viernes, enero 05, 2018

2017 y los tiempos de la muerte

Según los datos de 'Metal Archives', en 2017 se registraron 233 fallecimientos de personas que tuvieron alguna relación con el metal. Quizá por algo de pudor o un simple descuido, no es posible filtrar cuáles fueron las principales causas de muerte. Al contrario, podemos observar que la primera de las muertes aparece con fecha del 2 de enero, mientras la última es del 27 de diciembre.

Desde Colombia se dejaron 3 ingresos: Elkin Ramírez (Kraken), John Morales (C.D.O) y Henry Mantilla (ADS y Ainur).

2017 no fue el año con más muertes. 2016 registra 270 entradas, donde Colombia solo cuenta con un caso: Sergio Blanco (Mad Throng). 2015 tiene 258 registros, con 3 casos de músicos colombianos: José Uribe (Ekhymosis, Athanator, Aspid y Agnosis), Cristian (Deathrace) y Giovanny Medina (Baphomet). 2014 cuenta con 217 registros; 2013 con 232; 2012 con 241; 2011 con 224; 2010 con 204.  A partir de 2009 las cifras muestran un descenso, pero las razones pueden variar tanto que resulta difícil explicarlo, aunque una de las que me parece bastante clara es que la participación de las personas en esta plataforma ha ido creciendo y por ello es posible contar cada vez con más datos; comprendido al revés: antes había menos participantes y por ende menos registros. Otra hipótesis podría ser la siguiente: cada vez somos más salvajes, pero esto resulta tan poco novedoso que es mejor quedarse con la primera parte.

Hagan el ejercicio: 1980 tiene 2 registros; 1982 tiene 4. 1984 tiene 8;  1986 tiene 19;  1990 tiene 25; 1993 tiene 46; 1996 cuenta con 57; 1999 con 62. Solo a partir del año 2002 los registros marcan con 3 cifras: 101 muertes. A partir de allí es común el crecimiento de los muertos, aunque con algunas reducciones en varios años. Lo que sí está claro es que la cifra más alta registrada a la fecha es la de 2016, seguida de 2015 y 2012; luego está 2017, acompañado muy de cerca por 2013 y 2011. Así las cosas,  si bien el 2017 fue un año difícil en lo político, económico y social, en cuanto al número de fallecimientos no ha sido el peor.

Solo en lanzamientos de bandas de metal, este mismo sitio web registra 7.334 entradas. ¿Se imaginan cuántas horas de música significan 7.334 registros filtrados por álbumes completos? Si cada uno dura en promedio 60 minutos, estamos hablando de 440.040 minutos, lo que equivale a casi 306 días, a 10 meses del año. Es decir: una jodida vida dedicada a escuchar lo que salió en ese mismo año. Un imposible.

Por ello no es de extrañar que haya pasado por alto algunas de las 100 producciones que se hicieron en Colombia. Entre otras: 'The Souls of Sathan' de Utuk-Xul.

Aphangak con 'En el valle de lágrimas negras'

El empecinamiento de Julián David Trujillo con Vitam et Mortem y su 'Sinfonía para el funeral de un ángel'

El pronunciado blast beat de Tzelmoth con 'Antithesis Cosmos'
No me enteré tampoco en su momento del disco 'For the Witches Fall a Sorrowful Ode' de Asbel, un disco lleno de lúgubres atmósferas y de encanto dionisiaco.

100 producciones solo en Colombia. Como les decía, casi un imposible abarcarlos mientras en 2018 ya empiezan a aparecer también trabajos dignos de atención, como el de Shining.

miércoles, diciembre 20, 2017

“El pasado no está muerto ni enterrado. De hecho, ni siquiera es pasado”

El título proviene de William Faulkner porque pensando y comenzando a escribir esta suerte de recuento sobre las publicaciones discográficas de 2017 me descubro escuchando ‘Godless Savage Garden’ de Dimmu Borgir, un disco de 1998. Me descubro pensando en ese tiempo, en los rincones oscuros de la casa, en la tranquilidad del momento, el rumor del casete que mientras gira acompaña al resto de la música. La música no es solo la música. Es tan obvio que lo releo y alcanzo a sentir algo de pena, aunque no tanta como para borrar esas 7 palabras. Esa música no es tampoco solo un momento, es más bien historia y las historias están entrelazadas de variadas maneras. El ‘Spiritual Black Dimensions’ (1998) difícilmente podría existir sin el ‘Godless Savage Garden’, así como ninguno de los dos podría existir sin el ‘Drep De Kristne’ (1996) de Troll con su mezcla punk, sonidos sinfónicos y hechizados, black metal, además de momentos siniestros y épicos. Acaso no es eso ‘Godless Savage Garden’?

