lunes, enero 02, 2012

Finalidad

Hay hechos y temas en los que uno simplemente se refleja. También hay personas con las que uno medianamente se logra identificar. El proceso, por más extraño que llegue a parecer, lo genero (no siempre de manera consciente) a través de la música y los libros. Esta vez, valga el infortunio, llegó por medio de la música de Woods of Ypres.

No pienso tirarme acá una larga retahíla lacrimosa. La muerte en Medellín nos ha tocado de manera más violenta y cercana, pero no por ello, y por fortuna, nos hemos acostumbrado. La muerte le tocó a un músico de 31 años (lo mismos que tengo ahora) que residía en Canadá y que con su banda tocaba doom. El hecho ocurrió el 21 de diciembre de 2011 cerca de Barrie, Ontario: un accidente de automóvil.

Me movió un poco el tema por eso que les digo, por la edad; también por la cercanía con la música, por el metal; asimismo, porque a David Gold (se hacía llamar David Ypres, ese método también usado en Medellín y todas partes de tomar por apellido el nombre de la banda) lo seguía en Twitter y el 18 de diciembre hice su último comentario en esa red belicosa, ligera e insistentemente dispersa.  

No voy a decir que lo conocía de cerca porque leía de él unas líneas de vez en cuando o porque desde que escuché el tema y vi el video de ‘I Was Buried In Mount Pleasant Cemetery’ me encapriché con el ritmo de la banda y sus letras que parecen de liturgia vespertina.

The sun came down hot and hard, I could never sleep
To disappear was the only way I could find relief

No, no es eso. Simplemente uno logra crear una filiación del estado mental, algo así como concatenarse de manera metafísica simplemente por la manera de contemplar el mundo:

The End of August
And into autumn
A year from now I’ll be so far away

Ahora que lo pienso, y para cerrar, esto me lleva (casi todo me lleva) a unas líneas de León de Greiff:
Señora Muerte que se va llevando
todo lo bueno que en nosotros topa!...
Mis respetos al grupo Woods of Ypres. Un dedicado silencio a David. Una magra noticia más para el metal. Es que está bien que nos guste hablar de la muerte y no temerle; tenerla presente y tener con ella todo acto cordial, no tener la angustia como disposición afectiva fundamental (el planteamiento es de Heidegger), pero otra cosa es que nos vaya dejando solos, carajo. Señora Muerte, eso es otra cosa.

Lunes, 02 de enero de 2012. In memoriam....

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