lunes, diciembre 15, 2008

A medias

Se me ocurre pasar por acá a dejar algo que estoy escribiendo para la próxima actualización de Melodiasenacero.com

Este es solo el inicio de otro de esos temas que me llaman la atención por ser tan volátiles, pero que adquieren una profundidad impensada: la necesidad de vender de algunos que hace creer a otros que son importantes. Asuntos de mercado y competencias.

Acá dejo pues una parte:

Hace tiempo este espacio se ha cuestionado esa necesidad de algunos medios de abarcarlo todo porque en ello está la posibilidad de tener más. Sea audiencia, sea dinero, sea el número de clics en el home, estos medios (independientes y masivos) muestran una gran necesidad de diversificarse para atraer cuanto se pueda. Ahora, si se dice que este es un espacio para el metal y no para el rock, quizás (muy seguramente) algunos sentirán cierto escozor.

domingo, noviembre 30, 2008

A LA MEMORIA DE JUAN DAVID MONSALVE

Ante un letargo inesperado, me mueven de nuevo unas pocas palabras para expresar lo que la muerte genera.

Hace solo un mes la banda Cromlech detenía su concierto en el Metal Medallo para que los amigos de Los Restos subieran un momento a la tarima para manifestarse sobre la muerte de Néstor Berrio, su guitarrista. Ahora, varios días después, es Cromlech quien pierde a Juan David Monsalve, su guitarrista y amigo.

No deseo entrar ahora a discutir si a la ciudad se la ha tomado de nuevo la violencia, que la barbarie nos acecha, que la inversión social en Medellín continúa siendo escasa.

Son dos personas que a la ciudad le aportaban su arte y ahora ya no están. El 22 de noviembre asesinaron a Juan David y hace que esas cifras insospechadas nos toquen y nos duelan. El metal de Medellín sufre ya dos asesinatos de cerca, ambos fríos, ambos calculados.

Nunca en el olvido.

domingo, octubre 05, 2008

LA TEORÍA DEL CANGREJO

No hay que llamarnos a mentiras. 2008 le deja un sabor agridulce al metal de esta ciudad, que en cuanto a música va a un ritmo constante pero con una indiscutible dirección que me recuerda ese crustáceo del orden de los decápodos.

Mire usted este año, aunque sea pronto proponer balances, y se encuentra con un desolador y fútil estamos, hacemos pero nos quedamos, mientras que otras ciudades se mueven con una tranquilidad y fluidez por encima del agua que deja perplejo.

Como no está bien hablar siempre de uno, dejaré la serie de conciertos del Metal Medallo a un lado. Busque en Altavoz y este año sorprende, tanto porque es muy valioso para las bandas que fueron elegidas, pero lo que al mismo tiempo lo lleva a uno a la pregunta: ¿dónde están ese promedio de 100 bandas que puede existir en la ciudad y el Área Metropolitana? ¿Dónde está el adelanto musical cuando seguimos escuchando en su versión clásica el thrash, el death y el black?

Así mismo, muchos piensan que este evento se convirtió en la oportunidad para conocer y gozar a escasos palmos de distancia a las bandas internacionales que gracias a su trayectoria y trabajo sobresaliente son convocadas para ser vistas por miles de ciudadanos. Pero, ¿en medio de qué vericueto se nos enredó la banda que en 2008 impulsaría la versión más pesada del rock, fuese punk, fuese metal?

Otra arista. Luego de ver el concierto propuesto por la Comuna 10, al cual dieron el nombre de Festival de Rock, queda un sentimiento ambiguo. Aplausos a la apuesta por un evento dedicado al metal, a retomar espacios que representaron para las bandas de la ciudad un impulso importante como lo es el teatro al aire libre Carlos Vieco; un bravo por las bandas que logran afianzar sus propuestas y ver por medio de estos conciertos macro cómo cuajan sus proyectos y suman y suman experiencia en escenario y horas frente al público.

Lo que no logra comprenderse fácilmente es la forma en que se desarrollan los procesos. Un evento que fue administrado con la mejor de las ganas pero con poco conocimiento de causa: publicidad tardía y reducida a los afiches y volantes, dejando así gran parte de la responsabilidad de la difusión en la bandas; demoras en el montaje y retraso en el comienzo del evento; organización sin posiciones claras, descuido del escenario, luces sin filtro, sonido mal administrado. En definitiva, desinteligencia para algo tan genérico como un concierto, cuando, se supone, al momento de contratarse una empresa se hace pensando en su experiencia, y no solo en lo barato que resulta y los pesos que se ahorran. Se supone, pero supone uno mal porque la impericia fue colosal.

Todo es pues una simple muestra de que la música y el movimiento cultural que a su alrededor genera no obedece a un empírico sentido de los gustos y al hacer para ayudar sin más ni más; la música, como cualquier arte, es un trabajo constante, serio y concienzudo donde cada uno debe conocer lo que hace, desde el luminotécnico, desde el ingeniero de sonido (en el mejor de los casos), pasando por los encargados de la vigilancia, quien dispone los dineros, quien elige las bandas y quienes se montan al escenario para ofrecer un espectáculo. Si se le toma en serio, claro. Infortunadamente van tantos desaciertos que al parecer ese es el derecho, no el revés.

domingo, septiembre 14, 2008

INQUISITION DE GIRA POR COLOMBIA, PERO NO EN MEDELLÍN

Sonará agresivo pero fue la misma respuesta que me dieron cuando consulté las posibilidades de traer a Inquisition a Medellín, aprovechando pues la gira ya programada de la banda en el país: "Allá no hay escena".

No soy un ser pudiente, por ello se me ocurrió buscar la posibilidad con entidades culturales, almacenes de rock o metal y hasta consultar al vecino para ver si era posible tener en la ciudad una banda importante en la escena del black metal mundial. Y hasta ahora sigo con la idea, sin más respuestas, pero con la idea.

Pienso en la posibilidad para no tener que viajar a otra ciudad; pienso también en que ya estuvo Inquisition hace alrededor de dos años en Medellín y en que sería una buena razón para mostrar, más allá del etéreo título de la "escena", que en la ciudad hay un público que se interesa, que es capaz de pagar y que asiste masivamente no solo a los eventos gratuitos.

Se me ocurre también en lo que representa el esfuerzo desde la independencia, para así no tener que esperar el loable, aunque paquidérmico esfuerzo, de la administración municipal por deleitarnos con bandas grandes y buenas, pero ya en estado vegetativo. El caso de Sepultura en palpable, pues si bien interpretaron canciones legendarias, ese Sepultura no es el que escuché en Arise, Chaos A.D. y menos en Beneath the remains.

