lunes, diciembre 12, 2011

En el patio de la casa



Dos conciertos tan disimiles y de esos que suelen denominar de talla internacional me llevan a considerar que sigo optando por la confortable minoría, por los conciertos en los que cualquiera puede contar el número de cabezas de los asistentes. Para ser Megadeth un grupo tan reconocido y aglomerar cientos, miles, de personas, me quedo con Dark Funeral que reúne acaso veintenas.

Tener a Megadeth y a Dark Funeral en una misma semana en Medellín (y Envigado, sí), no es algo común que digamos en estas tierras que se cierran por 4 montañas. Como me decía un profesor la semana previa a los conciertos cuando le expresé mi falta de interés por el concierto de Megadeth: “hombre, pero cada cuánto viene Megadeth a Envigado”. Y sí, tenía razón. Sólo una vez. El mismo raciocinio llevé al otro concierto: cada cuánto está Dark Funeral en el barrio Prado de Medellín. Bueno, creo que me hice entender. Fui a ambos.

Megadeth en el concierto mostró de qué está hecho: de historia. El grupo tocó muy bien, trajo algo de lo más reciente, algo de lo más clásico, algo que animara y algo semejante a una balada en medio del concierto. A Mustaine lo vi cansado, con excesos de bondad (el cambio del alcoholismo por la religión hace mella), vocalizando sin mucho esfuerzo (¿o eso es lo que queda de Mustaine?), pero con mucha calidad en la interpretación de las guitarras.

El grupo en su conjunto se mostró compacto, con experiencia, grande, pero en caída. Me disculparán los que se sintieron cómodos, pero nos tocó un concierto sin mayores esfuerzos. Quien haya estado en el concierto pudo notar la mala calidad del sonido, la forma en que se ahogaba todo; importaron más las luces, el moverse de allá para acá en la tarima para llenar los vacíos y darle notoriedad al punteo, el movimiento programado de cabeza: cabellera al frente y atrás, una sonrisa al público, la pose del guitarrista. Muy bueno, sí. Muy técnico, también. Qué punteos, claro. Pero actuado todo, qué bien programado estaba. Eso vi, un concierto donde la gente logró corear las canciones, brincar un poco, quitarse la camisa en medio de la euforia; un buen grupo con una trayectoria nada despreciable mostró por qué ha llegado donde llegó, pero se me quedó en lo técnico. Por lo menos para mí, ahí se quedó.

Dark Funeral (y esto sigue siendo algo muy subjetivo, lo sé, no tienen que decirlo) me pareció más entregado, menos condescendiente, más artístico, más metal incluso. Al grupo sueco se le quedó debiendo un espacio decente para su puesta en escena, un lugar que no pareciera el patio trasero de la casa del vecino; el tema de las luces lo dejo en silencio. Pero el sonido… qué bueno estuvo. Qué capacidad de reverberar con lo que se tenía, que no era poca cosa. El grupo, a pesar del calor, del cuero y de estar bastante limitados para la movilidad, dieron mucha música, un despliegue de técnica sin rubor, una muestra de contundencia y de energía visceral.


Vi en el frente de la tarima a un par de entusiastas tratando de tomar de cualquier parte a Nachtgarm, y también vi cómo se llevaron un par de golpes de cuenta del poco amistoso vocalista. Pero no era para más. No era un show para mostrar sonrisas, cabezas al frente, cabezas atrás, pararse firme, asentir y desplegar una sonrisa. No, nada de eso. La música fue trepidante, sin escalones, sin medias tintas y sin medios para el descanso. Los temas que esperábamos los tocaron todos. 


Me pareció también un concierto austero, preciso. Me recordó la presentación de Gorgoroth en Bogotá. A lo que vinimos: black metal, buena ejecución, nada de cánticos ni de mensajes de superación. Tampoco paran para que el público les pida más y así regresar a la tarima para eso, para dar un poco más. Noooo, qué tal. Pero bueno, eso, tan propio de los grupos comerciales, sí se lo vi a Megadeth. A Dark Funeral no, ellos son el antagonista, lo que me parece más acorde a la línea histórica del metal, y respetuoso incluso con el público mismo. Es que usted no va a un concierto para dar, sino para recibir: a Dark Funeral le vi entrega y respeto; a Megadeth le vi más respeto que entrega.

jueves, septiembre 22, 2011

All i want is blackness... blackness and silence

No voy a decir que me lo encontré porque realmente lo estaba buscando. Empecé pensando en esa parte que dice "All I want is blackness... blackness and silence". La escuché por vez primera en la canción 'This Blood Falls As Mortal Part III', de Lurker of Chalice, un proyecto independiente de un músico particularmente huraño que me gusta lo que hace: Wrest (Leviathan, Twilight, Nachtmystium, ex-Sunn O))), Von Goat).