Una búsqueda, la misma que no surge de la nada, como resabio de un ser sublime y cruel. Así como tiene explicación cada una de las 221 muertes que registra Metal-archives.com en 2017 alrededor del metal, las producciones de este año tienen una huella en el pasado y otra que se forma en el presente: la estridencia, la elocuencia y hasta el desencanto de la primera; la ambivalencia, la transitoriedad, la naturaleza líquida e inquietante de la segunda.



‘Mass VI’, disco de Amenra, tiene no solo otras 5 producciones que le dan sentido: dialoga de manera tan directa con principios del black metal, el dark, el sludge y el doom que negarlos sería una torpeza propia de un iniciado. Y no me refiero a la lista que deja Metal-archives.com porque me resulta obvia y por ello menos interesante. Yo les propongo que hay tanto de Burzum y Bethlehem, como de My Dying Bride, Virgin Black y Neurosis. No se trata de un listado descuidado o interesado sino de una revisión en la que son tan importantes las influencias directas y notorias en lo sonoro como la apertura musical que cada grupo trajo consigo. Pensemos lo siguiente: ¿es posible definir si cada proyecto/grupo hace parte de un estilema claramente delimitado y monolítico? Intentemos definir la historia de Burzum desde lo sonoro y veremos la dificultad para llegar a una síntesis; lo mismo, propongo, veo en los otros grupos en la medida que se atrevieron a crear, a mantener un pie en ciertas huellas mientras que el otro los ha llevado considerar “nuevos” horizontes. ¿No es acaso lo mismo que podríamos señalar de Dimmu Borgir o el mismo Neurosis? Pensar su música es ubicarnos siempre en un tiempo distinto, en una historia que, como la nuestra, está en movimiento.

Hay movimientos lentos. Recuerdo tanto a Om como a Lustre, así como a Drudkh o el ‘Kveldsanger’ de Ulver, tan propio éste último para estar entre montañas, aislado del vértigo de estos tiempos que quizá no son tan distintos a los de hace 15 años. Me gusta sobremanera la calma, la capacidad de furia contenida que no es más odio sino desazón, que es crueldad hecha silencio, que es dejarse ir en medio de pensamientos sin poder dormir, sea martes o domingo. Es dejarse llevar por las ideas que ahora en 2017 pueden ser un retorno pero al también un mirar tranquilo a unos ojos amarillos que miran una sombra clara en una pared blanca. Recuerdos y estados de ánimo, un poco de irracionalidad poética con un poco de historia. Quizá me dejo llevar por el título del álbum, ‘Mirror Reaper’, al ser una sola canción con una hora y 23 minutos de duración. Un caos en medio de una catatonia. Pienso en Bell Witch.



Se me vienen a la cabeza Evol, así como Mortiis (el primer Mortiis, el de 1994 y 1995) y Fata Morgana (obvio), Wardruna, por supuesto Limbonic Art y también Moloch. Mucha música, y este sigue siendo un prejuicio errado alrededor del metal que se piensa como dieta monolítica para dañar oídos, tiene la capacidad de profundizar en los pensamientos, de derivar en juicios inesperados porque precisamente esa música nos lleva a terrenos posiblemente insospechados. Pienso que lo mismo te puede generar un libro, una buena serie de Netflix; pues bien, ¿por qué no puede hacerlo un buen disco que te obligue total atención, que merezca una dedicación exclusiva para poder ingresar a un terreno quizá inhóspito y privilegiado? No hablo de ficción como tampoco hablo de historia, hablo de las dos al mismo tiempo. También hablo al tiempo de Old Sorcery (con ‘Realms of Magickal Sorrow’, 2017) y de Almyrkvi (con ‘Umbra’, 2017), de los tiempos propios que generan atmósferas que remiten a circunstancias que superan el aquí y el ahora, que nos hablan de condiciones humanas frágiles y reales, de imágenes impenetrables y remotas que acá la música logra representar a su manera.





