lunes, abril 06, 2009

El curso y el desvío

Podrán tildarme de hereje, de profano o de falto de cervezas porque honestamente no me gusta Kiss y porque Iron Maiden tampoco fue muy trascendente para mí; ni siquiera fue un modelo musical como iniciado, hace casi 15 años.

Ver cómo esas grandes agrupaciones se han interesado por pisar estas tierras (mercado aún virgen para ellos), desde hace unos días me puso a cuestionarme. Es que ese fenómeno tan descomunal que se está viviendo en Bogotá, por el ser el epicentro de esta republiqueta que gira alrededor de la Casa de Nari y de su patrón, nacido en Antioquia la firme y el dueño de la tierrita El Ubérrimo, no puede dejarse pasar sólo con aplausos.

Son tantos (y nótese que antes no se tenía nada) los conciertos que ahora tiene esa ciudad que no han pasado quince días del anterior, cuando ya está arriba la tarima para el siguiente. Y ello no es malo
per se, pero hay que tener presente que no todo el público consumidor de metal tiene el poder adquisitivo para estar comprando las entradas, sin ignorar los pasajes y la estadía de quienes no vivimos allí, de manera tan continua.

He escuchado ya varias quejas de quienes asisten a los eventos porque están viendo que sus billeteras ni las de sus padres soportan la siempre bien recibida visita de todas estas bandas internacionales. País que, alguien les dijo, no era habitado por personas de taparrabos ni de retrógrados, aunque el señor David Murcia se encargó de mostrarnos de qué estamos hechos también, y en el que se podían realizar interesantes eventos.

No son simples celos, pero veo necesario que alguien le diga a estos grandes mercaderes que piensen, que sean estratégicos, que hay que considerar que si bien hay un gran número de “rockeros” en el país, no todos están logrado acumular los suficientes ahorros porque no se ha terminado un concierto cuando ya se le está haciendo fuerza a la publicidad y se están encareciendo más las boletas para el segundo, el tercero, el cuarto.

Anoto dos cosas más: hay que observar cómo
no se están llenando los eventos de bandas tan reconocidas, a sabiendas de que son muchos los seguidores en Colombia. Allí está el tema monetario porque el dinero está escaseando (más ahora que todos hablando de la dichosa recesión económica), y ello ya es un importante indicio. Y ahora la contraparte: ¿Por qué se ve una numerosa asistencia entonces en un concierto como el de Iron Maiden, lo que seguramente se repetirá con Kiss?

Quiero ser abierto y claro, (y creo que ello influyó para que en mis inicios estuviera más cerca Deicide y Entombed que las renombradas y siempre respetadas): porque son bandas tan abiertas, tan bien mercadeadas, con estructuras tan digeribles y con tanta trayectoria que las escucha (o la conoce por lo menos y asiste con euforia) “hasta el hijo del vecino”, también seguidor de Atari, de Madonna y de Lenny Kravitz.

Insisto, esto no tiene nada de malo, en absoluto, pero es importante que se tenga presente si lo que se busca es que a los conciertos asista el mayor número de personas; y si entre esos están aquellos que llevan años esperando para verlos en vivo, pues creo que esto lo hace mejor. Sin embargo, para algunos ese segundo punto será eso, secundario. Infortunadamente.

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