Me pregunto si realmente será imposible lograr que en Medellín se presenten de nuevo grandes bandas nacionales y foráneas. También me cuestiono si será necesario continuar con ese parto que es viajar ocho horas de ida y ocho horas de vuelta para ver cómo a Bogotá arriban todas las bandas que hace años he querido ver en vivo y que ahora pareciera que desbordan toda posibilidad para verlos en concierto porque llegan de gira en gira y una tras otra.

El caso de Inquisition me perturba aún más cuando veo el itinerario nacional: Cúcuta, Bogotá, Pereira y Cali, pero no está programada su visita a Medellín. Sin embargo queda una posibilidad, un jueves, un jueves en la noche. Solo queda esperar.

jueves, agosto 21, 2008

LOS CASPOSOS DE LAS NOTAS

Cómo le explico a usted que no lo vivió y tampoco se lo han contado. Lo más importante para una persona que se mete al mundo del metal es la perseverancia. Pero no perseverar con un propósito ciego, inalcanzable, sino esa constancia ante un sentir y un hacer, un disfrutar y un deleitar la música, sobre todo si proviene del underground.

A los “casposos”, un término que en mi ciudad (la de las montañas, la capital de Antioquia la grande, la tierrita del presidente) le endilgaron en los años ochenta a quienes no vivían con un gusto casi estricto por el metal, se les señalaba y expulsaba de las “notas”, de los parches, de los espacios de encuentro, porque la idea era y es que a este sonido extremo no se acerquen sino los que realmente lo sienten, lo viven y hasta lo padecen.

Esto no se lo inventaron ni lo supermetaleros ni los punkeros; tampoco los death, los black, o los que se reunieron, cuando esto apenas comenzaba, en la iglesia San José, o en la Cámara de Comercio; ni el Bull Metal y los Lobos en Contra de Cristo, ni las Cabras. Ni los de allá ni los de acá. Ha existido siempre, desde las mismas tres caídas de Cristo, existe ese ánimo por conservar una ideología, una esencia y perpetuar un velo irrestricto sobre lo que unos pocos manejan, conocen o les pertenece. Un patriarcado estéril, digo yo.

Siempre hay un pasado y es difícil romper con el monopolio. Se tiene la costumbre babilónica de pensar que justo lo que se hace ahora no es como lo que otrora nos atraía, que definitivamente se están tirando, en este caso, la música. Cada vez tendemos a parecer menos melómanos del metal y más unos padres de familia ultraconservadores, otoñales, vetustos, que desprecian lo más reciente porque nos escampamos en lo “clásico”; y aunque no está mal, fácilmente esto puede llegar a confundir y a sofocar. Sí.

Sin embargo, y a pesar de muchos, me agrada ver cómo con el pasar del tiempo la voz de Chris Barnes (Six Feet Under) se hace más honda y rotunda; cómo Deicide se conserva en el death pero avanza en el sonido; cómo nos dejamos de lamentar por lo que Metallica fue y ya no será; escuchar propuestas de bandas como Ataraxie, Virgin Black, Sunn O, Verdunkeln y Khanate, que le dan un nuevo espectro, un oscuro ondular al metal de estos años que corren y vivimos. Aunque no todo es bueno, eso también hay que aceptarlo.

Pienso que incluso por eso los tatuajes y los piercings dejaron de ser moda y muestra de cierto poder y rebeldía en el rock en general, porque ahora ha llegado la modificación corporal con sus implantes transdérmicos, el branding y la escarificación para decir quién se atreve. A ver, ¿quién es el casposo?

Entonces esa tendencia nuestra al romanticismo, al placer otoñal de madre, tiende llevar a que la gran mayoría, la reguladora y la interventora, considere que todo pasado fue mejor y que es toda una lástima que ya no sea así porque mire, ya se echó a perder todo lo que hicimos para que salieran con lo que salen, pura pinta sin ton ni voz. Es que a veces nos quedamos viviendo en la cueva de Platón, viviendo el mundo a partir de las sombras, es decir, al revés.

Lo que me lleva a pensar que tener una norma en esta época es realmente difícil. La bifurcación de los géneros, la globalización de la música, el fácil acceso a la misma, la proliferación de bandas y esa ineluctable mezcla que el comercio hace entre adolescencia, moda y rock ha hecho de esto algo incontrolable. Una muestra es la aparición del drone, el stoner, el noise, el minimal, el avant garde, todos como subgéneros del metal.

Esas medidas reprochables que hace alrededor de dos décadas se comenzaron a implementar para controlar que los “casposos” se hicieran a un lado quitándoles las camisas, las insignias y la música ya no tienen cabida porque cualquiera, CUALQUIERA, podrá tener su colección digital enorme gracias a la era Soulseek, Ares y Rapidshare; o física, por qué no. Porque siempre habrá nuevas personas que quieran vivir el metal y que después se arrepientan o les llegue la decepción, qué sé yo.

Dentro de este enorme mundo que cada vez se nos hace más pequeño, ya no rigen las “normas” de lo local sino de lo global, donde todos dicen innovar pero conservando la esencia; así las cosas, todos se sienten con derecho de señalar, más aún si llevan años en la música, a casi todos los demás, los de allá, ellos, porque son unos falsos metaleros, pura “caspa”. No como cuando nos parchábamos a escuchar metal de verdad. Los he oído.

Este texto fue redactado por mi y publicado originalmente en la revista Letra Oculta, edición No. 17
La imagen lleva por nombre Parche en Castilla, y pertenece al archivo de Román González.

domingo, julio 13, 2008

LA INUTILIDAD DE LA VIABILIDAD

Demuestra el país que siguen estando los mismos con las mismas. Los mismos criterios anquilosados desde hace más de 15 años que consideran que el Metal continúa siendo ruido, y las mismas bandas que tienen el derecho de vender y venderse, pero que no representan una historia ni un concienzudo trasegar musical porque su fin es el lucro a corto plazo.

La apuesta realizada por el festival Altavoz es sencilla, pues pretende ser (junto a Rock al Parque) el festival más grande de Suramérica. Loable labor emprendida desde la administración local que muestra baches y contrariedades, empezando por sus requisitos de participación. Limitan el Rock a lo que no agreda visualmente, a que su lírica no sea desdeñosa y a que sus ritmos se enmarquen en lo socialmente digerible, ignorando que el mismo Rock surgió como respuesta a eso, como contraposición a lo popular (pop) que sí tiene gran acogida y que vende a granel a la masa polimorfa.