El estribillo, no me extraña, no es de él. Es de Sylvia Plath, una joven suicida (y poeta, si acaso les interesa).


El texto, en inglés dice así:


Sometimes I feel like I am not… Solid.
I'm hollow. There’s… Nothing behind my eyes.
 I'm a negative of a person.
It's as if I never... I never thought anything.
I never wrote... anything, I never felt anything.
All I want is blackness...
blackness and silence. 
Look, one thing I do know about death..
is it is not a...a reunion or a homecoming.
There's... there is no your life doesn't flash
before you and the missing pieces of you dont click into place.
Its just…. there's fuck all.
There is nothing.
So what do you do when your life... gets as bad it can.
And just keeps getting worse.


Y así, porque la poesía y la música suelen estar más cerca de lo que uno se imagina, suenan esas palabras acompañadas de acordes taciturnos, depresivos, melancólicos, misantrópicos y ambientales del black metal... los que crea Lurker of Chalice y que a mí me suenan placenteramente dolorosos.

lunes, agosto 22, 2011

Lo que alguna vez fue

Rítmicas desgarrantes, desgarradas y desgarradoras son las que interpreta Burzum en su música. En todo proyecta un mundo, una cultura arcana, una legión de prosas oscuras, epopeyas majestuosas, música espantosamente divina.

Y sobre todo presten atención a los tiempos, moderados todos; taciturnos quizá; travesías internas, por qué no.

domingo, julio 24, 2011

Noruega

Por Noruega siento una profunda empatía al crear parte del mejor metal mundial. Solo me queda recriminar el acto imbécil del fin de semana.

Pensar en el gesto burlón del soberbio que se le ocurrió reunir a una cantidad de personas y luego soltar ráfagas de disparos de manera indiscriminada, me pone a pensar en eso que llamamos maldad. Actos de ese tamaño suenan constantemente, pero esta vez se me cruzó también la apuesta de algunas personas por convertirse en los “verdaderos”, en los salvadores de tal o cual cosa. Creo que saben de qué hablo (espero que lo sepan).

Pienso que es común cruzar (o mejor confundir) esa línea de lo creativo y esa línea peligrosamente ideologizante. Algo de eso tuvo Euronymous en su momento, también Varg Vikernes (Burzum) y también el grupo de Las Cabras en Medellín. Las cosas no alcanzaron la dimensión de lo vivido el 22 de julio en Noruega, pero me puso a pensar en lo cerca que podemos estar de tal imbecilidad. Disculparán que pase yo la raya y olvide la objetividad y la necesaria distancia, pero no puedo dejar de pensar (insisto) en lo sencillo que puede ser cometer tan implacable y estúpido acto en nombre del bien, de la verdad, o de una supuesta maldad que va de la mano con la idiotez.

Carajo, la verdad que duele porque a ese país le debo gran parte de la música que escucho, parte de mi visión de mundo, parte de mi visión de lo que puede ser el metal como corriente cultural y artística. ¿Qué queda? Lo mismo que nos queda en Colombia: esperar que pase, que la marea baje, y seguir. Seguir creando, ojalá. Y estoy seguro de que Noruega seguirá avanzando. Cómo no esperarlo de un país que pone a sus diplomáticos a estudiar el black metal porque es uno de sus principales productos de exportación.

miércoles, julio 13, 2011

Mortaja de letras

Nota: antes de empezar a leer esta entrada, ponga a sonar la canción que está justo debajo de este texto.

