domingo, mayo 20, 2012

Es que ya sabemos tanto


Si la historia se hizo para quedarse, ya nos estamos quedando sin presente; es decir, sin historia propia. Hablar de Historia (con H mayúscula) es bastante sencillo. El mismo Fenriz (Darkthrone) hace el ejercicio cual catedrático, pero no deja de ser cartesiano y despacha el presente con un seco MYRIADS. En otras palabras, para Fenriz lo que se hace ahora o es incalculable o no tiene la mayor relevancia porque no hace más que contagiarse de lo ya hecho, repetirse sin fin, apegarse a la Historia. En parte tiene mucha razón, y en otra se equivoca.

Se escuchan ecos sobre la grandilocuente historia de los setenta, los ochenta y los noventa en el metal, pero no veo a nadie reclamándose la que está sucediendo. Sí, está sucediendo. El mundo no se detuvo en 1993, aunque se quiera volver a los cuartetos (guitarra, bajo, batería y vocal), al sostenido riff, a la temática legendaria, incluso a los jeans entubados, a los tenis blancos, al chaleco lleno de botones y desbordante de parches de bandas clásicas. Hay que decirlo sin dolor: ya pasó, ya pasó...

Lo que no ha pasado es el ahora, pero poco o nada lo marca, poco o nada se está haciendo por él. Y a quien lo hace se le marca con la anacrónica expresión “casposo”. El mundo de ahora lo entendemos porque hace 20 años Pantera publicó el ‘Vulgar Display of Power’ y hace 21 Masacre publicó ‘Requiem’; y en el 2015 serán 20 años del ‘Verdun 1916’ de Neurosis Inc; y en el 2016 nos diremos: carajo, ya pasaron 20 años de la visita de Cathedral a Colombia y otros 20 del ‘Sacro’ (de nuevo Masacre), y de que Reencarnación se “caspiara” con ese armatoste amorfo del ‘Egipto’. Y así va, algunos no se han percatado que ya pasó el tiempo. ¿Y qué se tiene ahora? Un poco más de lo mismo de hace 15, 20 ó 30 años. Sí, serán 30 años de que Parabellum se montó a un escenario. Y qué, ¿para dónde va el metal hecho en Colombia? Va condenado a repetirse y a vivir como tanto se condena a los padres, a los abuelos, a las tías: vivís del pasado. Mírate… eso ya pasó, ya pasó. Parece que el metal tiene el deber tácito e inviolable de no ignorar adrede, poniéndolo en el mismo nivel del no saber y del derecho a olvidar. Se perdona no saber tocar, o sonar mal (dizque underground), o hacer el intento, pero no se puede obviar el canon, así se mancha la historia. ¡El horror, el horror!

Un medio respetable como El País de España, específicamente un blog dedicado a la música como Muro de Sonido, lo resume con estas francas, certeras y preocupantes palabras: “no se trata de hacer algo viejo con pinta de nuevo, ni algo nuevo que solo son capaces de descifrar tus amigos”. Y mira usted el escenario colombiano y alcanza a cogerse las manos con la cabeza con un halo de incredulidad que muestra la incapacidad de superar lo ya hecho (es la norma, pero hay excepciones). Ahora, preocupante no porque diga que hay que seguir adelante, preocupante porque se sigue pendiente de Euronymous, de Dead, de Chuck Schuldiner y tantos otros honorables muertos. Harán falta, seguro. Pero ya pasó, ya pasó…

Se sabe tanto de metal que, al parecer, ya no importa que haya algo nuevo; no importa, o no parece que importe. Por eso un número considerable de grupos que se forma va con la etiqueta de ‘revival’, aunque no lo sepan: este suena a tal, este otro me suena a aquellos, ellos están recuperando el sonido de tales. Como dice el blog español: hemos olvidado que esos grandes que alguna vez conocimos seguro miraron para atrás, pero ellos fueron capaces de ver en ese espejo vocación, no sólo ejecución. De lo contrario, el sonido se hubiera quedado encajado, anquilosado, en Led Zeppelin, en Los Yetis, en Black Sabbath, en ¿Elvis Presley o The Beattles? No se puede ignorar que de ellos surgió el “rock duro”, pero no, gracias, eso ya pasó.

Si ese rompimiento en la ejecución lo hicieron los honorables e históricos, ¿entonces, qué falta ahora? Pues no sé. Yo sólo hago mi labor: decirles que ese tiempo ya pasó. Pero si ya el pasado pasó, me pregunto por qué carajos tardan algunos grupos en caer en la cuenta de que es así y que no se trata de repetirse, de dedicarse al contagio de lo ya sabido. Me pregunto qué duda falta para darse cuenta de que no se sabe tanto como se cree y que no se puede seguir haciendo eco de la relevancia que ya sabemos porque suele terminar por convertirse en mito.

En mito. Esa palabra me queda sonando porque los mitos tienen una gran carga de mentira.