Así como a su manera se nos presenta también el ‘Kingdoms Disdained’ de Morbid Angel, disco que nos devuelve a la aplastante realidad, a un escenario en el que las huellas y los horizontes son plantados por el mismo autor: desde un ‘Altar of Madness’ violentamente natural, pasando por un ‘Covenant’ un poco más acelerado y revisitando claramente un ‘Domination’ trepidante y doloroso. ‘Kingdoms Disdained’ es un disco que, si se quiere, deja ver apenas transformaciones en el grupo, aunque ello no quiere indicar que se trate de una repetición de un tiempo viejo y “mejor”: es una especie de paradoja porque si bien el disco nos sigue revelando la identidad de Morbid Angel, no por ello dejamos de encontrar nuevos elementos que motiven su escucha una y otra y otra vez en este 2017 que ya (al fin) se acaba.



Se me escapan tantos discos como descripciones y lecturas. A todas luces el 2017 fue un gran año para la música. Ya lo dirá la historia y lo que hagamos con ella.

lunes, noviembre 13, 2017

Un giro, dos historias y una tragedia con incontables desenlaces


Pensé varias formas de comenzar este escrito. Pensé en las diversas perspectivas que acá era importante aplicar, también en lo que se supone es lo central. Se me ocurren mientras escribo una serie de posibilidades pero acá estoy haciendo ya la que sale, la forma más natural para volver sobre esa historia tantas veces mencionada pero escasamente verificada: que el metal de Medellín influyó o fue escuchado o inspiró o sirvió de 'background' al black metal noruego. Decirlo así es tan pretencioso que provoca borrarlo de tajo, pero así lo han dicho, así me lo han sostenido, así lo dicen aún. Recuerdo las entrevistas, los diálogos en conciertos, en bares; es tal la reiteración que hasta cansa.

Hasta ahora las evidencias, por lo menos para mí, eran nulas. Que alguien dijo, que en una entrevista lo mencionaron, que posiblemente en una revista. Tanta alharaca como esa que Pablo Escobar tuvo alrededor suyo sobre la publicación en una revista norteamericana que decía que era uno de los hombres más millonarios del mundo. “La gente habla mucha mierda”, le dijo Pablo Escobar a Juan José Hoyos. La gente habla mucha mierda, pienso yo, pero al menos algo podemos saber ahora: que una parte de esa referencia era cierta. ¿Por qué no lo sabíamos? Porque estábamos investigando mal, porque no estábamos planteando las preguntas correctas.

Años atrás, junto con mi amiga Diana, tuvimos la oportunidad de preguntarle a Infernus (Gorgoroth) si conocía a Parabellum o a Reencarnación, si había escuchado las bandas, si conocía algo de Medellín. La respuesta fue no y sí; no conocía a las bandas en cuestión pero sí sabía de Masacre. Las búsquedas en otros escenarios daban como resultado las palabras de Escobar; a lo sumo llegaba a lo de siempre: Euronymous, Bull Metal, el suicidio de Dead, la foto de Dead, Dead en la carátula de un álbum en Medellín, etc. (no voy a volver sobre esto ahora). Como les decía, la conexión llevaba al mismo vacío, a los mismos datos sin mayor comprobación de la influencia de Medellín en Noruega.

Lo primero que hay que hacer es bajarle a las pretensiones. Más allá de la influencia, es saber por ahora si Parabellum o Reencarnación fueron conocidos en los años 80 en el país escandinavo. Hasta ahora puedo responder con certeza: sí. Y no fue por Mayhem en general o por Euronymous en particular. Ahora resulta tan obvio que da un poco de rabia y de pena: quien conoció a uno de los grupos, específicamente Reencarnación, fue Per Yngve Ohlin. Sí, fue Dead. La única evidencia es vista, por lo menos por mí, en un producto audiovisual de título infantil: “Los Bambinos del Satan - On the road with Mayhem”. El pasaje que me interesa toma escasos segundos para decir: “Pelle talló esto” … “Sodom, Evil y Reencarnación”. ¿Es Reencarnación el grupo de Medellín? Miren la imagen donde Pelle, de acuerdo con la narración de su amigo y compañero de banda Jørn Stubberud (AKA Necrobutcher), no solo escribe el nombre del grupo siguiendo sus características tipográficas sino que lo acompaña del 888.