Sentir que el final está cerca. Tan cerca como para tener que escribir. Quizá no sea más que un delirio al dejar sonar 'We, The Gods'. Pero no sé para qué me explico, seguro usted lo ha escuchado y ha sentido algo de ese orden. Algo en ese orden, quiero decir, cuando la armonía se hace dolor, o parece que se hace dolor. Y si no es dolor lo que expresa ese bajo, no sé qué pueda serlo, no sé cómo se pueda expresar tan bien el vacío, un aterido placer que se afinca entre resquicios que son pasado.

La música no puede ser más placentera porque simplemente lo es para quien la prueba, y si usted no sabe qué es ceniza, mejor ni se atreva a hablar que acá le hablo yo.

Mierda. Si son casi 10 minutos y esto sigue (el tiempo de la escritura es diferente al de la lectura o al de la escucha). El impulso del final sigue, sigue cerca, cerca del final. Sonará redundante, quizá, pero sigue ‘Pentecost III’ y el impulso no se acaba, al contrario, lo subleva. Eso sí es metal, me digo. Un impulso que lo lleva a uno a escribir y a no pensar mucho. A veces es bueno dejar que la escritura fluya y después se le arregla, se le pule, se le carga de sinónimos o cualquier metonimia que haga de la prosa algo decente, pero no será esta la ocasión. Si con solo ese riff del minuto 3:32 esto coge otro ritmo: más profundo, más delirante, más angustiante.

(texto sin terminar...)

Domingo, 17 de julio: Y como la música no se detiene, pues acá es necesario seguir. Pienso también que Anathema nos deja en medio de una dolorosa penumbra, que mientras avanza nos va dejando una estela de recuerdos (dolorosos), pero cada quién sabrá ubicarlos en su presente desde su pasado. Si con el discurrir de la letra también puede uno sentirse representado, ardientemente representado en ese desprecio ante la divinidad reveladora: reveladora de mentiras, de vacíos, de pena. Un calvario, eso, un calvario, el lugar de la calavera suprema, infinita.

domingo, junio 05, 2011

La desesperación, mi herencia

Hace una semana me encontré con este video de Shining y no pude dejar de pensar que éste termina por darle la razón a cuanto sociólogo ha pretendido acercarse al metal. No es necesario ser un gran analista para encontrar en el video todos los elementos que hacen sencillo identificar lo que “es” el metal: guitarras medianamente rápidas, voz desgarrada, cabello largo, tatuajes, ropa negra y de cuero, algo de oscuridad y de fuego.

Ay, eso sí es darle la razón a Omar Urán. Pero bueno, no es una queja. La verdad es que el video es francamente acertado para que no se lo dejen ver a un menor de edad (esta versión es sin censura) y para que un subsecretario de Metrojuventud de una ciudad de la cual prefiero obviar su nombre, un acérrimo católico y hasta un padre de familia se nieguen a que algo así se produzca y se reproduzca en tarima. Los gritos de desesperación que fueron recurrentes en los ochenta, parece que Shining quisiera revivirlos, y en buena hora lo hace.

El acto provocador de este video es íntegro: drogas, inyecciones, esnifadas, cuchillos, cortadas y su correspondiente flujo de sangre, licor, estado de degradación, y metal, ese sonido que parece que genera y degenera todo. ¡Sálvanos dios, no permitamos qué esa música se produzca en una tarima de un festival que es pagado con recursos públicos! Citen a los abogados. ¿Qué podemos hacer para que en este lugar de la mancha no vaya a sonar de nuevo algo así, qué norma ponemos en la convocatoria? Me imagino su malestar cuando supo que no se podía hacer nada. Pero para eso estamos en Colombia. Si por las vías legales no se puede cohibir, pues para eso yo soy el jefe. Y punto.

Me atrevo a calificar como un buen video esta producción titulada Förtvivlan, Min Arvedel. Esto es lo que, poniéndonos un poco teóricos, podríamos llamar como el espacio en el que se reúnen todos los elementos y se hace claro identificar qué es el metal. Ahora, para ser aun más teórico, digo que el metal posee la capacidad de reunir multiplicidad de experiencias, pero al mismo tiempo conserva elementos que hacen posible un reconocimiento, o en términos de Deleuze y Guattari (2000), un agenciamiento.