Recientemente, y como otro de esos plus que dice otorgarse a sí mismo este festival, a través de un convenido con la alcaldía de Bogotá, se le ofreció a las mejores agrupaciones que hicieron parte de este evento en 2006 la participación en Rock al Parque, una oferta por demás atractiva pues es el único festival del país que goza de nombre, logística y recursos en dimensiones envidiables para cualquier agrupación.

Opción pues que se ve mancillada luego de mostrar unos resultados que, además de denigrantes, no hablan de desconocimiento necesariamente, sino de la baja calidad de los jueces que juzgan con los criterios de padres de familia, con una ceguera inducida y que pone sobre el tapete el fin comercial de un festival de tal envergadura.

Salir en MTV, tener la proyección internacional para sonar en las 40 Principales, tener suficientes productos para poder uniformar a los seguidores, un poco de tintura, una pose estilizada y un sonido a la vanguardia permitirán hacer parte de este tremendo show. Razón por la que al Metal de Medellín nuevamente se le cierran las puertas, ignorando una historia y el presente de una ciudad que se mueve prolífica y profesionalmente en la producción de este denotado género.

Vuelven y suenan en los medios los argumentos de los “maestros” que ponen en tela de juicio la evolución y la proyección del Metal hecho en Medellín, pero demuestran que poco conocen de él y de su trayectoria. Si bien años no siempre quiere decir calidad, hay excepciones relevantes de la ciudad que bien dan crédito a su trasegar; así mismo, no por ser nuevas deben hacer mala música o no poseer calidad -y ahí está la contrariedad-. Igualmente, el Metal posee un criterio importante que en otros géneros puede llegar a considerarse repetición y falta de “innovación”: seguir sonando a Metal y no a bandas que exorbitan los ojos y las arcas de los productores y las disqueras. Zancadilla, pues, que salen a poner los organizadores, quienes siguen ignorando qué son las contra culturas, al medir “la viabilidad comercial de la propuesta”.

Ignoran los organizadores de Altavoz que el valor de algunos géneros, y entre ellos el Metal, es conservar líneas que posibiliten que este nunca se diluya; líneas mismas que le han permitido permanecer en el tiempo, no como una moda, sino muy a pesar de ésta.

Faltan entonces conocedores de estas culturas que ayuden a direccionar de mejor manera estas propuestas, para que el día de mañana, como hoy, no se echen culpas y se salga a decir que fue aquel quien dijo y es él entonces el responsable de su eliminación, de su no invitación. Es necesario que se abran los ojos y no se continúe con esa mirada sesgada e inexperta que venda a Resorte como un representante del Metal, o que traiga a Sepultura como novedad (banda que se encuentra cerca del final de su camino y que su sonido hace rato dejó de ser Metal).

Quizá sí, sí falta mucho, claro. Pero no está el Metal de Medellín donde lo dejaron esos mismos precursores del Metal nacional. Van más de 15 años de afugias y de ensayos, de muchas bandas que trabajan y unas que se destacan sobre otras –y otras malas, sí- , pero ya no posee el sonido de casete y de parche de radiografía en la batería. No. El Metal de esta ciudad conserva aún el sentido que le dio origen y que lo preserva como tal, pues no puede y no debe (y eso no le quita proyección en su ámbito, ojo) pasar a ser un popurrí por la retribución económica o el reconocimiento, aunque muchos lo deseen. Debe conservarse altivo como arte y seguir llegando al público que lo busca y encontrar, en menor medida claro está, la atención de esas personas que lo consumen y no lo cambian mañana por la banda de moda, así ello signifique no subirse a la tan anhelada tarima de Rock al Parque.

domingo, junio 22, 2008

EL PAÍS QUE NOS TOCÓ

No sin cierto asombro y escepticismo observamos el rumbo que toma esta patria descolorida de mandamases, de políticas de privatización y de leyes que esperan la bendición de la iglesia católica, demostrando que como el cangrejo vamos de para atrás, hacia el incierto lugar donde reina quien tiene el poder, que es muy distinto al gobierno.

Se está volviendo reiterativo el descontento o el sinsabor a través de estas editoriales, pero en Colombia es sino que aparezca un problema o una tragedia que ponga en entredicho el manejo estatal, que gracias a esa capacidad amnésica que manejan nuestros coterráneos todo queda en el olvido en cuestión de días, para que aparezca una mayor o peor (que para el caso son lo mismo) y deje atrás ese no sé qué sí sé dónde que demuestra las falencias de quienes manejan los hilos de este país.

¿Y por qué tocar estos temas que parecieran un hecho aislado de la propuesta de esta página? Pues porque ello está directamente ligado con este entorno. Porque si el presidente Uribe se comporta como un energúmeno capataz ante eventos como los ocurridos recientemente en la capital del país, es porque ese hombre de raíces antioqueñas ha sido elegido con un alto porcentaje de los votos de este pueblo; es decir, ese mismo porcentaje de los colombianos “uribistas” deben pensar y actuar como ese hombrecito que los representa: personas de armas tomar, criados bajo lineamientos católicos que esperan que su carnita y sus huesitos sean guiados por la omnisciente fuerza superior de cristo. Pero hay algo que nuestro presidente olvida, y es que él también representa a ese número de colombianos que aunque no votamos por él, también padecemos las mismas virulencias y barbaries de este país en conflicto armado (entiéndase guerra) hace más de 40 años.

Muchos ya habrán olvidado que Luis Alfredo Garavito, ese bellaco violador y asesino de niños recién “convertido” al cristianismo, se encontraba ad portas de su salida de la cárcel; o que el manejo de uno de los entes de vigilancia más importantes del país como la Fiscalía General de la Nación, estaba en manos de un hombre devoto, confiado y apelotardado que casi delegó su manejo a un “vidente” que “abusó de su confianza”; que de las muertes a los oficiales del ejército todavía nadie tiene respuesta, aunque haya sido el mismo ejército; que por la masacre de Bojayá aún no hay alguien condenado; que de la muerte de Luis Carlos Galán apenas hay algunas pistas; que los curas acusados de pedofilia salen absueltos a continuar su devota labor, y un largo etcétera.