El momento en que se nos clarifica este asunto con más de 30 años de historia toma solo 10 segundos del trabajo periodístico. Es que no era el tema central del video, pero para mí fue de lo más revelador. Ahora lo que importa es esto: hay un logo en la pared en la casa donde Mayhem acostumbraba ensayar. ¿Pero cómo estar seguros si es de ese tiempo, si realmente lo escribió Dead? No es una pregunta insensata, pues básicamente hay que considerar que ha pasado mucho tiempo y por allí seguro han cruzado camino muchas personas con dos manos y con mucho deseo de atención. Es por eso que más adelante cobra valor conocer un poco más a Necrobutcher, el bajista de Mayhem que fue amigo de Dead y que aún se conmueve al hablar de su amigo por la sorpresa que le generó saber de su suicidio, el malestar que le provocó saber de la fotografía de Euronymous minutos después y, especialmente, al ver que esa imagen pasó a usarse en discos y camisetas, en parte gracias a Bull Metal en la ciudad de Medellín. Es decir, Necrobutcher y Dead eran cercanos, de allí que la escritura del logo de Reencarnación para él no sea una sorpresa; Necrobutcher parece tener claro quién escribió en esa pared y lo que esos grupos significaban para él.

Vale la pena recobrar las palabras que expresara Kjetil Manheim (quien se desempeñara como baterista del grupo noruego cuando apenas comenzaba) en el documental “Once Upon a Time in Norway” (2007): uno de los errores que cometió Aarseth (Euronymous), además de la falta de tacto para con el cuerpo de su amigo al capturar el momento, fue enviar la imagen a Colombia. ¿Un error? Esto amerita más líneas que ahora no puedo ni quiero desarrollar. Resuelta la primera parte: Reencarnación fue conocida por lo menos por dos integrantes de Mayhem; lo de Parabellum sigue sin confirmar. Lo de error y la falta de tacto lo miraremos luego, aunque dudo que alguien deje un comentario preguntando: ¿qué sigue…?

Por ahora me quedo con las palabras de Juan Gabriel Vásquez (Los informantes, 2007): "la realidad es frágil enemigo para el poder de la pluma [...] cualquiera puede fundar una utopía con sólo armarse de buena retórica”.

sábado, septiembre 09, 2017

Humo: sensaciones de 2017

Madrugar. Madrugar demasiado. A las 3 a.m, a las 4 a.m. Hoy fue a las 5 a.m. No hay muchas razones. El silencio ahora es abrumador. Llega el papa a Medellín (el día que escribo esto es el 9 de septiembre) y un alto porcentaje de la ciudadanía parece afectada por la visita. Les sienta bien la visita. Es humo. Cambian por un momento, el momento que dura el viaje. La visita como influencia, la visita como influenza.

Esperar. Esperar demasiado. Cuando tuve en mis manos (es un decir ahora en tiempos del streaming) el nuevo disco de Anathema me sucedió lo mismo que con el de Katatonia. Nunca llegó la sorpresa. Fue una especie de ruta en plano, o mejor un tour de force, una tarea que hace imposible llegar al final. No lo disfruté. Llegué al final pero los discos me perdieron a mitad de camino. Fue humo. Una alta expectativa para quedarse con un par de canciones. La experiencia completa fue como un noviazgo terminado por WhatsApp.

2017 viene siendo un año interesante por lo complejo. En otros términos: las experiencias musicales de entrada son buenas, pero hay que esperar a tener un panorama completo para no sacar conclusiones apresuradas. Es algo así como estar contento porque regresa Cryfemal (en 2016 produjo ‘D6s6nti6rro’), pero luego ves a Ébola en vivo y se te quita.