Hay en la práctica del metal algo que cambia y hay también algo que se conserva, una asociación que, si bien no logra ser definitoria, permite que, por ejemplo, Johan Edlund considere que el black metal “tiene más que ver con letras y con la imagen de la banda que con el sonido”, mientras que para Nick Terry, quien escribe en el prólogo del libro de Albert Mudrian Eligiendo la muerte (2010): “Es la ferocidad musical lo que distingue al death metal y al grindcore, no las letras, la actitud o la imaginería”. Pareciera que hablamos de materias bastante dispares, pero no, no podemos olvidar que seguimos hablando de metal. Y este video, ya para cerrar, reúne todos esos elementos que le ayudan a usted a decir: carajo, eso sí es metal real, el verdadero metal. Ya me parece estarlos oyendo.

domingo, mayo 15, 2011

Ataraxie

Ataraxie es de esos grupos que uno conoce y que no puede soltar, que difícilmente deja de sonar una vez los escuchó.
Temas largos, densos y a veces vacíos en apariencia, generan una atmósfera propicia para la desolación. Acá les dejo el tema "Walking Through the Land of Falsity". Muestra de que esa música que hacen no es asunto de instrumentos simplemente.

Ataraxia es aquella disposición del ánimo propuesta por los epicúreos, estoicos y escépticos, gracias a la cual alcanzamos el equilibrio emocional mediante la disminución de la intensidad de nuestras pasiones y deseos y la fortaleza del alma frente a la adversidad, y finalmente la felicidad, que es el fin de estas tres corrientes filosóficas. La ataraxia es, por tanto, tranquilidad, serenidad e imperturbabilidad en relación con el alma, la razón y los sentimientos. O bueno, eso dicen. A mí me interesa es otra cosa, la que sigue abajo.
Ataraxie, la banda francesa de funeral doom que tomó de esta propuesta epicúrea su nombre, se formó en la agonía del año 2000.
Una de las características prominentes, colosales y que incluso bajo el método tradicional de los medios de comunicación la hacen no radiable, es que su música suele ser extensa, apacible, sosegada e imperturbable. Con temas que pueden rayar con los 25 minutos. Así las cosas, es mejor callar no para oír sino para escuchar.

viernes, abril 22, 2011

6 años de Melodías en Acero

Es tan común, y preocupa su ligereza, esa proliferación de medios que dicen abanderarse de una escena, de una cultura tan olvidada y a veces ignorada como la del metal. Fanzines, programas de radio y páginas en internet anuncian con bombos y platillos ser el medio especializado del metal de la ciudad y el país, y en efecto lo son, porque son pocos; una, dos, tres ediciones y hasta ahí llega su trabajo; les sigue un monólogo sostenido de esnobismo pseudo-ilustrado, de analfabetas letrados, que mejor hubiesen hecho al no iniciar nada y dejarnos a nosotros, a los que les leemos, les vemos y les escuchamos en la inopia, pues el empuje, el ánimo (y otros justifican el dinero) para continuar desarrollando su labor se agota cuando han enriquecido sus anaqueles personales con la música que a sus manos llegaron con el propósito de ser difundidos. O porque sí, porque no quieren más.

Si bien el fin no es sublimar de manera innecesaria al metal, se hace menester abordarlo de una manera respetuosa y crítica, puesto que el ímpetu primigenio que le dio vida no fue el de salir a vender millones y dedicarse a la codiciada vida de estrellas de pop (aunque se respeta a quienes sí lo tengan), sino el de manifestar una disidencia, otro lado de la vida que unos llamarán oscuro, yo prefiero verlo de un modo más humanista, que se cansó de los ritmos simples y cadenciosos que sirven como sonsonete de fondo para ambientar programas faltos de creatividad y de acompañante de la coreografía colegial.

Fueron jóvenes en su momento los que se atrevieron a cantarle al crudo mundo que observa inerme cómo se desangra, cómo se muere y cómo a nadie le importa; una rebeldía juvenil que también se atrevió a apartarse de la religión y a ventilar los despropósitos que la fe impone y que luego oculta a través de la comunión. Los mismos hombres que hoy, ya no tan jóvenes, continúan enarbolando ese espíritu que se enmarca en el arte por el arte.