Está por pensarse si por vivir en este país que nos tocó vivir, tendremos que soportar tanta negligencia y tanto olvido. Si tenemos que seguir esperando a que el Estado ponga su mirada sobre una cultura tan relegada como es la del metal, sabiendo que tienen tanto por hacer y por olvidar.

Tendremos que seguir esperando, y bastante, porque vienen soluciones de paños de agua tibia, copiando lo poco bueno que tenemos y que también se está perdiendo. Un festival Altavoz que vive y vivirá a la sombra de un Rock al Parque, que pasará a manos de entidades “privadas” para tratar de preservarlo.

Mientras que el gobierno intenta salir de ese lodazal que hasta el cuello le llega, es necesario que de manera independiente se continúe promoviendo la cultura en Medellín, llámese teatro, cine o metal, porque viviendo en el país que no tocó vivir, está claro que los intereses se encuentran en otro lado, porque importa más el voto de mañana, porque por una semana, cuando más, importará la bomba de ayer, o la de hoy, ¿o la de mañana?

domingo, mayo 25, 2008

LA DESCOLONIZACIÓN DEL METAL

A Latinoamérica le unen más que las batallas, la lengua y la colonización. No es este, desde hace muchos años, un sector popular con ánimo de urbe.
La raza latina, como algunos se han atrevido a autodenominarse no sin cierto orgullo revolucionario, hace bien en identificarse como tal y en dejar de ver tanto las glorias ajenas y ocultar las tragedias propias. Reconocerse sin resentimientos ha llevado a que se dé una unión paulatina con un propósito certero y benéfico.

Han pasado los años y con ellos las ideas de que la prosperidad está allá afuera, lo que ha generado y sigue generando cientos, miles y millones de éxodos en busca del sueño americano o europeo o donde sea, porque el sueño, dicen, no es en tierra propia. Una situación que ha provocado, paradójicamente, un beneficio para los países que ven salir estas personas, pues las remesas que envían a sus familiares se han convertido en el principal soporte económico de los Estados con mayor número de migraciones.

La tarea no es fácil, sin embargo ellos prefieren lavar platos en Norteamérica, ser niñera en España o artista callejero en París a tener que soportar más desagravios en su territorio. “Comer mierda, pero mierda gringa que es distinto”, como se expresa en una película nacional.

Mestizo, mulato y criollo suenan al aire y no falta quien se sienta aludido e incómodo, como si de un insulto se tratara. Aún se vive y siente en América cierta mentalidad tribal que desdeña de la tierra y encuentra en el prototipo europeo el elemento que llenará el vacío de tanta batalla perdida, de tanto cruce de sangre y raza “saltapatrás”.

El latinoamericano es heredero de una historia y de unos ancestros no tan imponentes como Odín, no tan pródigos como Zeus y Thor, ni tan poderosos como Ares, Poseidón y Hades o dadivosos como Dioniso. O por lo menos no tan enunciados. Pero esta raza, la latina, está dejando ya de verse a sí misma como un triste ancestro Maya y ha decidido destacar con firmeza y orgullo la capacidad conquistadora de los guerreros prehispánicos y de la lengua misma.

Efectos cada vez más notorios en la música que se produce en estas regiones, donde se tiene una no tan nueva apuesta, pero que con el crecimiento exponencial que han tenido esas propuestas durante el curso de los años, ha hecho posible destacar con mayor claridad su labor.

De manera lenta y segura los latinos han ido tomando conciencia de su riqueza cultural y han vivido en carne propia la ambigua suerte del que opta por lo extranjero, entendiendo que lo local, regional y nacional también puede ser bueno.

Los triunfos, las derrotas y el sacrificio han servido para elucubrar un sonido propio. Manifestaciones que, aunque no se crea, llegaron desde Suramérica hasta Europa para influenciar y servir de vena. Brasil y Colombia, por citar solo dos casos, han sido el germen musical para bandas prestantes del viejo continente como Kreator, Mayhem y Gorgoroth.

Hay quienes se han dispuesto a mirar hacia dentro y han encontrado en Quetzalcoatl, Mictlantecuhtli, los Emberá y otros ancestros la inspiración e infusión para sus propuestas musicales alrededor del metal. Otros, menos apegados a los dioses o guerreros previos a la colonización y al instinto paternalista, hallaron simplemente en su cotidianidad americana la forma de expresar su sentir, su querer o no querer. Una actitud o característica que no le es ajena porque el latinoamericano estuvo lejos de aceptar sin lucha cualquier imposición imperial.

Desde hace un buen número de años estas tierras dejaron de ser colonia popular para ser urbes macizas en las que se cristalizan con fuerza las diversas propuestas musicales. Es notorio, en muchos casos, el progreso de las producciones latinoamericanas por esa capacidad de unidad a través de un claro nacionalismo diverso y solidario, lo que ha generado que se consuman boyantes junto a las elaboradas piezas en países donde circula el euro, la corona, la libra esterlina y el dólar.

El sonido de estas regiones ha sido capaz de captar una esencia que la distingue y la destaca. Ha logrado salir de un atraso que la condenaba, aunque aún lo haga con muchos, y se ha ido solidificando con fuertes rasgos de hermandad caribeña y andina. Es fuerte influencia, goza de la capacidad para experimentar, de ubicarse en el mismo anaquel y compartir precios con bandas del hemisferio oriental. Tal ha sido la proliferación del metal latinoamericano que en ocasiones es difícil reconocer a esa gran red que se ha forjado y que obliga a mirarla de cerca y escucharla en repetidas ocasiones, sea en francés, portugués, español y el internacional inglés.

martes, abril 29, 2008

DES-HACER EL SONIDO

Bastaba con tres o cuatro radiografías como parches, dos platos, dos manos y cinco dedos en cada una para sostener dos palos de madera que golpearan ese principio de batería, además de una actitud atravesada y pendenciera para soportarse tanto golpeteo disonante. Y ganas, muchas ganas, de lograr una música que identificara los pensamientos, las sensaciones y la entrega vehemente a un sonido que parecía (aún dicen que es) puro ruido y gritos incomprensibles.

No se tenía mucho ritmo ni tanta velocidad y menos técnica, y aun así, o por esto mismo, lograron un sonido con el que alcanzaron a identificarse a lo largo, ancho y profundo de esta vasta Colombia selvática, tropical e intemperante.

Chatarreros les decían, un eufemismo escaso que les endilgaron a los que interpretaban o expresaban gusto alguno por el metal. Pero no todo fue tan paupérrimo porque la música no se podía seguir haciendo con instrumentos vetustos en terrazas de los barrios periféricos de Medellín. Este solo fue su comienzo, así como las “notas”, el “parche”, el LP y el “chorro” diario.

