domingo, julio 24, 2011

Noruega

Por Noruega siento una profunda empatía al crear parte del mejor metal mundial. Solo me queda recriminar el acto imbécil del fin de semana.

Pensar en el gesto burlón del soberbio que se le ocurrió reunir a una cantidad de personas y luego soltar ráfagas de disparos de manera indiscriminada, me pone a pensar en eso que llamamos maldad. Actos de ese tamaño suenan constantemente, pero esta vez se me cruzó también la apuesta de algunas personas por convertirse en los “verdaderos”, en los salvadores de tal o cual cosa. Creo que saben de qué hablo (espero que lo sepan).

Pienso que es común cruzar (o mejor confundir) esa línea de lo creativo y esa línea peligrosamente ideologizante. Algo de eso tuvo Euronymous en su momento, también Varg Vikernes (Burzum) y también el grupo de Las Cabras en Medellín. Las cosas no alcanzaron la dimensión de lo vivido el 22 de julio en Noruega, pero me puso a pensar en lo cerca que podemos estar de tal imbecilidad. Disculparán que pase yo la raya y olvide la objetividad y la necesaria distancia, pero no puedo dejar de pensar (insisto) en lo sencillo que puede ser cometer tan implacable y estúpido acto en nombre del bien, de la verdad, o de una supuesta maldad que va de la mano con la idiotez.

Carajo, la verdad que duele porque a ese país le debo gran parte de la música que escucho, parte de mi visión de mundo, parte de mi visión de lo que puede ser el metal como corriente cultural y artística. ¿Qué queda? Lo mismo que nos queda en Colombia: esperar que pase, que la marea baje, y seguir. Seguir creando, ojalá. Y estoy seguro de que Noruega seguirá avanzando. Cómo no esperarlo de un país que pone a sus diplomáticos a estudiar el black metal porque es uno de sus principales productos de exportación.

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