domingo, junio 17, 2012

¿Con cuál diablo no se juega?

Me pregunto a qué mística pertenece la señora Virginia Mayer. No pretendo descalificarla como profesional, pues seguro conocimiento tiene, pero es claro que cuando se trata de metal es mejor que hubiese acudido al silencio. Ludwig Wittgenstein dijo que “muchas veces lo que se calla hace más impresión que lo que se dice”. Y eso es precisamente lo que quiero debatir a la columnista de Kien&Ke.

Su texto deja ver un halo de mitología, de moral y de ignorancia, de escaso periodismo. Empecemos diciendo que el artículo lo titula ‘Con el Diablo no se juega’, y no dejo de ver que escribe Diablo, con D mayúscula. Ella no solo ve una figura del mal, ve el Mal, ve la contraparte de dios, o Dios en términos de Mayer. Hay que hacer un acto de fe, aunque no sea amigo de ello. Ella tiene fe, ella cree, entonces hay que saber que no se trata más que de un artículo que fácilmente pudo acompañar el desinformado libro de Eccehomo Cetina ‘El rastro del diablo. Sectas satánicas en Colombia’ (1998). En la página 193 del texto podemos leer:
El Departamento Administrativo de Seguridad, DAS, ha establecido que muchos grupos de rock colombianos tienen estrecha relación con poderosas sectas satánicas. En Medellín, por ejemplo, este organismo de seguridad ha identificado bandas musicales como “Tenebrum” [sic], “Maleficarum” y “Nosferatum”, que gracias a gestiones de un empresario de este submundo conocido como “Zepellin”, inundan el mercado con discos grabados en estudios clandestinos y realizan conciertos exclusivos en varias ciudades del país. Es por eso que hablar de mensajes subliminales es tan delicado como hablar de sectas satánicas. Lo uno va ligado con lo otro, como las dos caras del mismo disco.

Me pregunto si las fuentes de Cetina fueron las mismas de Mayer, si compartieron opiniones y desinformaciones. Es fácil deducir que por lo menos tienen la misma carga moral inconexa. Dice Virginia Mayer en su escrito: “La banda Gorgoroth, perteneciente al True Norwegian Black Metal (verdadero Black Metal noruego) vino a Colombia a dar un concierto en 2011, este fue el primer concierto verdaderamente satánico al que Patricio asistió”. A ella quiero decirle: usted miente, y miente de manera adrede para poder crear su historia. Si el tiempo se lo hubiera tomado, si hubiera investigado un poco más, si hubiera contrastado y no seguido su “intuición”, creencia o mito, hubiera visto que la banda nórdica visitó Colombia en 2001 y 2007. Pero esto le parecerá nimio, entonces vamos más allá.

Es de lamentar la incredulidad de ‘Patricio’. Pero ojo, acá no solo hay incredulidad sino mitomanía y hasta un problema psicológico: esta persona dijo haber ido al concierto de Gorgoroth en una fecha que no existió y ver “un ser sobrenatural que se llevaba las almas del público jalándolas con sus manos y expulsándolas hacia el infierno. En momentos veía como [sic] el vocalista se transformaba en una cabra. No eran efectos especiales, pues era un concierto con cuatro luces”. Por favor, ante esta información no se puede hacer más que reír, pero lleva a lamentar aun más que el periodismo ramplón siga mezclando el desconocimiento y el mito con informar.

Llama la atención que para ser alguien mayor de edad, ‘Patricio’ haya mezclado la relación entre el ser y el hacer. Para la columnista de Kien&Ke, y los editores que dejaron pasar el texto, siguen aplicando los desactualizados y desdeñados estudios que indican que ver violencia en la televisión hace a los niños violentos. Pero ‘Patricio’ no era un niño: dice que compraba su música directamente con Mauricio Montoya y conoció las revistas Necrometal y Hellzine (no Hellsign, señora Mayer) y escuchó en sus inicios a las bandas Masacre y Neurosis. Eso sí, presten atención: mientras que las bandas colombianas hacen una llamado sobre la violencia en el país, ello no se dice, solo se hace hincapié en que Gorgoroth hace de la música “una excusa para adorar a Satán.” Qué poco sabe ‘Patricio’ de inglés y que desinteresada la columnista para no darse a la tarea y buscar que la base lírica del grupo escandinavo es Friedrich Nietzsche. Pero bueno, como el mismo pensador alemán lo dijo: “Lo que es muy difícil de comprender por los hombres es su ignorancia con respecto a ellos mismos.”

Miente de nuevo Mayer cuando dice que Montoya era el único que se comunicaba con Noruega. Allí estuvo Alex Oquendo. Qué bueno que hubiera hablado con él. Es el mismo vocalista de la banda Masacre que pasó de soslayo.

Y aplica también un reduccionismo de largo lamentable: lleva usted, Virginia, el black metal exclusivamente al satanismo. Qué poco buscó en internet, o que mal lo hizo, sabiendo que escribe para un medio de información. No encontró sobre el paganismo y la libertad, no leyó que tanto Suiza (Samael) como República Checa (Master´s Hammer) hacían parte también de esto. Se dejó obnubilar por la primera búsqueda de Google, por eso que le pareció más atractivo para su historia, por el mito Euronymous, porque allí encuentra la relación con el mal, con el diablo, con su Diablo.