Las sensaciones se extienden hasta lo más reciente de Septicflesh


El disco ‘Codex Omega’ es una extensión de ‘The Great Mass’ y ‘Titan’, las dos producciones precedentes de SF. En cierto punto el CO continúa ahondando en el estilema death/sinfónico, pero dejando lo sinfónico en un orden menos predominante y más atmosférico. El disco cuenta con una estructura que en su totalidad absorbe, no deja canciones aisladas y expresa en su conjunto un trabajo menos estilizado (para bien), algo que en su manera parece les preocupó de más con ‘Titan’ y su ánimo por la orquestación. La fórmula, eso sí, empieza a expresar cierto desgaste estético.

Con Belphegor es mejor ir despacio

Algunos de los avances que han brindado llevan a la conclusión de que en efecto sigue siendo Belphegor y que desde lo sonoro serán pocos los cambios. Eso no es malo per se, pero hace pensar que quizá las novedades sean realmente pocas. Así como a la fecha van 141 muertos alrededor del metal en el mundo (de acuerdo con MetalArchives.com): es simplemente eso, una realidad. Es lo que es. Es lo que hay. Punto.

Myrkur como estilo de vida

Sin prometer nada es mejor. Lo que hasta la fecha ha dejado conocer hace difícil hablar de una sola categoría, aunque ella se ubica en el black metal de entrada. Pero, ¿finalmente cuáles son los límites del black metal ahora? La producción contará con dos lados, lo que seguro mostrará dos ambientes. Esa especie de ambigüedad de este año, esa condición difusa de los tiempos. La indefinición como estilo de vida. Sea necesario decir el lugar común, mas no por ello menos relevante: el nombre del proyecto es Myrkur, que en castellano puede leerse como oscuridad. ¿Recuerdan a Burzum ("oscuridades") y el tránsito sonoro que hizo? Ahí les dejo esa relación, que no es baladí.

Chelsea Wolfe

Apenas si he escuchado lo más reciente de esta intérprete. Lo que deja ver sobre lo que será su siguiente álbum invita a lo mejor, pero es 2017. Además, su disco ‘Abyss’ (2015) no alcanzó a destacarse como sí lo hiciera con su ‘Pain is Beauty’ (2013). Lo que deja ver en el video de acá arriba es una muestra de su preocupación por la condición ambiental de sus canciones, una introspección tan sana como abrumadora. Pero es muy temprano para hablar de conclusiones. Es disfrutar lo que hay, lo que queda. Después se puede convertir en humo.

¿Cómo es posible que ahora nos conformemos con singles? ¿Adónde se fue el valor del disco completo?

Apenas es medio día y ya estoy hecho un lío acá escribiendo.

martes, junio 27, 2017

Déjame vivir

Vi que era un genio del sufrimiento y que, tal como lo describe Nietzsche en muchas ocasiones, había desarrollado en su fuero interno, con un talento muy positivo, una ilimitada y aterradora capacidad para el dolor. Vi, al mismo tiempo, que el origen de su pesimismo no estaba en el desprecio por el mundo sino de sí mismo; pues por muy implacables que fueran sus diatribas contra las instituciones y las personas, jamás era indulgente consigo mismo. Con quien más se ensañaba era consigo mismo, a quien más odiaba y despreciaba era a sí mismo
Hermann Hesse, ‘El lobo estepario’

Sea esta la primera vez, y ojalá última, que te hable así, acudiendo a ese ruidoso y penoso tú. ¿Por qué hacerlo a estas alturas? Para evitar los malos entendidos, para que no parezca que hay en mí algo de enojo, de malestar. No te equivoques.

Si lo miras bien, no es tan difícil comprender esas dos palabras juntas. En otros términos: de lo sencillo que puede llegar a ser, resulta fácil comprender que para otros sea tan complejo asimilar la expresión “déjame vivir”. Y ese dejar vivir significa poder vivir libremente, sin que te metas en mi vida como yo no me meto en la tuya. No es tan complejo, ¿cierto? Pero tampoco es tan sencillo, parece. Estas son algunas de las razones que, quiero precisar, no te dejarán espacio para comprender todo como una suerte de optimismo edulcorado; es más bien un listado circular y ruinoso que sirve como evidencia de las transformaciones obvias, aunque no siempre evidentes.