Llegó entonces el recurso técnico y mejoró el sonido y todo dejó de grabarse en el único estudio de la ciudad, el de Luis Emilio, con unos instrumentos desvencijados y escasos de potencia para lo que el metal exigía en aquel tiempo. Así, todas las bandas dejaron de sonar igual: arribaron la técnica, los géneros, el radicalismo y un profundo aprecio por el underground, y ello desencadenó en una violencia interna que se manifestó como simple extensión del terror nacional de finales de los años ochenta. Recuerde que Medellín fue la ciudad más violenta del mundo entre 1989 y 1992.

Mientras que en la ciudad unos pocos apenas podían ver televisión a color, los escasos seguidores del sonido se fueron reuniendo para conformar sus bandas y así se les fue la vida. La música fue el inicio y en ella se quedaron, pero menos de los que empezaron. Se dice que son escasos porque no todos soportaron los enfrentamientos constantes con la policía y la batalla territorial entre personas del mismo círculo que pertenecían a un sector de la ciudad; eso fue antes de que bajaran al centro y empezaran a tomarse algunos bares y uno que otro local para hacer conciertos o vender artículos.

Hubo algunos a los que las ganas de hacer el sonido estridente, como Mauricio Montoya ‘Bull Metal’, los llevó a soportarse, gozarse, mamarse un viaje no inferior a ocho horas para llegar a Bogotá a ensayar, y luego volver a Medellín a seguir ensayando. Así nos mostraban otra cara del metal y del país y sus posibilidades al alcance de un pasaje y de un golpeteo, como cuando Parabellum comenzó estrepitoso interpretando Prepara la guerra en la Batalla de las Bandas en 1985, un concierto que se convirtió en histórico por la mezcla de géneros musicales y la asistencia de alrededor de cinco mil personas.

Para entonces, en la ciudad no existía pedantería más allá del eructo. Mientras Medellín procuraba verse como la ciudad cálida, bella y mojigata, de otro lado seguía demostrando lo “verraca” (ignorando el verdadero significado de la palabra), echada pa´lante y con una capacidad de negociante roba huevos. Desde aquel momento todos han abogado por el apoyo, la valoración del metal como arte, las horas de ensayo, el mantenimiento de los instrumentos, pero olvidaban, y olvidan en pleno siglo XXI, que nadie les obliga a tocar: todos toman los instrumentos porque en definitiva es lo que quieren, porque les gusta, porque les da la gana, porque sí, y punto.

No es casual que ahora suceda lo que entonces ocurría: conciertos como el del Polideportivo de Envigado, que estuvo a cargo de una tía del ‘Bull Metal’, y la producción de la película Rodrigo D, no representaron más que estafas para las bandas. Sobra decir que éstas seguían sin contratos, sin muchas ganancias, sin posar de víctimas.

Particularmente, las agrupaciones locales y nacionales –muy buenas muchas– no han salido a flote por el alto número de ventas de sus casetes o CDs, pues los sonidos que se hacían entonces tenían un propósito más cercano a la discordancia con la sociedad y el mundo. Música misantrópica y no filantrópica. Música que era desdeñada por el colectivo, pero que encontró acogida en el de allá y más allá, en diez y cien que se hicieron horda, legión, tribu urbana, cultura y metaleros.

Y ahora, algunos parece que piensan en otra cosa, y poco en metal.

Este texto fue redactado por mi y publicado originalmente en la revista Letra Oculta, edición No. 16

domingo, abril 06, 2008

RAMPLONERÍA PARALELA

Los hechos acaecidos alrededor del concierto del gigante británico no hacen más que llenar de estupor porque alimentan el imaginario colectivo y socavan todo buen propósito, que se ve siempre callado con la barbarie cotidiana y la actitud ramplona de los medios y las personas mismas.

Durante el concierto del 28 de febrero en el parque Simón Bolívar en la ciudad de Bogotá, en los alrededores del parque una centena de personas se comportó como la turba injuriosa, borracha y arrabalera que nos mostraron los medios, pero se ignoró de paso con el fondo de la reacción.

Ese centenar de hombres y mujeres, seguidores todos de Iron Maiden, la emprendieron contra las vallas, la policía y cuanto desafortunado elemento que estuviese alrededor porque no pudieron ingresar al concierto. No sirvió hacer la fila con cinco días de anticipación y a algunos tampoco les alcanzó el tener la boleta en la mano.

Víctimas todos del avivamiento colombiano, de la necedad esa de sacar siempre ventaja, algunos falsificadores (eso fue lo que se dijo) les metieron boleta chimba y se perdieron entonces el concierto y la plata. Otros hablan de la venta desmesurada de boletas por parte de los organizadores y su incapacidad de prever un espectáculo de esa magnitud, lo que indudablemente llevó a que no todos pudiesen ingresar con boleta legal.

Se ignora hasta ahora la cifra real de las personas que asistieron. Los medios nacionales se centraron de nuevo en la actitud pueril y ramplona de los adolescentes ebrios de furia y de licor. También la cantidad de licor incautado y la detención de los civiles que desataron el tropel. 167 medias de aguardiente, 387 cervezas en lata, más de 50 cajas de vino y aguardiente, aproximadamente 500 correas con chapa y varias armas cortopunzantes.

La empresa organizadora no se ha manifestado al respecto sobre el problema y en el aire quedó de nuevo el tufillo de siempre con la mirada mojigata característica: jóvenes + rock + licor + concierto = disturbio garantizado y decenas de policías para menguar por la fuerza a la turba.

No interesó, o interesó poco, la relevancia de la visita y de la banda, la trascendencia del concierto, el coro de miles en Halloween by the name. Y menos importó el viaje desde muchas ciudades del país y países cercanos y el grito de batalla antes de la despedida. Todo eso se redujo hasta desaparecerlo, hasta un plano que por los medios de comunicación no vimos. Y esa sigue y seguirá siendo la constante; para la muestra un botón. Los grandes medios de comunicación se interesan cuando el comportamiento primario prevalece, pero infortunadamente para algunos sucede más seguido de lo que quisiéramos.