Y así tuvimos la fortuna de ver, pero sobre todo de escuchar, a Kronos (Venom), a Quorthon (Bathory), a Euronymous y Death (Mayhem), a Dimebag Darrell (Pantera), a Chuck Schuldiner (Death) y muchos otros pasar por nuestras vidas sin traicionar sus propuestas. Y así, vendiendo su música pero sin esos efímeros y desdeñables arrebatos de fama y de reconocimiento de centro comercial, que tan criticables son, puesto que quienes en ese ánimo sucumben lo primero que traicionan es su sonido, seguido de la filosofía y, por extensión, son un irrespeto al público. Músicos, pues, que nos han demostrado que el metal, ante todo, es una actitud frente a la vida, una filosofía que en un momento dio comienzo ese sonido avasallador y estridente, de voces guturales o sepulcralmente desgarradas y desgarradoras, que no adulteran sus principios.

Así sigo yo con este proyecto que inició en abril de 2005.

A los que leen esto, a los que se trasnochan un jueves o un sábado (o ambos días), a los que me recuerdan de cuando en vez que esto sigue valiendo la pena: gracias.

Melodías en Acero, 2005 - 2011.

domingo, abril 03, 2011

Tres

Tres cosas se me antojan reprochablemente irredimibles, oprobiosas, insolentes.
La primera es el nacimiento, que ocurre sin permisos,
lleno de un apático delirio de expulsión irrevocable.
La segunda es la muerte,
la aterida socarrona que, apegada a la primera,
no tiene miramientos en presentarse sin anuncios, sin concesiones.
Y la tercera es el regalo,
que no depende de la indeterminación de las dos anteriores.
Este solo llega, mas no llega solo, como el tercer advenimiento,
se presenta independiente,
pero mediado por el impulso,
el procaz, sagaz, mordaz y delirante: porque me da la GA-NA.


PD: es posible que les parezca que el video está poco relacionado con el texto. Pues tienen toda la razón. Es el grupo que escuchaba mientras lo escribí, en noviembre de 2010.

domingo, marzo 20, 2011

Katatonia

Dejé calmar un poco la apoteosis. Me pareció oportuno, aunque poco o nada cambió mi percepción. El concierto de Katatonia en Colombia, lo que me lleva a hablar, fue sin duda un concierto que ahora desde la distancia contemplo como relevante, por lo menos para mí. Para bien o para mal, el doom metal no tiene mucha acogida en el país, pero eso poco o nada me importó para gozar de semejante concierto. Incluso la asistencia (máximo 200 personas), lo hizo aun más cercano.

En ese orden de ideas se expresó su guitarrista líder, Anders Nyström; palabras más, palabras menos, dijo que no importaba que este no fuera un concierto masivo, que en conciertos de ese tamaño se reúnen los verdaderos seguidores de los grupos. Quizás esa sea una muletilla a la que se recurra cuando los conciertos tienen escasos asistentes, pero algo sí queda claro: no había excusas para no asistir, en Colombia pocos siguen el doom y pocos siguen (¡seguimos!) a un grupo legendario como Katatonia.

Así vivimos el cierre del concierto. Dos temas clásicos que tocaron, dijo Jonas, por ser la primera vez que hacían gira por Latinoamérica. Temas que agradecí profundamente porque tener a Katatonia sin escuchar algo del 'Dance of December Soul' y del 'Brave Murder Day', era dejar un gran momento de la historia del metal por fuera. Pero fuimos recompensados.

domingo, marzo 13, 2011

Melofagia

La nostalgia por la música, por los formatos en que la gozamos, se nos ha convertido en el eterno dilema de los músicos, olvidando que ya no importa el desvencijado material en el que se dé a conocer, sino en la calidad del producto; el deleite del melómano; el goce caníbal del que no le basta con oír una ni dos canciones sino el álbum completo, y coleccionarlo, sobre todo coleccionarlo, y conseguir más y cuidarlos para que no se vayan a dañar.

La Real Academia de la Lengua no reconoce la palabra melofagia, y no es que la ignore o que pertenezca a cierto culto erudito de seguidores de la música; tampoco pertenece a un nuevo y absurdo diccionario, pero describe el gusto visceral por escuchar, por recopilar, tener en el anaquel siempre disponible a full color, o blanco y negro, la música: sea en casete, vinilo, CD, DVD o el criticado mp3.

