domingo, noviembre 28, 2010

Metal

“Esto es pura mierda. Es sólo ruido”, dijo un ingeniero de sonido que acompañaba a Colin Richardson, quien también se desempeñaba como ingeniero del estudio Slaughterhouse, cuando a finales de los años ochenta se prestaban a grabar a los ingleses de Napalm Death. Los epítetos, que como verán no son tan ajenos en el tema que nos reúne, llaman la atención porque en ese estudio estaban acostumbrados a recibir agrupaciones de hardcore punk. Ese sonido, el de mierda, era una mezcla de death metal con algo de punk acelerado gracias al blast beat de la batería que se unía a la guitarra, una experimentación con el sonido que la prensa británica intentó nombrar con un término que no tuvo mayor trascendencia: “britcore”.



sábado, noviembre 20, 2010

Aaskereia

Es Alemania tierra fértil para producir destrucción y furia contenida. Recuerdo de ese país la lucha aria, muros de destierro, la guerra fría y su desencadenante (esto se sabe de antiguo, yo sé): muerte tras muerte. Mucha muerte y desolación conjugada con oscuridad y paganismo, como el que interpreta Aaskereia.

En esos nefandos dominios se constituyó Aaskereia en el invierno de 1997. Época ésta de esterilidad en muchos aspectos, pero el más adecuado para que de allí germinará esta avasalladora agrupación de black metal que ahora me mueve a publicarla porque encuentro en ella la capacidad de mezclar con contundencia e inteligencia unas guitarras acústicas que le brindan a su música un aire místico y desolador. O bueno, por lo menos eso pienso yo.

Rápidas y crudas son sus canciones. Guerra, oscuridad y desesperanza (estos temas siempre me llevan a pensar la relación del metal con la tragedia aristotélica) en sus líricas son acompasadas con ritmos de una marcado básico black metal que, en ocasiones, es alimentado con la corriente austera de la guitarra acústica y con unos esporádicos teclados taciturnos para darle incluso un sentimiento más lóbrego a sus producciones.

Desde un vago desahucio se va encumbrando la música de Aaskereia. Entre el mustio valor y una opaca existencia se van desencadenando sus sonidos hasta convertirse en una revitalizante furia. Sus voces, la voz de Grim, recuerdan esos intempestivos cambios de Burzum: puede pasar de una tibia calma hasta un desgarrador desenfreno, llegando también a entonar desde un solemne barítono hasta el sepulcral aullido que reclama beligerancia.

'Mit raben und wolfen' (2003) y 'Zwischen den welten' (2004) son dos de las producciones que he tenido la posibilidad de escuchar. Y no me doy a la tarea de hablar de sus canciones más destacadas de estos dos álbumes porque, no sobra decirlo,sus títulos son impronunciables para mi (conozco poco o nada de la lengua teutona). Juzguen ustedes: Im Schattenlicht zwischen den Welten y Aus dem vereisten unterholz verschneiter wälder, y por ese lado van sus “rarezas”.

Sí algo me llamó la atención es la ausencia del lugar común que tiene este grupo, dado el radicalismo que nos es tan familiar. La banda cuenta con una integrante femenina en sus filas, Eihwaz, pero ella no acompaña con las melodiosas voces que también estamos acostumbrados cuando una mujer está en un grupo de metal (con grandes excepciones como Arch Enemy, Evol, Astarte, entre otras), sino que se encarga de transmitir el toque épico desde su guitarra acústica. Un diferenciador más, un elemento más, que le otorga a Aaskereia ese aire de misticismo, del que ya hablé, que se conjuga simétricamente con su música, algo que me atrevo a denominar como black metal homérico.

Es una lástima que el último álbum sea de 2004.

domingo, septiembre 12, 2010

Crush the lies, pero cuáles

A esta información llegué gracias a dos amigos. Ello no es novedad, pero es una afirmación que me gusta hacer para no llevarme los créditos. El primero me comentó sobre la banda y la canción con cierto agrado por ese concepto tan inmaniobrable como la “verdad”, lo “real”. No fueron esas las palabras de él, aunque en el fondo tiene mucho de eso, lo que Aryan Terrorism propone con el “The time has come terminate the unnecessary branches”. El segundo amigo me pasó el video que acá publico. Ahora, no es un video precisamente, pero permite escuchar la canción y a la vez observar la simple traducción de la letra.

