lunes, diciembre 12, 2011

En el patio de la casa



Dos conciertos tan disimiles y de esos que suelen denominar de talla internacional me llevan a considerar que sigo optando por la confortable minoría, por los conciertos en los que cualquiera puede contar el número de cabezas de los asistentes. Para ser Megadeth un grupo tan reconocido y aglomerar cientos, miles, de personas, me quedo con Dark Funeral que reúne acaso veintenas.

Tener a Megadeth y a Dark Funeral en una misma semana en Medellín (y Envigado, sí), no es algo común que digamos en estas tierras que se cierran por 4 montañas. Como me decía un profesor la semana previa a los conciertos cuando le expresé mi falta de interés por el concierto de Megadeth: “hombre, pero cada cuánto viene Megadeth a Envigado”. Y sí, tenía razón. Sólo una vez. El mismo raciocinio llevé al otro concierto: cada cuánto está Dark Funeral en el barrio Prado de Medellín. Bueno, creo que me hice entender. Fui a ambos.

Megadeth en el concierto mostró de qué está hecho: de historia. El grupo tocó muy bien, trajo algo de lo más reciente, algo de lo más clásico, algo que animara y algo semejante a una balada en medio del concierto. A Mustaine lo vi cansado, con excesos de bondad (el cambio del alcoholismo por la religión hace mella), vocalizando sin mucho esfuerzo (¿o eso es lo que queda de Mustaine?), pero con mucha calidad en la interpretación de las guitarras.

El grupo en su conjunto se mostró compacto, con experiencia, grande, pero en caída. Me disculparán los que se sintieron cómodos, pero nos tocó un concierto sin mayores esfuerzos. Quien haya estado en el concierto pudo notar la mala calidad del sonido, la forma en que se ahogaba todo; importaron más las luces, el moverse de allá para acá en la tarima para llenar los vacíos y darle notoriedad al punteo, el movimiento programado de cabeza: cabellera al frente y atrás, una sonrisa al público, la pose del guitarrista. Muy bueno, sí. Muy técnico, también. Qué punteos, claro. Pero actuado todo, qué bien programado estaba. Eso vi, un concierto donde la gente logró corear las canciones, brincar un poco, quitarse la camisa en medio de la euforia; un buen grupo con una trayectoria nada despreciable mostró por qué ha llegado donde llegó, pero se me quedó en lo técnico. Por lo menos para mí, ahí se quedó.

Dark Funeral (y esto sigue siendo algo muy subjetivo, lo sé, no tienen que decirlo) me pareció más entregado, menos condescendiente, más artístico, más metal incluso. Al grupo sueco se le quedó debiendo un espacio decente para su puesta en escena, un lugar que no pareciera el patio trasero de la casa del vecino; el tema de las luces lo dejo en silencio. Pero el sonido… qué bueno estuvo. Qué capacidad de reverberar con lo que se tenía, que no era poca cosa. El grupo, a pesar del calor, del cuero y de estar bastante limitados para la movilidad, dieron mucha música, un despliegue de técnica sin rubor, una muestra de contundencia y de energía visceral.


Vi en el frente de la tarima a un par de entusiastas tratando de tomar de cualquier parte a Nachtgarm, y también vi cómo se llevaron un par de golpes de cuenta del poco amistoso vocalista. Pero no era para más. No era un show para mostrar sonrisas, cabezas al frente, cabezas atrás, pararse firme, asentir y desplegar una sonrisa. No, nada de eso. La música fue trepidante, sin escalones, sin medias tintas y sin medios para el descanso. Los temas que esperábamos los tocaron todos. 


Me pareció también un concierto austero, preciso. Me recordó la presentación de Gorgoroth en Bogotá. A lo que vinimos: black metal, buena ejecución, nada de cánticos ni de mensajes de superación. Tampoco paran para que el público les pida más y así regresar a la tarima para eso, para dar un poco más. Noooo, qué tal. Pero bueno, eso, tan propio de los grupos comerciales, sí se lo vi a Megadeth. A Dark Funeral no, ellos son el antagonista, lo que me parece más acorde a la línea histórica del metal, y respetuoso incluso con el público mismo. Es que usted no va a un concierto para dar, sino para recibir: a Dark Funeral le vi entrega y respeto; a Megadeth le vi más respeto que entrega.