Este 2017 está haciendo mella. El 2017 está dejando una estela que, críticas variopintas aparte, permite evidenciar la generación de otro rompimiento fuerte y doloroso con algunos principios o imaginarios en apariencia inamovibles. Otros, claro está, lo tienen más fácil.

Círculo primero: los millennials

“... siento que este recipiente que soy yo no es más que algo lastimoso e insignificante. Se me antoja insuficiente, lleno de descosidos, indecente”, Haruki Murakami.

El disco ‘The Maldoror Chants: Hermaphrodite’ de la agrupación Schammasch no ha merecido hasta la fecha comentario alguno en Metal-Archives.com Las razones son desconocidas, pero sí me atrevería a exponerte por lo menos dos proposiciones con un argumento central: 1. Es un grupo de este siglo (2009); 2. La agrupación formada en Suiza no ha hecho parte de un género tradicional específico: al principio mezcló black y death; ahora se considera música de vanguardia mezclada con black. Es decir (entiende este como el argumento que reúne las proposiciones 1 y 2, por favor): Schammasch no tiene que afincarse a raíz alguna y puede considerar ese recipiente en el que se ubica su música como “algo lastimoso e insignificante”, puede encontrar ese escenario en el que se mueve “insuficiente, lleno de descosidos” y hasta “indecente”. No significa ello que no celebre el metal o lo aborrezca, sino que lo comprende a su manera y lo ejecuta como tal. Lo esencial: no se conforma con ser sanguijuela y opta por ser [hacerse] a su manera. Será por eso que una de las canciones que más me ha gustado de este álbum es “May His Illusion Last Until Dawn's Awakening”; es una letanía llena de delirio, un canto que se alza contra los límites, y sabemos de sobra, tú y yo, cómo le molesta eso a los defensores del orden:
He dreams he is happy; that his corporeal nature has changed; or at least that he has flown off upon a purple cloud of another sphere peopled by beings of the same kind as himself. Alas! May his illusion last till dawn’s awakening!
Conde de Lautréamont


Círculo segundo: los iracundos

“La existencia no tiene sentido porque tenga un fin”, Haruki Murakami.

¿Qué puede esperar un artista de su obra? Hagámoslo simple: que disfrutes de eso, sea un cuadro, un disco, una novela, un poema, un gesto. Al parecer, disfrutar no es tan fácil ahora como sí lo es opinar en un sitio web o en una red social. Sí. Eso. Ahora hasta el idiota del pueblo tiene su espacio para hablar con su legión… de idiotas (Umberto Eco).

Dejar vivir sería, en este caso, que te acerques a eso que hizo el artista y lo disfrutes. O no. Pero ir más allá es una tontería. ¿Por qué atacar al artista si no te gustó eso que hizo? Usaré otros términos para que me entiendas: eres tan libre de acercarte a esa obra como el artista de hacerla como se le antoje, porque él/ella/ellos configuran ese objeto a su manera. Punto.

Hacerlo así, sin embargo, parece lejos de toda lógica. Y es acá donde encuentro una clara y profunda contradicción con algunos principios básicos, una afrenta a la inteligencia en todo caso. En primer lugar, porque la existencia de una suerte de elitismo está directamente ligada con un principio como la misantropía (si quieres saber más, visita a tu amigo Wikipedia); ese mismo orden, si lo aplicas desde el satanismo, nos dice que hay un respeto que se basa no tanto en la raza o el credo sino en algo más sustancial: la inteligencia, de allí que el mayor ”pecado” sea la estupidez. Respetar la libertad personal, dejar vivir. ¿Qué tendrá esto de complejo? El gran sin embargo aparece refulgente cuando la gente te empieza a despreciar o temer y para ello busca neutralizarte con esas etiquetas que difícilmente admiten interpretaciones: falso, satánico, adorador del cualquier cosa, abogado de la violencia, satán, entre otros.

