no, que ni es Krisiun ni son hermanos. Ah, y menos es “black metal moderno”, como también es imposible que Gorgoroth parara de tocar en vivo para actuar como “un ser sobrenatural” que se lleva “las almas del público jalándolas con sus manos y expulsándolas hacia el infierno”. Esto no solo es ramplón, raya con el atropello a la información, con la mentira, se convierte en periodismo descompuesto y nefasto. Muestra, finalmente, que no saben de qué están hablando y simplemente no deberían estar haciéndolo.

Ahora, seamos francos, nada va a cambiar; y además, ¿a quién le importa?