Se trata de la canción Crush the Lies, que el grupo Aryan Terrorism publica en ‘War’, su único álbum. El tema, que vio la luz en 2002, es vagamente camorrero e interesante por ello mismo. Se dedica a denostar de agrupaciones como Dimmu Borgir, Cradle of Filth, Kovenant (específicamente de Nagash), y también la emprende con Marduk, Ihshan (Emperor) y Nergal (Behemoth). ¿La razón? Creo entender que está en eso que hablaba con el primero de los amigos: quién hace el “verdadero” metal. De antemano se sabe que ello no tendrá una respuesta, y menos en tan cortas líneas, pero lleva a considerar algo más: cómo puede medirse la honestidad en la música. Además, ¿por qué el metal espera honestidad?

El tema de los infiltrados en el metal, el no hacer música para vender, el “by selling it like a theatre” que expresa la banda ucraniana, pareciera encerrarse en un propósito netamente moralista y bizantino, pero al mismo tiempo oportuno y consecuente con eso de “conservar lo esencial”. Existe un miedo profundo ante el riesgo de la globalización y a perder una identidad, como si ella dependiera de que muchos llevaran el mismo estandarte, algo así como un “nacionalismo” exacerbado que ayude a no perder la línea o a corregir lo que se vaya saliendo del molde.

Aryan Terrorism considera que los grupos que hacen parte de su composición están en esa línea, prostituyendo el metal, sacando provecho con mera teatralidad a algo que es, o debe ser, “real”, que se vive, se debe vivir, de manera “honesta”. Y no debe haber un asomo de culpa o de recriminación en su mirada. Para este grupo, como para un buen número de seres humanos, la historia le pide cierta consecuencia con sus posiciones, con el discurso. Se trata de una realidad que divide, una realidad que muestra una parte y que deja otro gran porcentaje en las sombras, la típica “historia de la lucha de razas” (Foucault) que va y viene.

Para terminar acá, aunque el tema apenas se estaba abriendo, me permito tomar a un historiador que puede ser más claro. Michel de Certeau dice que “Así como el discurso histórico no puede comprenderse independientemente del concepto de producción y del contexto cultural, esta también requiere de la historia”. Entonces empieza uno medianamente a entender el valor del discurso que puede tener para un ucraniano, especialmente si recuerda a Stalin y su lucha, seguida también por Hitler y otros detestables, como ley básica de la existencia humana.

domingo, agosto 08, 2010

Avizorando la noche

No voy a decir mucho, por lo menos por ahora. Tuve ya la oportunidad de ver el documental Until the Light Takes Us completo a través de Youtube, y en primer lugar hay que decir que se valora la mirada interna y su toma de distancia del amarillismo mostrado por otros medios, además del ánimo “escudriñador” (un curioso morbo) de la sociología.

Dicho esto me llaman la atención 3 cosas (que es posible que vea yo y les esté dando importancia de más, pero así lo vi): los ritmos cortos y la música lenta le da por momentos un aire de nostalgia que no esperaba al mostrar de manera íntima una parte histórica del black metal que no se caracteriza precisamente por su amabilidad; las voces de los invitados (los invitados en sí, claro), expresan un cierto aislamiento, un enfoque que pareciera matizar la “agresividad” que se le ha endilgado a este género al ser revisado con desconocimiento y ánimo satanizante, como sucede con toda postura divergente; y por último, como ya alguien lo comentara en este blog porque tuvo la oportunidad de verlo en Canadá, que llega para acabar con más mitos y con más elucubraciones que se generaron por las distancias geográficas, por la imprecisión que se tenía de las fechas y de los hechos en sí.

Por último quiero destacar un elemento que los participantes mencionan, o dejan vibrando, y que en gran parte de Latinoamérica no es bien entendido o recibido: el metal como arte, como creación que expresa un sentido que no necesariamente se inscribe en la “realidad”, en lo “real”; su sentido de lo auténtico es desde lo musical, y no se limita a expresar “verdades”, aunque en la forma y en el fondo lo mueva el existencialismo.

domingo, junio 27, 2010

Destila amargura

Destila amargura este país desde que lo hicieron. O desde que dijeron que es lo que es, aunque nadie sepa de fechas precisas (salvo el conveniente oficialismo). Va Colombia a cumplir un “bicentenario” que definitivamente existe, pero que debe tratarse en plural porque no se libró a partir de una batalla sino de muchas (sería necesario celebrar este mismo tema durante los 10 años que siguen). Asimismo, los buscadores de héroes enaltecen a un prócer pequeño (Bolívar) con ánimos revolucionarios que se me asemejan a los del presidente que va de salida, pero se ignora a quienes sí pelearon y quedaron con cicatrices que lo confirman, lo confirmaban. Pero bueno, eso es historia y a pocos les importa el papel de Sucre, de Santander, de los hombres que acompañaron sus travesías.