Y acá me detengo. Son tantos los gazapos, las imprecisiones y su lamentable escritura que no vale la pena continuar. El texto cae por su propio, y mediocre, peso.  Mejor les invito a que vean un video de la banda sobre la que pensaba escribir este fin de semana que ya perdí por tratar de demostrar que la señora Virginia Mayer hace mal su trabajo con este texto, que deja ver su sentido moral y puritano y no le importa jugar con el Mal periodismo (otro diablo). A menos de que sea un cuento y Kien&Ke no lo haya catalogado bien por la pobreza narrativa. ¿No será? O seguro les parece válido buscar el "diablo" en la música, especialmente en el metal, pero ¿por qué no buscarlo en el periodismo?

Adenda del 19 de junio: la columnista Mayer ha corregido en su texto algunas de las imprecisiones señaladas acá como el nombre de la revista Hellzine y ha elegido una fecha para el concierto de Gorgoroth: se fue por 2001 ya que 2011 no le cuadraba (saquen ustedes conclusiones sobre la veracidad de la información teniendo un marco de acción tan amplio). Como verán, sólo tomó las observaciones de forma, mas no las de fondo.

Punto aparte. Tres cosas destaco de Ghost:

1. La calidad técnica y lírica. Un nuevo aire de metal único y melódico que trabaja con elementos clásicos que bien pueden evocar a Mercyful Fate.
2. La propuesta estética que está amarrada a la lírica como una grata ironía.
3. Es la primera banda de metal a la que le conozco un cover de una banda legendaria para el rock pero poco reconocida en este género: The Beatles, con la canción Here Comes the Sun.

sábado, junio 09, 2012

Tocata para fugas, abstracciones y transfiguraciones

No se está haciendo mucho en Colombia por el metal. No, no se está haciendo mucho porque se está haciendo lo mismo. Pero llama la atención que sean los clásicos los que se están haciendo las preguntas de rigor: si esto ya lo hice, ¿para dónde voy ahora? Masacre, que no es poco cosa, ha pospuesto el lanzamiento de un nuevo álbum porque hace, se escucha y se cuestiona si realmente tiene algo más para decir. Y claro que lo tiene, pero ello no basta: hay que decirlo también de otra manera.

Reencarnación ha planteado esa cuestión desde tiempo atrás. “Busca tu luz sin apagar las demás” es una expresión usada constantemente por Víctor Raúl Jaramillo. Él, tan dado a la filosofía y a la poesía, nos ha enrostrado esa y otras frases porque sabe que hay un conformismo en el ambiente o un radicalismo visceral y destructor, poseedor (cree que posee) de la verdad, la única verdad, toda la verdad. Una suerte de dicotomía tan clásica como aburrida. Eso sí, se supone que eso poco importa si usted está en una búsqueda creativa y no siguiendo un pensamiento uniformado. Esto dijo en su álbum ‘Se puede vivir sin dios’: “Pensamos que este trabajo propone en definitiva lo que de alguna manera veníamos intentando con otras propuestas, válidas en su singularidad, aunque aún no comprendidas sino por algunos”.

Se refiere a incomprendidas porque no faltaron las críticas cuando Reencarnación publicó ‘Egipto’. Los epítetos sobran, pues sabemos ya qué fue lo que se dijo en su momento. Palabras más, palabras menos, una carga de ese mismo orden le llegó a Gaias Pendulum por hacer gótico en una ciudad que parece acostumbrada a la violencia: sonora, estética, lírica, social. Es que pensar diferente está mal visto, aunque sea desde una orientación que se dice abierta como el metal.

Quizá por ese lado está la respuesta a la molestia que produjo y producen aún Elkin Ramírez y Kraken. El grupo siguió otro “orden” y simplemente se le descalificó. Así las cosas, a buscar otros horizontes porque en Medellín no se puede. Y no se pudo aún, aunque han pasado más de 20 años del suceso de la Batalla de las Bandas. En ese tiempo existía un interés por validar la escasez: de instrumentos, de técnica, de espacios, de calidad; por ello Carbure no tuvo mayor reconocimiento, aunque estuviera haciendo new wave of british heavy metal en los años ochenta. Ahora, sí importó y marcó un hito un trabajo con tintes de pornomiseria, con pobre actuación y ficción abigarrada como ‘Rodrigo D. No futuro‘, la película de Víctor Gaviria. No le interesó el metal que se desarrolló en El Poblado y otros sectores al sur del Valle de Aburrá. Poco se habla de ello, pero es que la pobreza vende más.

Llama la atención que sean las bandas “clásicas” las que más se han hecho la pregunta “para dónde voy”. No sé si haya en ello una necesidad que los más nuevos no tienen porque prefieren ser fans y creer, en lugar de saber. Pensándolo bien, por ahí puede estar el rompimiento. Por ello no llama a extrañeza que Napalm Death, Mayhem y Motörhead se presten a compartir espacio con agrupaciones que tienen la etiqueta ‘indie’, que participen en espacios donde la base no es el metal; me refiero particularmente al festival Primavera Sound, donde el metal se ha convertido en el género salvación pues le ha permitido llenar de nuevo los escenarios españoles, a pesar de la recesión.

No dejarse llevar por un cierto conformismo ambiente es la consigna que puede resultar incómoda porque más fácil resulta tocar death metal como Masacre, black metal como Mayhem, thrash metal como Slayer, Overkill o Kreator, algo bien rápido como Napalm Death, algo más lento como los inicios de Paradise Lost o My Dying Bride.

Resulta paradójico que sean algunos grupos con historia los que decidan tomar cierta distancia de lo ya ha hecho, por ejemplo Celtic Frost, Sarcófago y Sepultura, mientras que los más nuevos (por lo menos lo que se ve en Medellín y hasta donde me alcanza la señal en Colombia) no se arriesgan a proponer un nuevo escenario que revitalice, como se atrevieron aquellos décadas atrás para romper con tanto convencionalismo en el rock.

¿Y ahora quiénes son los convencionales?