domingo, febrero 05, 2012

Dilemas

Me gustan los dilemas. Especialmente me gustan los dilemas musicales. Nada más fuerte que la música, pero esa música creativa, la no repetitiva, la que no se queda en la fórmula boteriana del gordo por el gordo (figuras voluminosas, abundantes, como dice Juan Carlos Botero, el hijo de Fernando Botero, un boterito que es buen hijo pero mal crítico), esa que se repite hasta el cansancio. Algo así como Dimmu Borgir desde el ‘Puritanical Euphoric Misanthropia’ (2001) hasta el presente. Presente insalvable, añado.

Los dilemas me gustan porque es una confrontación, y es difícil vernos en esos casos; especialmente si es en público. Al tema llego porque hace días en UN Radio Medellín nos preguntábamos por eso que llaman “gustos culposos” (y por favor alejen de esas palabras todo prejuicio catolicista), esas cosas que seguro disfrutamos más en privado porque en público suelen ser denostadas por los círculos a los que pertenecemos (metaleros, punkeros, docentes, estudiantes, economistas, literatos, políticos, los adictos a Twitter, la variedad de pertenencias son muchas e incluso son simultáneas, pero difícilmente lo reconocemos).

Del tema surgen muchas aristas que requerirían de un ensayo concienzudo, pero acá lo haré muy breve. No pretendo justificarme, solo ponerlos a considerar el tema. Cómo será de complejo que luego de discutir durante 2 horas en el programa (con intervalos musicales, lo sé), nos quedaron pendientes varios elementos.

Mi excusa, por así decirlo, estuvo alrededor de la agrupación Tool. Esta se me torna interesante por lo indescifrable, por la dificultad que genera catalogar sus horizontes difusos desde lo lírico, desde lo sonoro y desde lo visual. ¿Eso es metal para algunos, no?, preguntaron. Claro, las líneas suelen ser complejas. Para mí mente un tanto cerrada (todo hay que admitirlo), Tool no entraría nunca en eso que llamamos metal. Pero no por ello me gusta menos. Incluso (y con temor a generar malinterpretaciones y que dejen de leer acá varias personas) me gusta más que algunas agrupaciones de metal que han procurado alargar innecesariamente su existencia con una monotonía sonora que me ha hecho claudicar de ellos, otros boteritos sin voluptuosidades pero con fórmula como Dimmu Borgir, Cradle of  Filth, Satyricon, Metallica y varios más.

Considero que la pregunta sobre si Tool entraría en el metal no es ni salida de lugar ni impertinente por eso que les digo: las líneas para clasificar suelen ser difusas. Allí, por ejemplo, surgió algo que no había considerado nunca: Soundgarden fue metal en sus inicios. Que sí, que eso depende de dónde se mire; qué cómo se le ocurre, esa gente era grunge; qué oigan pues a este, eso no tiene nada que ver. Todo eso se puede decir, pero vayan ustedes a la neobliblia del metal que es Enciclopedia Metallum para que salgan de dudas. El grupo Soundgarden (acá el enlace) hacía Stoner. El silogismo es sencillo: Soundgarden hacía stoner / El stoner es una vertiente del metal / Ergo, Soundgarden hizo metal.


Esto me llama aun más la atención porque el canadiense Sam Dunn (el antropólogo de los documentales Metal: A Headbanger's Journey y Global Metal) tiene en su genealogía al grunge como una vertiente del metal.


Ya el tema se me fue ampliando y dije que sería breve. Así pues, a todo esto me llevó el tema de ese día en la emisora y me lleva la música de Tool. Ese día usamos Sober, el video el tema que encuentran abajo.

PD: Disculparán pero el tema queda abierto.

PD2: El señor Camilo Jiménez, conocido en Twitter como @bocasdeceniza, dijo en esa red la siguiente barbaridad: “Antes de ponerle nombre a su banda, los metaleros revisan manuales de dermatología”. Yo me río con algo de ironía y algo de molestia, pero soy consciente de que no soy quien para reducir la ignorancia en el mundo. Allá él, que siga hablando de lo que no sabe y renunciando a la docencia porque no comprende lo que sucede en la sociedad actual que se transforma. Así es muy fácil: renunciar y decir lo primero que se nos viene a la cabeza porque en Twitter la gente suele considerarse muy lista y con una autoestima global; qué digo global, galáctica. Así va la sociedad: renuncia a todo, dice lo que le viene en gana, pero no sostiene nada. Así vamos.

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