Mientras tanto, el metal sigue ganando titulares e "indulgencias" que ya no le deberían corresponder. Sin embargo, y en honor a la verdad, al interior del metal se siguen generando esa clase de actos, por ello no habrá otra forma de destacarse mientras que la ramplonería siga siendo de ambas partes, los medios y las personas, así los furibundos tuviesen todas las razones para manifestarse en esta ocasión, solo que el objetivo estaba era errado: eran los organizadores, no el concierto ni el parque ni la policía, y no era destruyendo las instalaciones histéricamente.

En cuanto a los medios y su ánimo por destacar esta clase de hechos no hay nada que hacer. A los colombianos les siguen gustando los titulares amarillistas de disturbios, masacres, descuartizamientos, tomas guerrilleras y la matanza de niños en la Sierra Nevada que confesó el paramilitar Hernán Giraldo. Eso sí atrae.

domingo, marzo 30, 2008

Marduk en vivo

Esta es solo una entrada. Una muestra de lo ocurrido en el concierto de Marduk el 29 de marzo en la ciudad de Bogotá. Un anticipo gráfico al artículo que se estará publicando en la próxima actualización de Melodiasenacero.com

martes, marzo 18, 2008

MELOFAGIA

La nostalgia por la música, por los formatos en que la gozamos, se nos ha convertido en el eterno dilema de los músicos, olvidando que ya no importa el desvencijado material en el que se dé a conocer, sino la calidad del producto; el deleite del melómano; el goce caníbal del que no le basta con oír una ni dos canciones sino el álbum completo, y coleccionarlo, sobre todo coleccionarlo, y conseguir más y cuidarlos para que no se vayan a dañar.

La Real Academia de la Lengua no reconoce la palabra melofagia, y no es que la ignore o que pertenezca a cierto culto erudito de seguidores de la música; tampoco pertenece a un nuevo y absurdo diccionario, pero describe el gusto visceral por escuchar, por recopilar, tener en el anaquel siempre disponible a full color, o blanco y negro, la música: sea en casete, vinilo, CD, DVD o el criticado mp3.

En Medellín, la ciudad que vivo y me corresponde, los coleccionistas se distinguen por ser pocos y fieles. En los ochentas y noventas tener un disco original era de tanto reconocimiento que te bautizaban según el vinilo que tuvieras: Jaime Reign in Blood, David Altars of madness, Juancho Ride the lightning.

Se reconocían porque eran escasos los metaleros y porque eran menos quienes tenían con qué comprarlo: poder adquisitivo, dicen los economistas. Aunque eso no era excusa para no escucharlos, pedirlos prestados y, ¡oh karma eterno!, grabarlos, copiarlos. LP a casete y casete a casete y siga el círculo y pierda calidad, pero ahí estaba. Ya la música era de todos, hasta que el LP volvía a manos del dueño, proveniente de aquel al que se le prestó, o por el amigo, del amigo, del amigo, al que se lo prestaron también.

Nos empezamos a preocupar por esos devoradores sin recato, porque acá, en Medellín y Colombia toda, se empezó a producir el Metal propio, y a grabar y a distribuir. Ahí se involucraron el bolsillo y el dolor de cabeza; luego llegó internet y se convirtió en el enemigo de turno, como lo fueron, y lo siguen siendo, el casete y el CD virgen.

Olvidan algunos, muchos, que ha pasado el tiempo y que no es fácil irse contra él; menos ver la tecnología como el problema y tratar hacerle el quite, como si con ello se garantizara el triunfo, ignorando la pelea pírrica que inician contra sí mismos. Así de estúpido –lo siento, pero no tengo más calificativos para tan extravagante propuesta– lució Elton Jhon cuando solicitó cerrar internet durante cinco años para que no se menoscabaran sus grandilocuentes ventas.

Y claro, cuando se venden discos a granel se considera como siniestro enemigo la posibilidad de ofrecer gratuitamente lo que siempre había sido rentable. El problema acá no es cobrar por el trabajo, sino emprenderla contra el público mismo, pues este es quien lo disfruta, lo compra, y, al fin y al cabo, lo preserva vivo como músico, y a su música.

Pasan por alto, también, que ahora los medios están al alcance de tantos como nunca antes, y resultan valiosos como herramienta para anunciarse, para darse a conocer en cualquier lugar de ese mundo digital y sin fronteras. Antes nadie tuvo una posibilidad tan cercana y económica para escuchar Black Metal de Irán, Death de Kazakhstan, Thrash de Nepal o Doom de Slovenia. Y de que su banda nacida en Buga, La Dorada, Ipiales o Popayán pudiese ser escuchada con solo un mes de formada en cualquier país a través de una grabación casera y mal lograda.

Muchos de los que ahora son músicos en el país, en un comienzo fueron oyentes, aunque algunos han dejado de serlo en el camino; se empecinan en hacer parte de un mercado donde su esfuerzo se vea recompensando en forma de billete y se han concentrado en peleas inagotables contra la piratería. Mientras tanto, otros buscan la forma de atraer al público, entonces el disco lo hacen multimedia, le agregan imágenes y video y encima lo acompañan con parches, boletas o afiches; otros lanzan sus álbumes en CD-R para que su venta sea a un bajo valor; algunos más, incluso, ofrecen la descarga de sus canciones y del álbum completo.

El propósito es llegar a sus seguidores y nosotros lo agradecemos porque además de comprender el esfuerzo, apreciamos el valor de la música, la que nos gusta. Por esto no nos complacemos con escucharlo y cambiarlo en 15 días por la nueva banda del momento, pues la colección musical se convierte en invaluable pieza de museo personal.

A un verdadero devorador de la música, a un melófago, no le bastará con encontrarse desprevenidamente una canción, nunca esperará a escucharla en una emisora, no le será suficiente el tenerlo entre la lista de tags de su computadora o entre el arrume de CDs recopilatorios de hasta 10 bandas o más. Eso no. En este complicado mercado, el melófago buscará la banda, su álbum, lo comprará en un viejo formato o en uno más reciente, disfrutará el ritual de descorcharlo, con tacto, y de reproducirlo, una y otra vez, mientras se embelesa con la presentación y pone en esto y aquello un cuidado casi quirúrgico.