No a todo el mundo le vale cinco este país o sus historias y sus desamparos. Esas mismas historias, o unas muy similares, se han vivido durante siglos en distintos lugares del mundo, y hay quienes se han interesado por ellas. No las asumen con una actitud lacrimosa o de queja, están distantes de eso. Es quizá un instinto, vaya usted a saber alojado dónde, que lleva al ser humano a sentirse seducido por algo de la maldad, apoyado también en cierta vocación destructiva en determinadas circunstancias, como propone Vargas Llosa.

Estas reflexiones se me vienen a la cabeza cuando entre tanto tema encuentro una destacada intención en el metal: narrar la tragedia. Pero no me vaya a malinterpretar con generalizaciones porque es una obviedad decir que no todo el metal es así, que no todo el metal es tal o cual. Digo tragedia por la bondad que tiene esa palabra para reunir distintas sensaciones, desde lo teatral, desde la violencia, desde lo misterioso, desde lo personal. Y allí pueden entrar entonces varios, de no ser todos, los subgéneros del metal.

Históricamente, el metal ha dado prelación al tema de la beligerancia, a la devastación del hombre, tanto física como humana (la muerte en general, mas no es el único tema que lo alimenta, insisto). Por ejemplo, Neurosis Inc., que desde Bogotá (Colombia) interpreta la canción ‘Verdún 1916’ y nos hace un fresco de lo sucedido en esa batalla que dejó miles de muertos y millones de heridos entre soldados alemanes y franceses durante la Primera Guerra Mundial; Sepultura, banda brasileña que en sus primeros discos le cantó a las demencia misma del hombre y su poder de autodestrucción por medio de canciones como ‘Troops of Doom’, ‘War for Territory’ ‘Refuse/Resist’, ‘Arise’; Slayer, un hito norteamericano que entre tantas canciones tiene a ‘Angel of Death’, la cual narra algunas de las acciones perpetradas por el médico nazi Josef Mangele, y nos ubica en la barbarie del campo de concentración de Auschwitz (Alemania) durante la Segunda Guerra Mundial:

“Surgery, with no anesthesia / Fell the knife pierce you intensely / Inferior, no use to mankind / Strapped down screaming out to die”.

Desde Medellín están las bandas No Raza, Athanator y Masacre, por mencionar solo tres. Y acudo a la tercera de estas: por medio de sus letras, la banda logra explorar el conflicto social que a lo largo del último medio siglo ha padecido Colombia. Su lírica se ubica desde la pena, desde el golpe acaecido, para documentar la memoria del dolor de la realidad colombiana y expresar su clara y franca mirada del entorno que le correspondió en suerte:

“Éxodo campesino en tierra de vándalos / Aún recuerdo verlos morir / hay miedo al llegar la noche / El amanecer de un nuevo día trae / (y acá la voz sube tono y se convierte en un grito de zozobra) silencio, miedo, angustias”.

En medio de un constante proceso funerario, la agrupación de death metal nos lleva por el proceso de degradación de la vida, a la sangre que se pierde, y nos transmite de esa forma el dolor de las personas.

Dentro del tema de interés de esta entrada están también Kreator (Alemania), Marduk (Suecia) y Yaotl Mictlan (desde México), entre tantas bandas más que se encargan de mostrarnos que guerras, muertes, hambre y dolor, la tragedia en general que propongo acá, se presentan en otras regiones del globo, por eso a ello le cantan, en ello se inspiran, sobre ello narran. Pocas cosas son tan generales en el mundo como la vida, y como la muerte.

Adenda: el tema es extenso, lo sé. Acá solo dejo un fragmento, una enunciación de lo que vengo investigando. Seguro más adelante estaré comentando más al respecto.

domingo, mayo 09, 2010

Everything dies

Debo mencionar primero que no fui nunca un gran seguidor de la música de Type O Negative. De igual forma, el género que interpretó primero y por el que se enfrascó después no lograron llamar suficientemente mi atención porque se me hicieron muy melódicos, de unas alegorías sobrecargadas que se me antojan por fuera de esa dialéctica que atraviesa al metal y que le da vida. No había duda, quiero decir, pero acá no me extiendo.

Ahora, debo reconocer que la desaparición temprana de Peter Steele (vocalista del grupo) me llevó a una pequeña y sencilla consideración: se están muriendo esas personas que he conocido alrededor del metal, se me está muriendo una parte de la historia del género y ahora empiezo a hablar en un pasado sostenido. Y ni siquiera me refiero a los "grandes clásicos" que poco o nada he seguido, me refiero a los de "ahora", a los de las últimas dos décadas. Además, he venido considerando esa puntualidad y precisión, esa capacidad que tiene el metal para hacer énfasis en el óbito, como el título de la canción de Type O Negative que acá retomo para nombrar este post.

