viernes, abril 22, 2011

6 años de Melodías en Acero

Es tan común, y preocupa su ligereza, esa proliferación de medios que dicen abanderarse de una escena, de una cultura tan olvidada y a veces ignorada como la del metal. Fanzines, programas de radio y páginas en internet anuncian con bombos y platillos ser el medio especializado del metal de la ciudad y el país, y en efecto lo son, porque son pocos; una, dos, tres ediciones y hasta ahí llega su trabajo; les sigue un monólogo sostenido de esnobismo pseudo-ilustrado, de analfabetas letrados, que mejor hubiesen hecho al no iniciar nada y dejarnos a nosotros, a los que les leemos, les vemos y les escuchamos en la inopia, pues el empuje, el ánimo (y otros justifican el dinero) para continuar desarrollando su labor se agota cuando han enriquecido sus anaqueles personales con la música que a sus manos llegaron con el propósito de ser difundidos. O porque sí, porque no quieren más.

Si bien el fin no es sublimar de manera innecesaria al metal, se hace menester abordarlo de una manera respetuosa y crítica, puesto que el ímpetu primigenio que le dio vida no fue el de salir a vender millones y dedicarse a la codiciada vida de estrellas de pop (aunque se respeta a quienes sí lo tengan), sino el de manifestar una disidencia, otro lado de la vida que unos llamarán oscuro, yo prefiero verlo de un modo más humanista, que se cansó de los ritmos simples y cadenciosos que sirven como sonsonete de fondo para ambientar programas faltos de creatividad y de acompañante de la coreografía colegial.

Fueron jóvenes en su momento los que se atrevieron a cantarle al crudo mundo que observa inerme cómo se desangra, cómo se muere y cómo a nadie le importa; una rebeldía juvenil que también se atrevió a apartarse de la religión y a ventilar los despropósitos que la fe impone y que luego oculta a través de la comunión. Los mismos hombres que hoy, ya no tan jóvenes, continúan enarbolando ese espíritu que se enmarca en el arte por el arte.

Y así tuvimos la fortuna de ver, pero sobre todo de escuchar, a Kronos (Venom), a Quorthon (Bathory), a Euronymous y Death (Mayhem), a Dimebag Darrell (Pantera), a Chuck Schuldiner (Death) y muchos otros pasar por nuestras vidas sin traicionar sus propuestas. Y así, vendiendo su música pero sin esos efímeros y desdeñables arrebatos de fama y de reconocimiento de centro comercial, que tan criticables son, puesto que quienes en ese ánimo sucumben lo primero que traicionan es su sonido, seguido de la filosofía y, por extensión, son un irrespeto al público. Músicos, pues, que nos han demostrado que el metal, ante todo, es una actitud frente a la vida, una filosofía que en un momento dio comienzo ese sonido avasallador y estridente, de voces guturales o sepulcralmente desgarradas y desgarradoras, que no adulteran sus principios.

Así sigo yo con este proyecto que inició en abril de 2005.

A los que leen esto, a los que se trasnochan un jueves o un sábado (o ambos días), a los que me recuerdan de cuando en vez que esto sigue valiendo la pena: gracias.

Melodías en Acero, 2005 - 2011.

domingo, abril 03, 2011

Tres

Tres cosas se me antojan reprochablemente irredimibles, oprobiosas, insolentes.
La primera es el nacimiento, que ocurre sin permisos,
lleno de un apático delirio de expulsión irrevocable.
La segunda es la muerte,
la aterida socarrona que, apegada a la primera,
no tiene miramientos en presentarse sin anuncios, sin concesiones.
Y la tercera es el regalo,
que no depende de la indeterminación de las dos anteriores.
Este solo llega, mas no llega solo, como el tercer advenimiento,
se presenta independiente,
pero mediado por el impulso,
el procaz, sagaz, mordaz y delirante: porque me da la GA-NA.


PD: es posible que les parezca que el video está poco relacionado con el texto. Pues tienen toda la razón. Es el grupo que escuchaba mientras lo escribí, en noviembre de 2010.