Este texto fue redactado por mi y publicado originalmente en la revista Letra Oculta, edición No. 15

sábado, febrero 23, 2008

COLOMBIAN METAL COCKTAIL´S


Reencarnación, Parabellum, Neurosis Inc., Sacrilegio, Astaroth, Carbure, Overthrowing, Death's Embrace, Asbel, Masacre, Utuk-Xul, Xlll Candles, Carnagia, Athanator, Hidden Horror, Purulent, Torture Everlasting, Grotesque Atrocity, Dessoser, Holocaust, Goreinhaled, Lucera, Toxic, Ubergehen, Esthadur, Sathiria, In Lust, Tragedia, Alone Against All, Borroza, Hagalma, Ancient Necropsy, Destroyer, Nightmare, Blasfemia, Diges, Atavi, Gexerott, Proyecto Pánica, Dark Empire, Broken, Maleficarum, Deasoul, Infernal, Futhark, Nocturnal Feelings, Gianny, Iced Angels, Martir, Dark Fall, No Raza, Acero, Violent Dreams, Undergrave, Exile, Blood and Disaster, Abdominal, Detriktus, Aggelos, Blasfemia, Typhon, Cerberum, Endark, Drakar, Erzebet, Degradeath, Pirokinesis, Deathless, Pagan Fears, Under Threat, Holocausto, Guerra Muerte, Muder, Nemesis, Horde Thor, Vajrah, Perpetual, Shadowlit Mind, Sargatanas, Cuentos de los Hermanos Grind, Vital Essence, Agresión, Ablepsia, Hastur, King, The Exhort, Tzelmoth, Blood of Kingu, Astreas Domains, Hidden Gods, Antártica, Eternal, Blaze Inside, Slander, Nekromantie, Dead Soul, Chaos Divine, Unholy Blood, Abaddon, Aces, Opensight, Aggelos, Amarna, Inbreeding Sick, Angkor, Atrocity Inc., Beelzebul, Esbbat, Behind Mirror, Sursum, Black Throne, Fury of Fire, Eshtadur, Ortam, 107 Pasos, Vitam et Mortem, Dagorlad, Danger, Awaken, Esquizofrenia, Bestialized, Nebiros, Eternal Faith, Acutor, Flagelation, Gorgona, Hill Fort, Killer Kind, My Desire, Nemavze, Profanus, Acratas, Rainfall, Metal Attack, Aggressive, Vital Essence, Krönös, Metal King, Lipthopia, Bacteremia, Dissektor, Mortem, Divine Profanity, Blasthing Hatred, Effugium, Piranha, Devoured Decapitation, Atrium, Corpsedecay, Blasphemiam, Chainsaw Killer, Skull, Orpheus, Internal Suffering, Exordium, Apolion's Genocide, Diprosopus, Sad…is, Evil Madness, Victimized, Blaster, Twilight Glimmer, Ordog, Edhellond, Kraken, Antípoda, Suppuration, Mindly Rotten, Horncrowned, Agony, Estridencia, Misticia, Amputated Genitals, Helka Hith, Crocell, Katarsis, InnerHate, Egaheitor, Death Hunter, Sadistic, Eternal Lament, Belial, Wale of Souls, Manitu, Ishi, EndlessNight, Carnal, Satanizer, Dryhten, Blood Wolf, Nigromancia, Soulburner, Majestic Realms, Empalator, Tenebrarum, Tears of Misery, Dark Manthra, Silence of Moonset, Talion, Holy Shit B.S.E., Occisor, Agressor, Cry Night, Profaning Remains, Ephimerian, Unauthorized, Inquisition, Hedor, Abducted Child, Dark Legion, Cysted, Khábala, Necropsia, Aorta, Warholder, Mysticism, Ominus, Twilight Mask, Painful Remorse, Ekhymosis, Misanthrope, Albatroz, Runner Hell, Blessed Slaughter, Herejía, Evil Darkness, Glöster Gladiattor, Ad Ruinas, Almost, Ancestros, Antagon, Witchtrap, Apeiron, Arboris Mortuus, Argals, Necromansy, Arteus, Nosferatu, Legend Maker, Assur, Bastard, Berzeker, Remembrance of Pain, Cadaveria, Melej, Introspección, Deadline, Opvs Leviathan, DeadMinds, Fire Lineage, Degradeath, Revenge, Deleterius Viator, Aphangak, Dhemonic, Terra Sur, Dies Irae, Iblish, Disoluto, Orconirom, Dying Soul, Eclosión, Elbow Drop, Enormous, Enthralled, Haze, Eternal Drak, Euphorbia Mortus, Eutanasia, Dominion, Excelsis Hosanna, Mandrax, Excomulgación, Askariz, My Plague, Exegesis, Mordaz, Occultus, Lethal Fire, The Evermind, Old Betrayer, Warriors of the Light, Old Black Majestic, Kirios, Estigia, Garden of Grief, Geburah, Goretrade, Inequicia, Growing Hate, Akanatomb, Oscuridad, Guahaihoque, Mekanix, Hammer, Head Crusher, Satanachia, Heart of Darkness, Hellbender, Hijos d' Cain, Dreamland, Hominimum Salvator, Maledictvm Avernalis, Human Violence, Ikarus, Dharma, Impromtus ad Mortem, Karma, Yogth Sothoth, Kilcrops, Souledge, La Parka, Blaze Inside, Flaming Skull, Lacrimae, Almha Noha, Lament, Mystical Death, Land of Chaos, Last Tyrant, Leishmaniasis, Signal Blade, Leviatán, Planta Cadáver, Liturgia, The Mirror, Lost Realm, Mad Throng, MadKnight, Pacto Sublime, Mahdyhell, Noiszart, Behind the Throne, Negro Escarlata, The Howling, Mental Apraxia, Soulless, Mephiztophel, Desecrate, Mighty Scepter, Millennium, Minnus, Thy Endless Wrath, Freezing Darkness, Mortuorum, Nameless, Sourpuz, MistyFate, Bless the Silence, Masturbation, AnteMortem, Necrosis, ThunDarkma, Inaeternum, Nepente, Samech, NeverLand, Akash, Nihil Obstat, Black Fire, Desdenia, Thyoneus, Obitor, Wormeaten, Atrox, Orion, Exile, Paranoia, Firewings, Athor, Phalogore, Pit of Thorns, Precariam, Purification, Repulsive Depravity, Ritual, Gore Insanity, Libitum, Rotting Blood, Black List, Terra X, Novilunion, Solarstorm, Mutilation, Threshold End, Sagros, Attack, Sanius, Hellrider, Seol, Seventh Race, Legacy, Shadows and Chaos, Därath, Silent Scream, Evenlost, Averno, Sinner Serpent, Etnocidio, Therapy for Pain, Soul Flayer, Hidden Path, Arkanot, Evil Silence, Arkavus, Profecía, Spectrum, Evil Legacy, Spiritar, Azaigoth, Spiritual Invader, Corda, Suthurian, Tears of Glory, Mysteriis, Transgresion, Satan's Scourge, Lemures, Exequia, Nazir, Daycore, This Belief, Highway, Thunderblast, Funeral Dusk, Inoculation, Melting Flesh, Torso, Luciferian, Tugurios, Unholy Grace, Fire of Death, Vehementer, Ancestral Mor, Vertebral, Kronomorph, Cromlech, Vobiscum Lucipher, Nocturna, Drakar, Wounds of Darkness, Lost in Darkness, Zendas, Detritus Argaith, Pulsolatente, Moira, Execrado, Draconian, Anagathon, Traición, Entropia, Thor, Carnivore, Saproffago, Equimanthorn, Angkor Thom, Inhumación, Cold Evocation, Terminal War, Agresión, Possession, Sargatana, Necronslaught, Sobibor, Atanab, Sidereal, Oblivion, Nonsense Premonition, La Cruzada, Knife Killer, Silent Tomb, Proxima Centaury, Hellworld, Doppel Gänger, Murder, Fright, Tempestas Satanae, Carcava, Cataleptic, Chaotic, Chaquen, Charm Designer, Credence, Dark Knights, Dark Side, Darkness, Dawn of Misery, Denigrated, Extremely Rotten Flesh, Devastate, Ethereal, Imprekator, Mantra, Agnosis, Incarno, Gnosis, Ulf Reich, Betrayer F.T.M, Thy Antichrist, Fenestra, Uxor Mortem.