Ya se fue 'Quothon' (Bathory), se fueron 'Euronymous' y 'Death' (Mayhem), Chuck Schuldiner (Death), Dimebag Darrell (Pantera), Jon Nödtveidt (Dissection), Bull Metal (Typhon), Juan David Monsalve (Cromlech), Néstor Berrío (Los Restos), Víctor Gallego (Masacre), y el prontuario es extenso.

Así se va creando el pasado, con pérdidas y olvidos. Para mayor grima, si lo notan bien, el canal por el que se emitió el video que acá les dejo, que dedicaba (es decir, pasado) un importante espacio al metal, ya tampoco existe como tal.

Dejo entonces este video a la memoria de Steele.

domingo, marzo 21, 2010

Mientras danzan las sombras

Que en el video aparezcan mujeres como símbolo se me antoja lo más cliché. Pero ello me gusta, de hecho, porque acá se revierte el juego que se le tiende a denotar: la forjadora de vida, la sumisa, el sexo ardoroso, la lascivia impetuosa. Qué va. En Day and Then the Shade la mujer es una y representa múltiples caras, todas en estado de descomposición.

Esa costumbre de estar tomando a la mujer como objeto sexual, explícito, puede dejar en alto más de un faro, despertar alegrías de fácil deducción y enrojecer a los mismos Edipo y Friné. Ese fragor lo aprecio ya con cierta sospecha porque en los videos musicales y las películas (y en el porno sí que sobra) nos entregan el mismo producto con distinto empaque: el deseo carnal envuelto en piernas desnudas, torsos opulentos (tienen que ser opulentos) y unos labios húmedos, fresquitos.

En este video es fácil dejarse llevar por la belleza ocre de la fotografía; también por la mujer (o bueno, las mujeres) egregia que encarna una esperanza que surge desde un capullo, desde un árbol frondoso, de una laguna calma, de un otoño que parece tender a la primavera. Como comienzo clásico, el video avanza sin premuras, enseñando rostros y tomándose el tiempo para mostrarlas al natural, nacientes, como conociendo el terreno, y sobretodo sintiéndolo. Sin embargo, recién empiezan a palparlo, ya sabe usted a dónde llevará todo, sabrá que esos desenfoques ocasionales son muestra de que no todo marcha bien.

Estando cerca del primer minuto empieza el malestar (llega con el coro). A partir de allí todo es un retroceso que se marca con las cadencias de la música, guiadas notoriamente por el bajo y la batería, además de la voz imperturbable de Renkse (y así transmite su estado de desasosiego). El cielo oscurece, los rostros se ocultan, regresan a la tierra y comienzan a desandar sus pasos, a regresar de donde vinieron. Las imágenes se convierten entonces en la muestra de que no florece nada, de que la mujer no está acá para la vida ni para convertirse en libido. Llega entonces el paisaje enrarecido que se amalgama con apariciones esporádicas, de súbito sangrantes, de repente la esquizofrenia posee los cuerpos, expelen ira y locura, los gusanos nacen de un cuerpo prometedor, brota la inminente decadencia: tanto, que surge petróleo (¿o sangre?), y ya sabemos de las batallas desatadas por éste (o lo que dejan las batallas).

¿Y entonces hacía dónde va el video? La pregunta será válida si proviene de alguien que no sabe qué es Katatonia (para los que no lo sepan, hablo de la agrupación sueca). La historia se queda en el lugar donde empezó, y de donde no se le debió ocurrir siquiera considerar una salida (claro, eso siempre lo supo Lasse Hoile, el director del video), pero es la humanidad impulsiva. Es que pregúntese, cómo iba a surgir al final un espacio primaveral sabiendo que vivimos muriendo. Eso nos lo ha dicho Katatonia desde 1991 a través de sus 8 álbumes, serie de EP´s y singles.

Day and Then the Shade hace parte de su más reciente disco ‘Night Is the New Day’, título que termina por confirmar lo que ya dije.