En Medellín, la ciudad que vivo y me corresponde, los coleccionistas se distinguen por ser pocos y fieles. En los ochentas y noventas tener un disco original era de tanto reconocimiento que te bautizaban según el vinilo que tuvieras: Jaime Reign in Blood, David Altars of madness, Juancho Ride the lightning.

Se reconocían porque eran escasos los metaleros y porque eran menos quienes tenían con qué comprarlo: poder adquisitivo, dicen los economistas. Aunque eso no era excusa para no escucharlos, pedirlos prestados y, ¡oh karma eterno!, grabarlos, copiarlos. LP a casete y casete a casete y siga el círculo y pierda calidad, pero ahí estaba. Ya la música era de todos, hasta que el LP volvía a manos del dueño, proveniente de aquel al que se le prestó, o por el amigo, del amigo, del amigo, al que se lo prestaron también.

Nos empezamos a preocupar por esos devoradores sin recato, porque acá, en Medellín y Colombia toda, se empezó a producir el Metal propio, y a grabar y a distribuir. Ahí se involucraron el bolsillo y el dolor de cabeza; luego llegó internet y se convirtió en el enemigo de turno, como lo fueron, y lo siguen siendo, el casete y el CD virgen.

Olvidan algunos, muchos, que ha pasado el tiempo y que no es fácil irse contra él; menos ver la tecnología como el problema y tratar hacerle el quite, como si con ello se garantizara el triunfo, ignorando la pelea pírrica que inician contra sí mismos. Así de estúpido –lo siento, pero no tengo más calificativos para tan extravagante propuesta– lució Elton Jhon cuando solicitó cerrar internet durante cinco años para que no se menoscabaran sus grandilocuentes ventas.

Y claro, cuando se venden discos a granel se considera como siniestro enemigo la posibilidad de ofrecer gratuitamente lo que siempre había sido rentable. El problema acá no es cobrar por el trabajo, sino emprenderla contra el público mismo, pues este es quien lo disfruta, lo compra, y, al fin y al cabo, lo preserva vivo como músico, y a su música.

Pasan por alto, también, que ahora los medios están al alcance de tantos como nunca antes, y resultan valiosos como herramienta para anunciarse, para darse a conocer en cualquier lugar de ese mundo digital y sin fronteras. Antes nadie tuvo una posibilidad tan cercana y económica para escuchar Black Metal de Irán, Death de Kazakhstan, Thrash de Nepal o Doom de Slovenia. Y de que su banda nacida en Buga, La Dorada, Ipiales o Popayán pudiese ser escuchada con solo un mes de formada en cualquier país a través de una grabación casera y mal lograda.

Muchos de los que ahora son músicos en el país, en un comienzo fueron oyentes, aunque algunos han dejado de serlo en el camino; se empecinan en hacer parte de un mercado donde su esfuerzo se vea recompensando en forma de billete y se han concentrado en peleas inagotables contra la piratería. Mientras tanto, otros buscan la forma de atraer al público, entonces el disco lo hacen multimedia, le agregan imágenes y video y encima lo acompañan con parches, boletas o afiches; otros lanzan sus álbumes en CD-R para que su venta sea a un bajo valor; algunos más, incluso, ofrecen la descarga de sus canciones y del álbum completo.

El propósito es llegar a sus seguidores y nosotros lo agradecemos porque además de comprender el esfuerzo, apreciamos el valor de la música, la que nos gusta. Por esto no nos complacemos con escucharlo y cambiarlo en 15 días por la nueva banda del momento, pues la colección musical se convierte en invaluable pieza de museo personal.

A un verdadero devorador de la música, a un melófago, no le bastará con encontrarse desprevenidamente una canción, nunca esperará a escucharla en una emisora, no le será suficiente el tenerlo entre la lista de tags de su computadora o entre el arrume de CD recopilatorios de hasta 10 bandas o más. Eso no. En este complicado mercado, el melófago buscará la banda, su álbum, lo comprará en un viejo formato o en uno más reciente, disfrutará el ritual de descorcharlo, con tacto, y de reproducirlo, una y otra vez, mientras se embelesa con la presentación y pone en esto y aquello un cuidado casi quirúrgico.

