domingo, septiembre 12, 2010

Crush the lies, pero cuáles

A esta información llegué gracias a dos amigos. Ello no es novedad, pero es una afirmación que me gusta hacer para no llevarme los créditos. El primero me comentó sobre la banda y la canción con cierto agrado por ese concepto tan inmaniobrable como la “verdad”, lo “real”. No fueron esas las palabras de él, aunque en el fondo tiene mucho de eso, lo que Aryan Terrorism propone con el “The time has come terminate the unnecessary branches”. El segundo amigo me pasó el video que acá publico. Ahora, no es un video precisamente, pero permite escuchar la canción y a la vez observar la simple traducción de la letra.

Se trata de la canción Crush the Lies, que el grupo Aryan Terrorism publica en ‘War’, su único álbum. El tema, que vio la luz en 2002, es vagamente camorrero e interesante por ello mismo. Se dedica a denostar de agrupaciones como Dimmu Borgir, Cradle of Filth, Kovenant (específicamente de Nagash), y también la emprende con Marduk, Ihshan (Emperor) y Nergal (Behemoth). ¿La razón? Creo entender que está en eso que hablaba con el primero de los amigos: quién hace el “verdadero” metal. De antemano se sabe que ello no tendrá una respuesta, y menos en tan cortas líneas, pero lleva a considerar algo más: cómo puede medirse la honestidad en la música. Además, ¿por qué el metal espera honestidad?

El tema de los infiltrados en el metal, el no hacer música para vender, el “by selling it like a theatre” que expresa la banda ucraniana, pareciera encerrarse en un propósito netamente moralista y bizantino, pero al mismo tiempo oportuno y consecuente con eso de “conservar lo esencial”. Existe un miedo profundo ante el riesgo de la globalización y a perder una identidad, como si ella dependiera de que muchos llevaran el mismo estandarte, algo así como un “nacionalismo” exacerbado que ayude a no perder la línea o a corregir lo que se vaya saliendo del molde.

Aryan Terrorism considera que los grupos que hacen parte de su composición están en esa línea, prostituyendo el metal, sacando provecho con mera teatralidad a algo que es, o debe ser, “real”, que se vive, se debe vivir, de manera “honesta”. Y no debe haber un asomo de culpa o de recriminación en su mirada. Para este grupo, como para un buen número de seres humanos, la historia le pide cierta consecuencia con sus posiciones, con el discurso. Se trata de una realidad que divide, una realidad que muestra una parte y que deja otro gran porcentaje en las sombras, la típica “historia de la lucha de razas” (Foucault) que va y viene.

Para terminar acá, aunque el tema apenas se estaba abriendo, me permito tomar a un historiador que puede ser más claro. Michel de Certeau dice que “Así como el discurso histórico no puede comprenderse independientemente del concepto de producción y del contexto cultural, esta también requiere de la historia”. Entonces empieza uno medianamente a entender el valor del discurso que puede tener para un ucraniano, especialmente si recuerda a Stalin y su lucha, seguida también por Hitler y otros detestables, como ley básica de la existencia humana.