miércoles, abril 18, 2012

Anathema: ‘Weather Systems’


Se los digo de una vez y sin vaguedades: si esto no es metal para muchos, no me importa. Ya me he referido sobre esto en textos anteriores. Ahora al grano, al más reciente disco de la agrupación inglesa formada en 1990: ‘Weather Systems’ (2012).

Recuerdo en este preciso momento las palabras de un grupo que en Medellín se le ha dado palo hasta la saciedad y que aún hoy no se le ha reconocido su aporte musical a esta ciudad pacata y conservadora a ultranza. Dijo Elkin Ramírez en una entrevista que le hiciera en 2005: “Kraken, más que una agrupación, es un concepto artístico”, y más adelante expresó una frase que me pesa porque creo que no ha sido lo suficientemente difundida: que la experiencia obtenida en los años ochenta fue “algo muy mágico que no se planea sino que se vive”.

Algo artístico y algo que no se planea sino que se vive, esas escasas palabras definen bien lo que he encontrado sólo en la música, ese algo que encuentro marcado de manera profunda (casi de manera angustiante, dolorosa) en el disco de los hermanos Cavanagh, los nacidos en Liverpool. ‘Weather Systems’ consta de 9 canciones que se tejen aunque se pueden comprender de manera independiente; están todas hiladas por un halo pasmoso de sobrecogimiento alegre, de un entusiasmo que apenas se dibuja y que solo se entiende con el paso del tiempo: una evocación que tiene algo de gozosa, sin ser delirante. Escuche Untouchable Part 1 (tema que abre el disco) para que contemple ese arpegio que guía el ritmo, un poco acelerado pero permite la cavilación, permite la exploración clara y rítmica y lírica y tonal de Vincent en las vocales.

La letra empieza así:

And i feel like i knew you before
And i guess that you can hear me through this song
And my love will never die
And my feelings will always shine
And my love will never die
And my feelings will always shine

Entonces usted no puede dejar de pensar en el pasado. Palabras como ‘nunca’ y ‘sentimiento’ remontan a un buen tiempo (aunque no todo tiempo pasado fue siempre mejor; casi nunca lo es), a una distancia insoslayable, ¿conmovedora?: “To find a way back home”. Termina la primera canción.

Terminar es un decir, apenas estamos empezando. Untouchable Part 2 sigue inmediatamente con un piano austero y una voz en primer plano un poco más grave. Así hasta que entra la guitarra y la voz de Lee Douglas, la vocalista femenina que tanto le ha aportado en armonía a Anathema desde 2008, cuando  se publicó el disco ‘Hindsight’. “Something I cannot say / Something I cannot say / Something I can't explain”, dice la letra y sigue tejiendo el tema y el ritmo, la atmósfera del disco, acompañados con un teclado que se toma el ambiente y deja atrás el piano.

The Gathering of the Clouds es algo así como el inicio del segundo capítulo. Vuelve el arpegio rápido y un teclado con tonos oscuros, intermitente. Acá toma mayor relevancia el juego vocal que se intercala, que se superpone. Se siente el acompañamiento orquestal, mientras la batería intercala el charles y el bombo. Pausa. Vuelve el arpegio y lo acompaña un violín. No, no es la misma canción. Después de la parada está sonando Lightning Song (ya les decía que el disco se teje y uno a veces no se da cuenta de las costuras): la estructura no es sencilla, no es pop; llama la atención lo lírico que puede ser, pero huye a la forma simple, a la reiteración. Lee Douglas canta y está el arpegio en el fondo, está también la atmósfera del teclado y está el acompañamiento orquestal hasta que en el minuto 3:17 irrumpe la guitarra distorsionada para envolver por completo. Ya el tema es más víbrate. Sí, es el mismo tema, no ha pasado a otra canción –me cercioro, es mejor–. Vuelve la calma y Lee cierra con delicadeza la canción: “The beauty that is here / Beauty that is here”. Ahora sí termina. Duró 5:25.