PD: y como es necesaria la coherencia en este caso, les comparto el video de Necrophagia, un proyecto alterno de Phil Anselmo (Pantera), donde participa no con la vocalización sino con la guitarra. La narrativa es pútridamente precisa.

viernes, febrero 04, 2011

SUNN O))), o el sonido displicente

Extremadamente distorsionado, dirán. También pueden decir que el drone metal es un invento, simplemente un sonido más atmosférico en el que se excluye la armonía, el ritmo e incluso la batería.

Esta música inquietante proviene del amplificador altamente ruidoso y doloroso, de las angustiosas guitarras disonantes y arrítmicas, de una voz tremebunda, escasa y sin acople alguno.

Y sus canciones son largas y lentas; tormentosamente largas y lentas como para ser escuchas con la atención del caso; pareciera que te sacan y te retan a mantener la concentración por más de 8, 10, 15 minutos extensos y saturados de… ¿ruido?

Música tupida y radical la de Sunn O))), una banda norteamericana que en 2005 publicó el álbum 'Black One', el cual hace parte de su larga producción desde su conformación en 1999. Música que no es apta para todos los oídos debido a que sus constantes sonidos tienden a retumbar por la densidad con que se ejecutan, por las bajas distorsiones que utilizan.

Reconocidos por lucir túnicas en sus conciertos, por la niebla que acompaña sus presentaciones, Sunn O))) también se queda en la memoria de las personas porque en lugar de llenar, suele dejar vacías las plazas ya ocupadas donde se presentan, pues soportar una hora de sus sonidos (su música) es una tarea que se sobrelleva con la dificultad de una estridencia sostenida.

Su música, digo para cerrar, representa fielmente un pensamiento especializado (excluyente y cargado de radicalismo, pensarán otros) donde el metal es para pocos, donde su género no es para todo el que se acerque y aprecie su arte, sino para aquel que sabe escuchar y comprender el estallido vehemente de lo lúgubre.

martes, enero 18, 2011

Ilustre aflicción

Este elogio a la amargura se lo dedico a un país que vive de esperanzas de ganar y de que no lo secuestren; de que lo dejen vivir y de que lo liberen también. Tienen, los habitantes de este remedo de patria democrática, muchas razones para preocuparse y marchar y pedir lo que por derecho ya les fue negado.

Un elogio a la amargura porque no es necesario hacer nada, porque a ningún lado vamos como vamos: viviendo a la desesperada e intentado y suplicando que nos miren y nos respeten y nos consideren, por favor.

“He adquirido mis dudas penosamente; mis decepciones, como si me esperasen desde siempre, han llegado solas”, dijo Emil Cioran, un pensador y despotricador, nihilista y desencantado hombre que dijo lo que pensó y que no debió callarse malestar alguno.

Acá traigo algunos fragmentos dispersos de los textos de un hombre que alguna vez, en su juventud enrevesada y ferviente, fuera miembro de la Guardia de Hierro, una organización fascista de su Rumania natal, y quien alguna vez dijo admirar a Hitler.

Hechos y palabras que, quizá, su conciencia le cobró y al mismo tiempo ayudó a convertir en un gran pesimista de la postguerra, un escritor brutal que le apostó a perder y que escarbando en el humanismo encontró su fuente de desahucio pues, como dijo Tolstoi, se sabe que la literatura se lleva mal con la felicidad.

Y en esa suerte de desvelo encuentro un ineludible ser que comprendía el absurdo y nos transmitía esa especie de confusión extrema que nos arropa siempre y nos trasnocha. Que no se malentiendan entonces sus posibles contradicciones porque no lo son; no entremos en encrucijadas que apenas estamos para ambigramas; dejémosle a Cioran la capacidad de crear ideas libremente, aunque venga de fiel inspiración de Schopenhauer y Nietzsche, existencialistas insoslayables, como él.

¡Qué lejos estoy de todo!