Les recomiendo de una vez The Longest Year, el video más reciente de la banda, cuyo tema proviene de este mismo álbum. Un video con más ocres, rojos y negros, como para seguir con la tónica.

miércoles, febrero 03, 2010

Lo metaleros que somos (reeditado)

El original de este artículo se publicó en 2006. Lo retomo ahora, y lo corrijo un poco, porque las cosas (ya lo verán) no han cambiado mucho:

Moverse tranquilamente en esta pequeña sociedad patriarcal que se ha conformado alrededor del metal viene siendo nuevamente complicado. Así como sucede en todo Colombia, parece que será necesario expedir permisos o certificados de pertenencia real al “gremio” –sea cual fuere– para desplazarse por algunas zonas de la ciudad, porque, como en zona de distensión, a ellas pueden ingresar, sin ser atacados, sólo los que a ella pertenecen.

Desde hace varias semanas, al sur de la ciudad se vienen presentando esos mismos actos que alguna vez surgieron en el centro de Medellín y que, por fortuna, han ido desapareciendo (aunque no del todo). Piensa uno, y también se equivoca, que las cosas están cambiando para mejorar, progresando, diría uno muy optimista, pero se da cuenta de que algunos seres todavía conservan ese accionar belicista, que se auto nombraron jueces para cuidar este movimiento, y se estancaron y se quedaron con la idea primigenia y salvaje de conservar una idea a como de lugar. Y acá entra también en una profunda disyuntiva el fenómeno de la 'autenticidad', pero ello se puede discutir luego.

Ha vuelto, pues, el robo de camisetas, botones y cuanto elemento relacione a una persona con este consabido “gremio” del metal. Una actitud que, además de pendenciera, resulta arrogante y peligrosa. La resurrección de un trasnochado modelo que pone en peligro al gremio mismo, dado ese veto antediluviano que dice: algunas personas no tienen derecho a pertenecer o a ser lo que quieren ser, lo que nos convierte y perpetúa como un gueto tradicionalista, modelo inacabado por cierto, que termina por consumirse a sí mismo, a nosotros mismos.

A estos elegidos se les ocurrió de nuevo velar porque el metal no sea una “caspa”, por que no entren esas personas falsas que no llevan el metal como la marca indeleble de sus vidas, entonces miden el potencial –¿cómo?– para ver si pueden o no llevar puesto lo que lleven puesto. Un accionar delictivo que se llama robar, pero que se encubre bajo el verbo cuidar, cuidar la “escena”. Aleccionadores que tienen como propósito socavar todo posterior intento de pertenecer al gremio, a la escena, a cualquier definición etérea e insustancial.

Fanatismo que viene de unos pocos, valga aclarar, que son los únicos y verdaderos líderes, quienes imponen la norma y el rasero de cómo debe ser el metalero medellinense y hasta mundial. Una idea tan retrógrada, aberrante y falsa como esa que profesa que el antioqueño de arepa, ruana, carriel y enfundador de machete es el verdadero hombre, mientras que los demás son homúnculos abortados en la faz de la tierra.

Este egocentrismo sólo le hace daño al metal, pues como lo dijo el mismo Ihsahn (Emperor) cuando en su ciudad y país se presentaban una serie de eventos similares y hasta más fuertes a los que acá vivimos (que no son más que el coletazo tardío de lo ocurrido en Noruega en los noventas), los metaleros están confundiendo el ser “malos” con la verdadera y oscura filosofía del metal.

Esperemos que este veto no siga pululando y que no pase de ser una hecho aislado en la ciudad, porque ser metalero “real” comprende otras facetas, más que llevar una camisa o botón que te identifique o manifieste el gusto por una banda. Además, y muy seguramente será así, esas personas que un día se levantan con ganas de ser metaleros y mañana son tan raperos como salseros, entenderán que esto no es una moda, ni ropa negra ni cabello largo, sino un estilo de vida al que hace más de 30 años dio comienzo una música llamada metal.

A ver si de una vez por todas, y a modo de reflexión, dejamos de comportarnos como provincianos, y nos preocupamos por construir espacios en la ciudad que permitan generar una verdadera dinámica interna, porque una urbe en donde no hay sino dos bares destinados al metal, donde no hay un espacio acondicionado para conciertos de gran talla, y en donde algunos de sus metaleros solo conocen a Venom, Dimmu Borgir, Mayhem, Metallica, Sepultura y Pantera, si acaso, y eso deja mucho material para discutir.

Mientras que algunos –pobres de ellos– intentan seguir esa propuesta discursiva arbitraria, castrista, manipuladora e ingenua de que esta es la salvación para defender el honor de los caballeros que al metal pertenecen, y dejando atrás a estos veedores del proyecto vetusto, patriarcas del desencanto, queda continuar, y acá cito al periodista Héctor Rincón, “…con la desmontañerización de una provincia que, por un lado, está del todo en el siglo 21, pero que a veces parece anclada en el siglo 18. En el siglo 18 por la mañana.”