La guitarra acústica es importante en este trabajo. Es el instrumento protagonista, Sunlight me lo confirma. Se siente el trabajo vocal de Vincent, los tonos y las capas que en este tema se implementan así lo exigen. Esa voz del doom (supuestamente poco trabajada) está acá, pero de un modo más tonal y evocador, permite la fluidez que se une al bajo y a la batería, que se conjuga con los pasajes instrumentales.

¿Dije que esto era como por capítulos? Bueno, pues The Storm Before the Calm parece marcar otro. Sintetizadores, ¿una batería electrónica? La canción rompe con lo que se venía escuchando hasta ahora; pareciera un tema de transición, nos lleva a un escenario no conocido en Anathema en el que los sonidos digitales cobran relevancia y en el que los versos (muy cortos) se repiten un par de veces. El tema es largo, 9:24. Me recuerda un poco lo que hiciera Cradle of Filth en la canción Perverts Church (‘From the Cradle to Enslave’, 1999). No quiero ser injusto, no es para nada bailable, no es gótico, no es industrial, no es hard electro, es más un pasaje de película a través de un túnel con luces esporádicas. Continuaré menos figurativo, lo prometo: el cambio que le vemos al grupo desde hace años no es para hacerse más comercial, es para explorar, como lo hace en esta canción de pocas voces. La tormenta antes de la serenidad, era eso; la canción era un éxtasis, un continuum que nos saca de la monotonía pero que nos deja en un lugar seguro. El tema cambia ahora por los instrumentos clásicos, por los ritmos que venía produciendo. Se trató de un corte que se hizo notorio para luego dejar al oyente en una especie de tensa calma. El cambio se da lento, no vaya usted a fatigarse, pero nos ubica en un momento de la canción que hace pensar que se llegó tarde a ella, que la cogimos empezada, que hace rato estaban allí tocando y no nos habíamos dado cuenta. Y claro, tanto es así que nos llevas hasta The Beginning and the End, plasmando la sensación de que el disco, el tiempo, se está acabando: “deep in my soul in a place that's surrounded by aeons of silence”.

Esta canción, la séptima del álbum, es repetitiva en su letra: “Silence, silence / Fade into silence / Memory, memory”. Dice, por lo menos, ‘silence’ en 6 ocasiones y ‘memory’ 4 –sin contar repeticiones, pues sería necesario multiplicar por 2–. Anathema, que aplica a su estilo un poco de shoegaze, muestra una especie de cierre temático, parece sucumbir de una penumbra que hace años le conforma. The Lost Child empezó tan mesurado como el silencio mismo, apenas perceptible por una instrumentación y un canto grave, de arrullo; se deja oír un piano después de un minuto de iniciado el tema, entra la voz y también la batería; no hay guitarras. Bueno, no había porque entran algunos rasgueos a los dos minutos. Una canción de desconectado, de esos que se pusieron de moda con MTV. Creo que fui muy lejos, que aceleré mi comentario: el tema va subiendo de tono y un poco de ritmo de manera continua hasta que en los 5 minutos el “¡save me!, ¡save me!, ¡save me!” repetitivo nos recuerda que aún falta tiempo, que la música que se propone para este disco se sigue tejiendo hasta el minuto 7:02.

Internal Landscapes entra y usted sabe que se acabó, o que definitivamente ese trance en el que nos mete Anathema con ‘Weather Systems’ está llegando a su fin. La voz que de un hombre habla de quietud, de memoria, de adioses, de la dificultad de describir. La letra es clara:

Goodbye my friend
Life will never end
And i feel like you
And i breath on truth

Quien empieza cantando es Lee, luego entra Vincent; se intercalan. No se trata (no malinterpreten) de esos momentos incómodos del pop en el que el hombre canta y la mujer le responde. Ellos están juntos en ese pasaje de la vida que se extingue. Así cierran el último capítulo o momento o clima ¿es el tercero, cierto?, el disco. Bueno, corrijo: no lo cierran “ellos”, lo cierra la misma voz grave del hombre que habló al inicio con un fondo de sintetizador que va y viene, que se sostiene hasta desaparecer lento, lento.