Ignoro totalmente por qué hay que hacer algo en esta vida, por qué debemos tener amigos y aspiraciones, esperanzas y sueños. ¿No sería mil veces preferible retirarse del mundo, lejos de todo lo que engendra su tumulto y sus complicaciones? Renunciaríamos así a la cultura y a las ambiciones, perderíamos todo sin obtener nada a cambio; pero ¿qué se puede obtener en este mundo? Para algunos, ninguna ganancia es importante, pues son irremediablemente desgraciados y están irremisiblemente solos. ¡Nos hallamos todos tan cerrados los unos respecto a los otros! Incluso abiertos hasta el punto de recibirlo todo de los demás o de leer en las profundidades del alma, ¿en qué medida seríamos capaces de dilucidar nuestro destino? Solos en la vida, nos preguntamos si la soledad de la agonía no es el símbolo mismo de la existencia humana. Querer vivir y morir en sociedad es una debilidad lamentable: ¿acaso existe consuelo posible en la última hora? Es preferible morir solo y abandonado, sin afectación ni gestos inútiles. Quienes en plena agonía se dominan y se imponen actitudes destinadas a causar impresión, me repugnan. Las lágrimas sólo son ardientes en soledad. Todos aquellos que desean rodearse de amigos en la hora de la muerte lo hacer por temor e incapacidad de afrontar su instante supremo. Intentan, en el momento esencial, olvidar su propia muerte. ¿Por qué no se arman de heroísmo y echan el cerrojo a su puerta para soportar esas temibles sensaciones con una lucidez y un espanto ilimitados?

Aislados, separados del mundo, todo se nos vuelve inaccesible. La muerte más profunda, la verdadera muerte, es la muerte causada por la soledad, cuando hasta la luz de convierte en un principio de muerte. Momentos semejantes nos alejan de la vida, del amor, de las sonrisas, de los amigos –e incluso de la muerte. Nos preguntamos entonces si existe algo más que la nada del mundo y la nuestra propia.

Nada es importante

¿Qué importancia puede tener que yo me atormente, que sufra o que piense? Mi presencia en el mundo no hará más que perturbar, muy a mi pesar, algunas existencias tranquilas y turbar –más aún a mi pesar– la dulce inconsciencia de algunas otras. A pesar de que siento que mi propia tragedia es la más grave de la historia –más grave aún que la caída de los imperios o cualquier derrumbamiento en el fondo de una mina-, poseo el sentimiento implícito de mi nimiedad y mi insignificancia. Estoy persuadido de no ser nada en el universo y sin embargo siento que mi existencia es la única real. Más aún: si debiera escoger entre la existencia del mundo y la mía propia, eliminaría sin dudarlo la primera con todas sus luces y sus leyes para planear totalmente solo en la nada. A pesar de que la vida me resulta un suplicio, no puedo renunciar a ella, dado que no creo en lo absoluto de los valores por los que debería sacrificarme. Si he de ser sincero, debo decir que no sé por qué vivo, ni por qué no dejo de vivir. La clave se halla, probablemente, en la irracionalidad de la vida, la cual hace que ésta perdure sin razón. ¿Y si sólo hubiera razones absurdas de vivir? El mundo no merece que alguien se sacrifique por una idea o una creencia. ¿Somos nosotros más felices hoy porque otros se sacrificaron por nuestro bien? Pero, ¿qué bien? Si alguien realmente se ha sacrificado para que yo sea hoy más feliz, soy en realidad aún más desgraciado que él, pues no deseo construir mi existencia sobre un cementerio. Hay momentos en los que me siento responsable de toda la miseria de la historia, en los que no comprendo por qué algunas personas han derramado su sangre por nosotros. La ironía suprema sería darse cuenta de que ellos fueron más felices que nosotros lo somos hoy.

¡Maldita sea la historia!

Silogismos de la amargura

Aunque pudiera luchar contra un ataque de depresión, ¿en nombre de qué vitalidad me ensañaría con una obsesión que me pertenece, que me precede? Encontrándome bien, escojo el camino que me place; una vez “tocado”, ya no soy yo quién decide: es mi mal. Para los obsesos no existe opción alguna: su obsesión ha elegido ya por ellos. Uno se escoge cuando dispone de virtualidades indiferentes; pero la nitidez de un mal es superior a la diversidad de caminos a elegir. Preguntarse si se es libre o no: bagatela a los ojos de un espíritu a quien arrastran las calorías de sus delirios. Para él, ensalzar la libertad es dar pruebas de una salud indecente.

¿La libertad? Sofisma de la gente sana.

Emil Cioran (1911 - 1995).