lunes, febrero 11, 2008

EL CUENTO DEL REGISTRO

A los músicos de la ciudad y el país se les ha enquistado en la cabeza la idea necia y el gusto sordo de registrar su música a través de Sayco y Acinpro, pero ¿hasta dónde no resulta más un inconveniente que un verdadero logro?

Sayco y Acinpro es la entidad reguladora de los derechos de autor en Colombia. Vigilan que la producción de los artistas del país sea usada bajo los parámetros legales del respeto por la difusión, sea a través de medios masivos como en eventos públicos, y del debido cobro por el uso de la misma.

El Metal como género, como música, como representante de una cultura underground, es poca la difusión que obtiene en los medios masivos nacionales (radio y televisión, para una mayor precisión) porque no atrae una masa importante de público consumidor, razón por la que no posee espacios dedicados exclusivamente a su transmisión. Goza sí de pequeños espacios en horarios extremos en la radio cultural, la cual paga exiguos costos por su difusión puesto que son medios sin ánimo de lucro.

¿Dónde está entonces el beneficio para un músico o agrupación al registrar sus producciones en Sayco y Acinpro cuando su difusión es escasa, a sabiendas de que esos espacios son no remunerados y por ende un músico local o nacional no verá la retribución económica de su publicación mediante esa vía?

Esta entidad invierte alrededor del 50% de los dineros cobrados a los medios comerciales y a los realizadores de eventos en su manutención, en el pago de su personal y en su diligencia, que no existiría de no ser por los mismos compositores que necesitan de alguien que vigile su reproducción para obtener fondos a merced de su producto, y con razón justa porque es su oficio y su arte.

Músicos grandes del país podrán deleitarse en sus casas, fincas y apartamentos en Miami porque sus canciones suenan en repetidas ocasiones durante el día en una emisora, y luego suena su éxito más reciente y a éste lo usan en la promoción de películas, de comerciales televisivos, de cuñas radiales, de compilaciones de fin de año y realizan conciertos y conciertos en estadios de fútbol y en calles principales y en lugares privados, y así sus arcas se llenan y se hacen exuberantes. Y claro, se necesita que alguien cuide su patrimonio porque ese es el fin, poder cobrarlo para hacer otro, y luego uno nuevo, y vivir de ello en un ciclo perpetuo.

Sin embargo, un autor como Rodolfo Aicardi, tan citado, invitado a programas, publicitado y sonado en radio, usado de fondo en películas nacionales y en éxitos parranderos, murió hace un par de meses, particularmente –aunque no tanto–, en medio de una pobreza insospechada para una figura pública tan reconocida y tan bailada en el país. Murió luego de una enfermedad penosa, sin dinero para atención médica digna y sin recibir una especulada deuda que Sayco y Acinpro no le saldó nunca, un dinero que no disfrutó a pesar de su gloria musical.

Como entidad vigilante de esta cadena alimenticia de la mercadotecnia, Sayco y Acinpro busca que el uso y reproducción de los sonidos de sus músicos sea cumplido puntualmente. Por ello, antes de cada evento público se les debe notificar por escrito su realización, el nombre de los artistas participantes y el listado de las canciones a interpretar, sea para asegurarse de que no existen en su base de datos como para cobrar por anticipado en el caso de sí estarlo. Un porcentaje que varía según el precio de la boleta y/o el número de asistentes proyectado. Un registro, pues, que genera un pago obligatorio por el uso de la música, así la banda o el artista desee hacerlo con un ánimo benéfico o de no retribución, ya que al registrarse han cedido la potestad de su obra. El caso del concierto gratuito ofrecido por Juanes y promovido por la Alcaldía de Medellín en la calle San Juan fue bastante sonado por el cobro y posterior demanda entablada por esta entidad a los citados por no haber sido consultada ante la realización de este evento y por el uso de la música a voz del mismo artista.

Así las cosas, el funcionamiento y mantenimiento de esta entidad resulta loable para grandes mercaderes y productores musicales, pero poco benéfico para una banda local o nacional que se ha dedicado a producir sonidos que hacen parte de un mundo que en gran medida está por fuera de ese comercio mayorista. Un problema legal que perjudica, como ya se dijo, las presentaciones grandes o pequeñas, porque su no pago se convierte ya en una evasión de impuestos: un delito carcelable.

Es importante que las agrupaciones musicales del país se estén preocupando por cuidar sus derechos de autor, por velar que su producción no caiga en un uso ilegal, sea la piratería o el plagio, pero es necesario saber que basta con tenerlo plasmado en un CD, LP o casete para que este se convierta en el elemento que compruebe su propiedad; o pueden usarse también métodos sencillos y con menos intríngulis burocráticos como dirigirse a una notaría con líricas y disco en mano para asegurarse su título. Métodos que no representan un ingreso económico, pero que ofrecen la seguridad y la confianza necesarias para litigar en cualquier momento si se hace uso indebido de su producción artística. Un hecho que difícilmente sucede, pero no imposible.