El disco nos lleva por una serie de estaciones que parecen ir marcha atrás (se me sale lo occidentalista, lo cartesiano, excusas), que pasan de un aire inspirador y sobrecogedor con un halo de entusiasmo hacia un momento no necesariamente triste, pero que nos ubica ante un inefable final: el de la vida. Y el de esta producción de 55 minutos y 45 segundos. 

sábado, abril 07, 2012

Desaster: hermanos del metal

¡Qué manera de tocar! Eso es lo que uno va a buscar en un concierto: si bien ya se sabe cómo suena en el CD o el LP, esperamos que la manera en que se haga nos deje una sensación, esa que precisamente nos dejó el concierto de Desaster el 6 de abril en Medellín.

El arte podrá ser muy interesante desde sus esculturas, desde sus pinturas, desde la pieza terminada; en el metal lo que más vale es la forma en que se hace, y eso solo se puede apreciar viendo a la banda en vivo. Por eso, y por lo que dijo un amigo, “a Medellín no vino una banda de metal, vinieron unos metaleros”, el concierto de Desaster en el centro de la ciudad supera lo que se ha visto en cuanto a presentaciones en vivo acá.

Sin una infraestructura decente, aunque se superó un poco lo que sucedió con Dark Funeral en ese mismo local en Prado, este “viernes santo” fue de lo mejor. Así las cosas, que vuelvan a crucificar al señor, que sigan con esas procesiones debajo de la lluvia y el trancón, que siga existiendo lo uno y lo otro, porque los asistentes al concierto quedamos igual de reivindicados con la vida; y con el metal, con el ser metaleros, por supuesto.

Desaster no quería parar de tocar, a pesar del calor que se generaba en ese espacio. Paró a despedirse por lo menos 4 veces, pero Sataniac (vocalista) quería continuar. Vimos cómo Tormentor (baterista) le preguntaba ¿quieres tocar más? (o creo haber visto y entendido), a lo que Sataniac asentía con la cabeza. Siguieron. Hasta cover de Kreator nos dieron: 'Tormentor'.

Mucho tocaron en Medellín los integrantes de Desaster. Y si nos atenemos a las risas entre ellos y al constante contacto con el público y al alargue del concierto y a su capacidad de congeniar sin las barreras del endiosamiento, también les gustó lo que vieron (vivieron) en Medelllín. En esta ciudad no se poguea (no mosh), le dijo otro amigo a Sataniac; “better, better”, respondió él, después de aguantarse la noche anterior el extremo calor de Cali y el pogueo de sus canciones.

‘Metalized Blood’, ‘In a Winter Battle’, ‘Metropoli’, ‘A Touch Of Medieval Darkness’, y otro resto de temas sonaron, aunque no precisamente en este orden. El orden lo perdí cuando tema tras tema sonaba tan bien, tan preciso, tan apegado al disco y tan vívido. ‘Nekropolis Karthago’ también, ahora que recuerdo. Y ‘Teutonic Steel’, cómo olvidarlo. Este concierto no se olvida fácil. Seguro estoy.

jueves, abril 05, 2012

Delenda

Soen puede llamar la atención por un par de razones: porque antepone la calidad musical a las etiquetas de género y porque por lo menos dos de los músicos son conocidos claramente como parte del metal. Me llama la atención, sobre todo, porque eso que dije atrás le vale poco al grupo. Martin López (exOpeth) y Steve DiGiorgio (exDeath, exTestament y otro resto) marcan ahora un ritmo que por momentos evoca a Opeth pero que se desmarca de inmediato al llevarlo a un tiempo lento que evoca el rock progresivo y que sortea bastante bien un estilo poco advertido: el metal alternativo.

Dije que tiene algo de Opeth y creo que no es tanto así, y siquiera: nos evita ese toque marcado que parece ir hasta los años setenta para retrotraer un aire hippie. Este grupo, Soen, expone unas texturas no necesariamente novedosas pero que sí toman un nuevo aire y que le permiten moverse libremente, desmarcado de la historia de sus integrantes; nos lleva por otras mixturas sin necesidad de acudir al ahora manido sonido étnico, tan de moda en la actualidad, tan fatigoso ya, tan cansón a decir verdad.

Dejo ahora el segundo lanzamiento del álbum debut: Delenda. Eso sí, no dejen de consultar el tema Savia.