domingo, junio 05, 2011

La desesperación, mi herencia

Hace una semana me encontré con este video de Shining y no pude dejar de pensar que éste termina por darle la razón a cuanto sociólogo ha pretendido acercarse al metal. No es necesario ser un gran analista para encontrar en el video todos los elementos que hacen sencillo identificar lo que “es” el metal: guitarras medianamente rápidas, voz desgarrada, cabello largo, tatuajes, ropa negra y de cuero, algo de oscuridad y de fuego.

Ay, eso sí es darle la razón a Omar Urán. Pero bueno, no es una queja. La verdad es que el video es francamente acertado para que no se lo dejen ver a un menor de edad (esta versión es sin censura) y para que un subsecretario de Metrojuventud de una ciudad de la cual prefiero obviar su nombre, un acérrimo católico y hasta un padre de familia se nieguen a que algo así se produzca y se reproduzca en tarima. Los gritos de desesperación que fueron recurrentes en los ochenta, parece que Shining quisiera revivirlos, y en buena hora lo hace.

El acto provocador de este video es íntegro: drogas, inyecciones, esnifadas, cuchillos, cortadas y su correspondiente flujo de sangre, licor, estado de degradación, y metal, ese sonido que parece que genera y degenera todo. ¡Sálvanos dios, no permitamos qué esa música se produzca en una tarima de un festival que es pagado con recursos públicos! Citen a los abogados. ¿Qué podemos hacer para que en este lugar de la mancha no vaya a sonar de nuevo algo así, qué norma ponemos en la convocatoria? Me imagino su malestar cuando supo que no se podía hacer nada. Pero para eso estamos en Colombia. Si por las vías legales no se puede cohibir, pues para eso yo soy el jefe. Y punto.

Me atrevo a calificar como un buen video esta producción titulada Förtvivlan, Min Arvedel. Esto es lo que, poniéndonos un poco teóricos, podríamos llamar como el espacio en el que se reúnen todos los elementos y se hace claro identificar qué es el metal. Ahora, para ser aun más teórico, digo que el metal posee la capacidad de reunir multiplicidad de experiencias, pero al mismo tiempo conserva elementos que hacen posible un reconocimiento, o en términos de Deleuze y Guattari (2000), un agenciamiento.

Hay en la práctica del metal algo que cambia y hay también algo que se conserva, una asociación que, si bien no logra ser definitoria, permite que, por ejemplo, Johan Edlund considere que el black metal “tiene más que ver con letras y con la imagen de la banda que con el sonido”, mientras que para Nick Terry, quien escribe en el prólogo del libro de Albert Mudrian Eligiendo la muerte (2010): “Es la ferocidad musical lo que distingue al death metal y al grindcore, no las letras, la actitud o la imaginería”. Pareciera que hablamos de materias bastante dispares, pero no, no podemos olvidar que seguimos hablando de metal. Y este video, ya para cerrar, reúne todos esos elementos que le ayudan a usted a decir: carajo, eso sí es metal real, el verdadero metal. Ya me parece estarlos oyendo.