domingo, mayo 25, 2008

LA DESCOLONIZACIÓN DEL METAL

A Latinoamérica le unen más que las batallas, la lengua y la colonización. No es este, desde hace muchos años, un sector popular con ánimo de urbe.
La raza latina, como algunos se han atrevido a autodenominarse no sin cierto orgullo revolucionario, hace bien en identificarse como tal y en dejar de ver tanto las glorias ajenas y ocultar las tragedias propias. Reconocerse sin resentimientos ha llevado a que se dé una unión paulatina con un propósito certero y benéfico.

Han pasado los años y con ellos las ideas de que la prosperidad está allá afuera, lo que ha generado y sigue generando cientos, miles y millones de éxodos en busca del sueño americano o europeo o donde sea, porque el sueño, dicen, no es en tierra propia. Una situación que ha provocado, paradójicamente, un beneficio para los países que ven salir estas personas, pues las remesas que envían a sus familiares se han convertido en el principal soporte económico de los Estados con mayor número de migraciones.

La tarea no es fácil, sin embargo ellos prefieren lavar platos en Norteamérica, ser niñera en España o artista callejero en París a tener que soportar más desagravios en su territorio. “Comer mierda, pero mierda gringa que es distinto”, como se expresa en una película nacional.

Mestizo, mulato y criollo suenan al aire y no falta quien se sienta aludido e incómodo, como si de un insulto se tratara. Aún se vive y siente en América cierta mentalidad tribal que desdeña de la tierra y encuentra en el prototipo europeo el elemento que llenará el vacío de tanta batalla perdida, de tanto cruce de sangre y raza “saltapatrás”.

El latinoamericano es heredero de una historia y de unos ancestros no tan imponentes como Odín, no tan pródigos como Zeus y Thor, ni tan poderosos como Ares, Poseidón y Hades o dadivosos como Dioniso. O por lo menos no tan enunciados. Pero esta raza, la latina, está dejando ya de verse a sí misma como un triste ancestro Maya y ha decidido destacar con firmeza y orgullo la capacidad conquistadora de los guerreros prehispánicos y de la lengua misma.

Efectos cada vez más notorios en la música que se produce en estas regiones, donde se tiene una no tan nueva apuesta, pero que con el crecimiento exponencial que han tenido esas propuestas durante el curso de los años, ha hecho posible destacar con mayor claridad su labor.

De manera lenta y segura los latinos han ido tomando conciencia de su riqueza cultural y han vivido en carne propia la ambigua suerte del que opta por lo extranjero, entendiendo que lo local, regional y nacional también puede ser bueno.

Los triunfos, las derrotas y el sacrificio han servido para elucubrar un sonido propio. Manifestaciones que, aunque no se crea, llegaron desde Suramérica hasta Europa para influenciar y servir de vena. Brasil y Colombia, por citar solo dos casos, han sido el germen musical para bandas prestantes del viejo continente como Kreator, Mayhem y Gorgoroth.

Hay quienes se han dispuesto a mirar hacia dentro y han encontrado en Quetzalcoatl, Mictlantecuhtli, los Emberá y otros ancestros la inspiración e infusión para sus propuestas musicales alrededor del metal. Otros, menos apegados a los dioses o guerreros previos a la colonización y al instinto paternalista, hallaron simplemente en su cotidianidad americana la forma de expresar su sentir, su querer o no querer. Una actitud o característica que no le es ajena porque el latinoamericano estuvo lejos de aceptar sin lucha cualquier imposición imperial.

Desde hace un buen número de años estas tierras dejaron de ser colonia popular para ser urbes macizas en las que se cristalizan con fuerza las diversas propuestas musicales. Es notorio, en muchos casos, el progreso de las producciones latinoamericanas por esa capacidad de unidad a través de un claro nacionalismo diverso y solidario, lo que ha generado que se consuman boyantes junto a las elaboradas piezas en países donde circula el euro, la corona, la libra esterlina y el dólar.

El sonido de estas regiones ha sido capaz de captar una esencia que la distingue y la destaca. Ha logrado salir de un atraso que la condenaba, aunque aún lo haga con muchos, y se ha ido solidificando con fuertes rasgos de hermandad caribeña y andina. Es fuerte influencia, goza de la capacidad para experimentar, de ubicarse en el mismo anaquel y compartir precios con bandas del hemisferio oriental. Tal ha sido la proliferación del metal latinoamericano que en ocasiones es difícil reconocer a esa gran red que se ha forjado y que obliga a mirarla de cerca y escucharla en repetidas ocasiones, sea en francés, portugués, español y el internacional inglés.