El asunto toma un matiz más oscuro y complejo cuando no se trata de un producto u obra como tal sino cuando se entra en la vida personal. Dejar vivir no solo en el plano del arte sino en la vida misma. ¿Quién te crees para entrar a juzgar al otro simplemente porque escuchas sus discos, compras sus camisas o te embriagas en sus conciertos? ¿Por qué entiendes el satanismo solo desde un plano musical si este tiene todo que ver con la forma en que asumes la vida? Te preciso: la música no es la vida misma; como lo dijo Murakami y que espero entiendas: “La existencia no tiene sentido porque tenga un fin”, que en este caso no hace referencia más que a lo siguiente: no todo encaja en tu pequeña forma de ordenar el mundo. Por favor, supera el círculo primero y no seas tan insulso como para quedarte en el segundo.


Círculo tercero: los gusanos

“Para mí, escribir una novela es enfrentarse a escarpadas montañas y escalar paredes de roca para, tras una larga y encarnizada lucha, alcanzar la cima. Superarse a uno mismo o perder: no hay más opciones”, Haruki Murakami.

Un disco que sí ha merecido una crítica [bastante negativa] en Metal-Archives.com es el ‘Era of Threnody’ (2017) de Nargaroth. Luego de leerla no puedo dejar de pensar en: ¿quién te crees para decir lo que dices? Pero al tiempo me digo: ¿por qué no? Acá vuelvo sobre un principio satanista: indulgencia en lugar de la abstinencia; y sobre otro: existencia vital en lugar de sueños espirituales.

Vamos a donde quiero llegar: si el opinador Demiror_Moritur considera que el disco de Nargaroth es una falsedad en la que Ash ni siquiera aportó calidad desde la vocalización porque los “músicos invitados” hicieron todo y tiraron al traste el “sello” de la agrupación, pues que lo piense. Que ello signifique que tiene razón es otra cosa. El disco, en poquísimas palabras, no le gusta al opinador porque no es un disco como los que él conoce de Nargaroth, de quien dice ser fan. Y con ello, supuestamente, indicar que sabe qué es lo mejor para el grupo, por encima de los mismos integrantes. Ajá.

‘Era of Threnody’ me evocó de principio a fin a Hermann Hesse, a Haruki Murakami, los principios satanistas y esa especie de mantra que es “déjame vivir”. Es un disco que se movió por un terreno escarpado, que seguramente no fue sencillo de superar: llega alrededor de 8 años después de su producción ‘Jahreszeiten’ (2009); es un álbum que lleva al grupo a superarse a sí mismo, en cuanto tiene aspectos que no son propios de su historia. Asimismo, y esto es ya una interpretación, hay una especie de sufrimiento sostenido, una “ilimitada y aterradora capacidad para el dolor” porque se trata de una constante introspección. Como lo señala Hesse en su novela, da la impresión de que Ash y su grupo “Con quien más se ensañaba era consigo mismo, a quien más odiaba y despreciaba era a sí mismo”.

El disco reivindica la libertad. Esta producción, más allá de sus voces limpias, sus guitarras acústicas, sus cambios en los tempos y la generación de atmósferas devastadoras y autoflagelantes, es creatividad, es capacidad pura de superarse, pero especialmente de conocerse. El disco dice de qué va desde la canción número 1, donde básicamente hace una declaración de principios:
I've always been amazed
That asteroids can fly in groups
For millions of years and never touch each other or connect.
They are dead rock
so they find their perfect orbit and stick to it.
We also wanna find that place of perfection
but we're not asteroids,
we change and that's the problem. The more you try to create a paradise
the more you will resent the prison
and all you're left is dreams of a future
that never happened


Espero que lo hayas entendido. Siguiendo con Murakami: “No existe en ninguna parte del mundo real nada tan bello como las fantasías que alberga quien ha perdido la cordura”, cordura que aparece cuando el mundo se disloca y resulta difícil asumir una nueva realidad.

***
Adenda: Naer Mataron tiene un disco nuevo llamado ‘Lucitherion "Temple of the Radiant Sun"’. Su sonido, más cercano ahora al death que al black metal, no trae algo necesariamente novedoso pero es un disco que llama la atención porque no se quedó dentro la estructura que le conocemos a NM. Si bien parece rozar con aspectos vistos en bandas como Nile, Deicide y Vital Remains, el grupo se atreve a cruzar de una frontera a otra, ambas bastante claras y definidas.