domingo, abril 06, 2008

RAMPLONERÍA PARALELA

Los hechos acaecidos alrededor del concierto del gigante británico no hacen más que llenar de estupor porque alimentan el imaginario colectivo y socavan todo buen propósito, que se ve siempre callado con la barbarie cotidiana y la actitud ramplona de los medios y las personas mismas.

Durante el concierto del 28 de febrero en el parque Simón Bolívar en la ciudad de Bogotá, en los alrededores del parque una centena de personas se comportó como la turba injuriosa, borracha y arrabalera que nos mostraron los medios, pero se ignoró de paso con el fondo de la reacción.

Ese centenar de hombres y mujeres, seguidores todos de Iron Maiden, la emprendieron contra las vallas, la policía y cuanto desafortunado elemento que estuviese alrededor porque no pudieron ingresar al concierto. No sirvió hacer la fila con cinco días de anticipación y a algunos tampoco les alcanzó el tener la boleta en la mano.

Víctimas todos del avivamiento colombiano, de la necedad esa de sacar siempre ventaja, algunos falsificadores (eso fue lo que se dijo) les metieron boleta chimba y se perdieron entonces el concierto y la plata. Otros hablan de la venta desmesurada de boletas por parte de los organizadores y su incapacidad de prever un espectáculo de esa magnitud, lo que indudablemente llevó a que no todos pudiesen ingresar con boleta legal.

Se ignora hasta ahora la cifra real de las personas que asistieron. Los medios nacionales se centraron de nuevo en la actitud pueril y ramplona de los adolescentes ebrios de furia y de licor. También la cantidad de licor incautado y la detención de los civiles que desataron el tropel. 167 medias de aguardiente, 387 cervezas en lata, más de 50 cajas de vino y aguardiente, aproximadamente 500 correas con chapa y varias armas cortopunzantes.

La empresa organizadora no se ha manifestado al respecto sobre el problema y en el aire quedó de nuevo el tufillo de siempre con la mirada mojigata característica: jóvenes + rock + licor + concierto = disturbio garantizado y decenas de policías para menguar por la fuerza a la turba.

No interesó, o interesó poco, la relevancia de la visita y de la banda, la trascendencia del concierto, el coro de miles en Halloween by the name. Y menos importó el viaje desde muchas ciudades del país y países cercanos y el grito de batalla antes de la despedida. Todo eso se redujo hasta desaparecerlo, hasta un plano que por los medios de comunicación no vimos. Y esa sigue y seguirá siendo la constante; para la muestra un botón. Los grandes medios de comunicación se interesan cuando el comportamiento primario prevalece, pero infortunadamente para algunos sucede más seguido de lo que quisiéramos.

Mientras tanto, el metal sigue ganando titulares e "indulgencias" que ya no le deberían corresponder. Sin embargo, y en honor a la verdad, al interior del metal se siguen generando esa clase de actos, por ello no habrá otra forma de destacarse mientras que la ramplonería siga siendo de ambas partes, los medios y las personas, así los furibundos tuviesen todas las razones para manifestarse en esta ocasión, solo que el objetivo estaba era errado: eran los organizadores, no el concierto ni el parque ni la policía, y no era destruyendo las instalaciones histéricamente.

En cuanto a los medios y su ánimo por destacar esta clase de hechos no hay nada que hacer. A los colombianos les siguen gustando los titulares amarillistas de disturbios, masacres, descuartizamientos, tomas guerrilleras y la matanza de niños en la Sierra Nevada que confesó el paramilitar Hernán Giraldo. Eso sí atrae.

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